No te comas tu estrés

Comer en familia y hacerlo como una respuesta a una petición corporal y no para lidiar con la ansiedad, aconseja la coordinadora de la Clínica de Nutrición de la Universidad Iberoamericana

11/11/2016 8:24
AA
no_te_comas_tu_estrés

Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reportan que desde 1980, la obesidad se ha más que duplicado en todo el mundo. Las últimas cifras reportadas en enero de 2015, que corresponden al año 2014, arrojan que el 39% de los adultos tenían sobrepeso y el 13% obesidad.

El escenario nacional es aún más sombrío: la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2012 reportó una prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad en México de 73.5% para las mujeres y 74.3% para los hombres.

En el caso específico de la obesidad, esta afecta a 32.4% de los mexicanos, siendo la prevalencia más elevada en mujeres con 37.7%, que en hombres con 29.5%. Mientras que la prevalencia de sobrepeso fue mayor en hombres con 44.8% que en mujeres con un 35.7%.

Como es ampliamente conocido, la obesidad tiene diversas comorbilidades como la diabetes mellitus tipo 2, la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cánceres y muchas alteraciones funcionales como la osteoartrosis, la apnea del sueño, etcétera; así como implicaciones psicosociales profundas: aislamiento, depresión, discriminación, estigma, entre otros.

¿Por qué ha aumentado la obesidad?

Cuando nos preguntamos ¿por qué ha ocurrido este incremento tan acelerado en las cifras de obesidad en los últimos años?, no hay una sola respuesta, es un problema complejo.

Un primer intento de abordarlo está en comprender el modelo biológico propio del ser humano, diseñado para sobrevivir.

Así, haciendo modificaciones genéticas a lo largo de miles de años, el llamado genotipo ahorrador, el cual brindaba una máxima eficiencia metabólica en los tiempos de hambrunas, permitía a las tribus nómadas sobrevivir ante la escasez de alimentos y realizar grandes caminatas.

Estas condiciones metabólicas de “ahorro de energía” juegan un papel deletéreo en las sociedades de la abundancia y del sedentarismo.

El organismo, al tener un exceso de energía ingerida, sintetiza tejido adiposo de reserva, particularmente en el abdomen, donde las células que almacenan grasa o “adipocitos viscerales” son particularmente activos y además de almacenar y proporcionar energía rápida, sintetizan una serie de sustancias con efectos a distancia que promueven la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Un segundo factor que ha intervenido de manera decisiva es la enorme oferta de alimentos y bebidas de elevada concentración energética disponibles y a precios no muy elevados, desalentando las prácticas culinarias tradicionales donde se incorporaban mayor cantidad de verduras y frutas a las comidas. Esto ha sido también facilitado por el poco tiempo que tienen las familias para preparar alimentos.

Paralelamente, el nivel de actividad física de la mayoría de las personas, incluyendo tristemente a los niños, ha disminuido; ahora hablamos de “tiempo-pantalla”, y los múltiples medios de transporte que hacen que el organismo utilice menor cantidad de energía en actividad muscular.

La obesidad resta años a la vida y vida a los años. Las estrategias nacionales de prevención están haciendo esfuerzos cuyos frutos no han sido los suficientes; por lo pronto, desde nuestra trinchera los invito a reflexionar en estos factores que han puesto el terreno fértil a la obesidad.

Propuesta ante la obesidad

Propongo tres estrategias que pudieran ayudar de manera individual y familiar:

  1. Entender la dinámica de cómo el mercado construye y combate la obesidad (hay enorme oferta de comida rápida y bebidas azucaradas, botanas, etcétera; y por otra parte dietas, aparatos para adelgazar, productos “mágicos”, suplementos, clubes, spas).  Aquí, ¿quién gana? ¡Seguro el que pierde la salud es el individuo!
  2. Nuestro cuerpo está diseñado para moverse mucho y comer de manera moderada.  Así que por lo menos 30 minutos de ejercicio diario, o un poco más, es lo ideal. Comer al menos una o dos verduras o frutas en cada comida.  Evitar azúcar, bebidas azucaradas, inclusive jugos naturales. Consumir productos lácteos descremados. No es necesario incluir productos cárnicos como platillo principal, podemos consumir leguminosas junto con cereales.
  3. Comer en familia, disfrutar los alimentos.  Analizar si se come en respuesta a hambre o a tensiones internas, y respetar la saciedad (dejar de comer cuando nos empecemos a sentir “llenos”); con la finalidad de no terminar siendo comedores emocionales que nos comemos estrés, ansiedad, depresión, etcétera.

La vida contemporánea es muy generadora de estrés y ansiedad y el comer siempre es placentero, así que es una fácil respuesta.

Pero podemos identificar las señales ante las cuales se come y tratar de lidiar con la ansiedad y el estrés con otro tipo de conductas como el deporte, hobbies, comunicación asertiva, meditación, entre otras actividades.

Termino con una definición de obesidad: “… es una enfermedad heterogénea y compleja de múltiples causas, caracterizada por exceso de grasa corporal que afecta la salud socioeconómica, física y

mental”.

 

Dra. Alicia Parra Carriedo es Nutrióloga Clínica

Coordinadora de la Clínica de Nutrición de la Universidad Iberoamericana


Tags

Agregue su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada

Iniciar Sesión

Si todavía no tienes cuenta con nosotros:

Recupera tu cuenta

Sexo

Elige los temas que te interesan: