¿Puede prevenirse la muerte súbita en niños?

La muerte súbita es relativamente frecuente, puede sucederle a cualquier niño sano dentro de los primeros meses de la vida.

10/02/2010 12:08
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La muerte súbita de los niños, conocida como síndrome de la muerte súbita del lactante, porque sólo mata a los niños en estos primeros meses de vida, nada tiene que ver con la muerte súbita del adulto ni del deportista. Estos fallecen súbitamente porque padecen, sin saberlo, una anomalía en el corazón que les produce arritmias cardiacas, motivo por el que el corazón deja de bombear sangre a los tejidos.

Los niños pequeños mueren estando previamente sanos, con el corazón y el resto de órganos también sanos. La muerte súbita de adultos y niños tiene en común sólo el nombre que define que en ambos casos el fallecimiento sucede súbitamente, sin preámbulos. Los niños fallecen mientras duermen, los adultos realizando cualquier actividad, deportiva o no.

La muerte súbita es relativamente frecuente, puede sucederle a cualquier niño sano dentro de los primeros meses de la vida, especialmente entre el segundo y quinto o sexto mes (edad que tienen ocho de cada 10 de las víctimas), sólo en el 15% sucede en el segundo semestre de la vida.

Después del primer mes de vida, esta enfermedad es la que más niños menores de medio año mata en los países desarrollados. Cuando uno de estos niños, hasta entonces sanos, es encontrado, al ir a despertarlo, sin vida, la familia sufre un auténtico mazazo; una pesadilla que les genera con sentimientos de culpa por no haber podido adelantarse a este fatal acontecimiento. Además, la rapidez del suceso dificulta y retrasa el duelo, sentimiento necesario para aceptar adecuadamente la muerte de un ser tan querido. Por ello estos padres necesitan apoyo afectivo, soporte psicológico y mucha comprensión. Su dolor es tan grande que tardan mucho en recuperarse, en ser lo que eran antes del suceso.

Aunque se desconoce la causa de la muerte súbita del lactante, puede prevenirse con bastante probabilidad de éxito. Esta enfermedad que se conoce desde los tiempos bíblicos, desde mucho antes que los niños recibiesen vacunas, ha sido investigada con intensidad en las últimas décadas, desconociéndose la o las causas exactas que la producen. Este motivo ha permitido especular con más de cien hipótesis posibles, ninguna de ellas confirmada.

La última se relaciona con un trastorno en la secreción de serotonina en el tronco cerebral, lugar donde está situado el centro que organiza, automatiza y permite la respiración (Paterson D y cols. JAMA 2006; 1296:2143-4 y JAMA 2010; 303-5). Conocemos sin embargo que en los países occidentales el número de casos anuales se ha mantenido constante, a pesar de que el número total de niños fallecidos en el primer año de vida ha ido progresivamente descendiendo conforme mejoraban las medidas nutritivas, higiénicas y sanitarias. Éstas han sido decisivas para aumentar la supervivencia, pero no para bajar la mortalidad por muerte súbita.

¿Qué niños tienen riesgo?

  • Sólo los niños pequeños, sobre todo los que tienen entre dos y seis meses. Los mayores de 12 meses de edad están protegidos.
  • Los prematuros o con peso bajo para su edad gestacional.
  • Los hermanos gemelos, especialmente en las siguientes horas del episodio. También los hermanos nacidos en los siguientes embarazos.
  • Los hijos de madres adictas a cualquier droga, incluido el tabaco.
  • No tienen más riesgos los niños vomitadores, tampoco los que regurgitan ni los tosedores. La vacunación, la fiebre que ésta puede producir, la fiebre por cualquier otra causa incluido los catarros, no predisponen a la muerte súbita

¿Puede prevenirse la muerte súbita?

Aunque no se sabe la causa, se conoce con seguridad que las siguientes actuaciones disminuyen mucho la posibilidad de sufrir este accidente:

1.Dormir boca arriba. En Nueva Zelanda y otros países en los que existía la costumbre de poner a los niños boca abajo, con el objeto de disminuir el riesgo de asfixia por vómito, una campaña de divulgación consiguió que el cambio de postura, haciendo que los pequeños durmieran boca arriba; desde entonces el número de casos de muerte súbita descendió drásticamente.

La Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Americana de Pediatría y la mayoría de las sociedades pediátricas del mundo se han unido a la campaña “Ponle a dormir boca arriba”. Los niños sanos están protegidos contra el vómito, a través de la tos, tragar el vómito, despertarse o llorar evitando así que el contenido del vómito pase al pulmón. En el peor de los casos estos niños pueden sufrir una neumonía por aspiración pero no la muerte.
 

2.Evitar el humo del tabaco. Los niños cuyas madres fuman durante el embarazo y en el primer año de vida tienen varias veces más riesgo de padecer esta terrible enfermedad. Tampoco pueden fumar los padres delante del feto ni de su hijo nacido, predispone también, por tanto, nada de humo.

3.Evitar el sobrecalentamiento del bebé, esto se suele producir por introducir al niño en la cama de los padres, para dormir. Esta acción es adecuada para jugar, arrullar o acariciar al bebé, pero no para dormir. El sobrecalentamiento se produce también por tapar con ropa de cama excesivamente al bebé, estos deben dormir siempre con la cabeza descubierta.

4.Aunque no se sabe son seguridad, el uso del chupete protege contra la muerte súbita (Jenik AG y colb. J Pediatrics 2009; 1155:350-4. Hanzet M et al. Neonatology 2010; 97:61-6). La lactancia materna también parece proteger contra la muerte súbita, con seguridad previene otras muchas enfermedades, no sólo de la infancia, también en la edad adulta; además es el mejor sedante natural conocido, es barato, ecológico, por todo ello es altamente recomendable.

*Colaboración para elmundo.es de Juan Casado, jefe de Servicio del Hospital Infantil del Niño Jesús y profesor de pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid.


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