¿Por qué se extingue la vida en pareja?

Después de los 30 años, muchas personas que ya experimentaron un primer matrimonio, deciden llevar vida en común, pero en casas separadas.

07/02/2012 8:07
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Algunos les llaman “amores de tualla” porque los dos miembros de la pareja se dicen entre sí: “tú allá” y “tú allá”, cada quien en su casa. Son las parejas estables, que tienen mucho tiempo como compañeros sentimentales, pero que viven bajo techos diferentes. La mayoría tienen más de 30 años y muchos de ellos ya tuvieron un primer matrimonio.

Este fenómeno social ha sido percibido también por los terapeutas familiares, pero principalmente ha llamado la atención entre personas de más de 30 ó 40 años y entre aquellos que ya experimentaron un primer matrimonio y una posterior separación, como explicó a SUMEDICO la doctora Lilian Nurko (*).

“Sí hemos visto un cambio, pero este modelo no se presenta con parejas jóvenes sino con parejas de edades mayores en las que su independencia es un valor muy importante. Muchas veces se trata de personas que ya vienen de relaciones previas y que han decidido iniciar una segunda relación sin el factor de vivir juntos. Este es un modelo opuesto al de los hombres y mujeres muy jóvenes que, según vemos actualmente, están buscando vivir juntos aunque no estén casados”, explica la especialista del ILEF.

La experiencia de una relación previa parece llevar a muchos adultos a la conclusión de que compartir el mismo techo con la persona que aman está acompañado de cierto grado de incomodidad individual.

“El modelo de vivir en casas separadas parece darle a algunos adultos un escenario más satisfactorio porque cada uno tiene su espacio bien construido, además de su independencia, su libertad y al mismo tiempo conviven con su pareja y están juntos emocionalmente. Como dije, para muchos adultos este es un modo práctico en el que no tienen que compartir con su pareja partes de su vida que no quieren, pues cada quien tiene su lugar”, añade.

A lo largo de la historia, diferentes parejas famosas han adoptado este modelo. Un rasgo común que se puede percibir en estas parejas es que cada uno de sus integrantes tenía personalidad muy dominante: así se puede hablar de parejas como la de los filósofos franceses Simonne de Beauvoir y Jean Paul Sartre; los pintores mexicanos Frida Kahlo y Diego Rivera; o la ex primera dama estadunidense Jacqueline Kennedy y el multimillonario griego Aristóteles Onassis.

Libertad contra seguridad

Aunque no es dominante el modelo de pareja en el que cada uno de los miembros vive en su casa, sí se ha multiplicado en los últimos años y esto parece estar relacionado con los cambios de roles en cada género y con la dificultad de compaginar dos valores que pueden parecer opuestos: seguridad y libertad.

“El tema de la pareja ha evolucionado mucho. Si antes nos educaban para que una pareja durara toda la vida y que la mujer dependiera de lo que le diera el hombre, la llegada de la mujer al trabajo cambió ese modo de pensar”, continúa explicando la terapeuta Lilian Nurko.

“En cuanto la mujer tiene sus propios ingresos hay algunas de ellas que piensan que no quieren perder esa libertad. Por eso piden una relación diferente, con un contrato diferente y muchas veces son ellas las que no quieren perder esa libertad o malentienden que únicamente solas tendrán libertad. En el otro extremo están las que piensan que la seguridad únicamente la van a tener en pareja y se comportan como con un guión y buscan quién las mantenga”.

Desde el punto de vista de la doctora Nurko, el nivel de libertad y de seguridad que tiene cada pareja está relacionado con dos factores: de dónde viene o cómo llega cada integrante de la pareja, y qué nivel de compromiso está manifestando.

Cada quien su casa y sus hijos

La casa es un lugar lleno de simbolismos y significados. Si en la pareja tradicional la casa significa el depósito común de nuestro compromiso y nuestro futuro, en las parejas que viven separadas la casa ya no simboliza a la pareja.

“Hay muchos tipos de personas: para algunas el espacio físico, es decir la casa, representa la pista donde tiene que aterrizar la expectativa de familia; pero en otros modelos más individualistas, los integrantes de la pareja no se miran en el espacio físico y parece que les basta el compromiso. Yo veo que son los que tienen más de 30 años o 40 años los que ya no ven a la casa común como un elemento tan importante”, dice Nurko.

En muchos casos, los hijos juegan como un elemento fundamental para vivir en la misma casa que la pareja o en casas separadas.

“Hay parejas que se mantienen juntas sólo porque comparten el techo en el que están criando a los hijos comunes, aunque no tendría que ser sólo por eso porque la pareja debe mantenerse por el compromiso y el proyecto. Y está el otro modelo en el que cada miembro viene de haber tenido otras familias y ya tiene sus hijos, es muy cómodo tener cada quien su casa. Así cada quien está con sus hijos, sin revolver ni crear otros problemas. Es un modo más fácil de aceptar que se tiene una nueva relación y los hijos no tienen que compartir casa con la nueva pareja, aunque eventualmente lo hagan, pero de una manera más práctica”, concluyó.

(*) Lilian Nurko. Terapeuta familiar
Integrante del Instituto Latinoamericano de Estudios de Familia (ILEF)
Lleva 30 años impartiendo Maestría y Diplomados en Terapia Familiar
lilian.nurko@gmail.com
www.ilef.com.mx 5659 0504.Integrante del Instituto Latinoamericano de Estudios de Familia (ILEF) 


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