La crisis a los 25 años sí existe

Esta etapa se caracteriza por frustración, miedo e inseguridad

19/12/2016 4:02
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Seguramente todos hemos escuchado la famosa crisis a los 40 o 50 años, cuando se acepta que ya no se es joven y se está entrando en la edad de la vejez; sin embargo, esta edad no es la única que nos provoca estrés.

Una de las edades que más crisis causan, pero que muchos no lo creen es a los 25 años, porque si bien es una etapa llena de juventud, planes y muchas metas por cumplir, también es el paso hacia obligaciones, donde el futuro se ve diferente, algunas amistades quedan  atrás y donde comienzan a preocupar cosas que antes eran irrelevantes o inexistentes.

Esta etapa es conocida como la crisis del cuarto de vida y se caracteriza por sentir que las cosas no te van bien, llenarte de frustración, inseguridad y angustia, sentirte desilusionado, nostálgico por la vida que tenías en la secundaria o preparatoria, sintiendo que a los demás les va mejor que tú y te entra el miedo al fracaso laboral y sentimental, además de que no entiendes porque te pasa todo si te iba muy bien antes.

La psicóloga estadounidense Abby Wilner y la periodista Alexandra Robbins, fueron quien acuñaron el término por primera vez en 2001 en su libro Crisis del cuarto de vida: Los desafíos únicos de la vida durante los veinte.

“Cuando llegas a los 40 y 50, el pánico es causado por demasiada estabilidad, demasiada previsibilidad, demasiada seguridad. Sin embargo, en la crisis del cuarto de vida ocurre lo contrario: no hay estabilidad, no hay previsibilidad, no hay certezas. El resultado: entras en un ciclo donde dudas mucho de ti mismo”, señalan.

A 10 años de definir el término, especialistas han investigado sobre ello, como es el caso de Oliver Robinson, doctor en Psicología de la Universidad de Greenwich, en Londres, quien señala que el 86% de 1,100 jóvenes menores de 30 años, se sintió presionado por tener éxito en las relaciones, el trabajo y la situación económica.

Su investigación, dijo, era la primera en ahondar desde un ángulo sólido y empírico la crisis, y no desde una especulación.

¿Qué la provoca?

Las cusas son diversas, pero la principal es la comparación de las expectativas que se tenían de la vida con la que realmente se tiene. Si la diferencia es muy grande, las probabilidades de entrar en crisis se incrementan.

“Hay determinadas edades en las que uno hace una recapitulación vital. Compara cómo le hubiera gustado que fuera su vida y cómo realmente ha sido. Enfrenta expectativas con realidad. Pasa a los 40 y 50, pero también hay una recapitulación especial a los 25”, señala María José Díaz Aguado, catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid.

Asimismo intervienen factores laborales, económicos y la situación personal.

“La realidad es que nuestra década de los 20 ya no es como era la de nuestros padres. Ahora mismo, tener veintitantos es algo que asusta: tener que luchar contra millones de otros graduados para encontrar tu primer trabajo, tratar de conseguir el dinero para pagar el préstamo de la universidad o intentar ahorrar para independizarte y tener tu primera casa mientras intentas encontrar tiempo para avanzar con tus relaciones personales”, menciona Damian Barr en su libro Recomponte: una guía para sobrevivir a tu crisis del cuarto de vida.

La psicóloga y profesora canadiense Linda Papadopoulos, subraya que otro factor es la presión que se tiene por ser joven, despreocupado y estar pasándola bien.

“Pero todo el tiempo estás pensando: ‘No estás haciendo lo que creías que ibas a estar haciendo en este punto’. Estás constantemente focalizado en lo que todavía no has logrado en vez de disfrutar realmente de ser joven”, apunta.

¿Cuánto dura la crisis?

La profesora de Psicología de la Universitat de València, Inmaculada Montoya, indica que lo más común es que se presente desde que los jóvenes salen de la universidad y se enfrentan a la inestabilidad y presión social de encontrar un empleo.

De igual manera se puede presentar entre los 21 y 29 años, según se haya alargado la formación.

“El ingreso al mundo laboral se ha convertido en algo traumático. Cuando se termina la universidad después de cuatro años, la mayoría de los jóvenes no se sienten preparados y tampoco hay trabajo para todos. En prácticamente ningún caso se les ofrece un contrato estable, esto lleva a que la mayoría estén asustados ante el futuro”, dice Alejandro Navas, profesor de Sociología de la Universidad de Navarra.

Los especialistas coinciden en que este periodo dura aproximadamente dos años, aunque eso depende de la persona.

Este tipo de crisis, señalan, está asociada a la madurez y para resolverlo hay dos maneras: angustiarse o reaccionar.

“Aquellos que tienen un nivel más bajo de madurez emocional tienen más posibilidades de hundirse”, dice Gerardo Castillo de la Universidad de Navarra.

Al final no es tan mala

Aunque no es una de las mejores etapas, la crisis del cuarto de vida también puede resultar benéfica, pues quienes la viven la consideran como una experiencia catalizadora que les ayudó a luchar por lo que querían. También puede reducir el riesgo de sufrir la crisis de la mediana edad.

“Estas crisis evolutivas no son negativas, sino momentos en los que nos planteamos qué tenemos y qué queremos tener. Son momentos de replanteamiento. De pararse y pensar hacia dónde nos queremos dirigir. Son una oportunidad de recuperar el aliento y coger fuerza. Después de haber vivido esta situación de desamparo e inestabilidad, salimos siendo personas diferentes”, concluye Montoya.

(Con información de Verne.elpais)


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