“Supliqué que me ayudaran a morir”: superviviente de Ébola

Teresa Romero, auxiliar de enfermería, recuerda cómo fue su proceso contra el ébola

04/01/2017 10:43
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Former ebola patient Spanish nurse Teresa Romero (L) is kissed by her husband Javier Limon before a press conference at Carlos III Hospital in Madrid on November 5, 2014 following her recovery from the deadly virus.  "Teresa Romero, patient and professional at our hospital will be able to go out today, which is great news after a very difficult month for all of us," said Carlos III hospital director Rafael Perez Santamaria, before thanking the 100 professionals who have worked towards the nurse's recovery.   AFP PHOTO / PIERRE-PHILLIPPE MARCOU

Durante 2013 y 2016, el mundo se enfrentó a uno de los brotes más peligrosos: el Ébola, el cual causó más de 11,300 muertes, principalmente en Liberia, Sierra Leona y Guinea.

A pesar de la alta tasa de mortalidad, muchas personas lograron salvarse, como es el caso de Teresa Romero, una auxiliar de enfermería de 44 años que recuerda cómo fue ese difícil momento.

“Sentía que la muerte me acechaba, un ente apoyado en mi hombro me esperaba tranquilo. Algo que no se puede explicar con palabras. Todavía hoy en día no sé cómo pude salir de ahí”, narra en un artículo publicado en el último número de la revista ‘Enfermería Clínica’.

Durante los 30 días que estuvo internada en el hospital, de los cuales 25 fueron de aislamiento crítico, Teresa llegó a tener tanto temor que incluso pidió a sus compañeros que le ayudaran a morir.

“Mis pulmones estaban empezando a fallar, sentía que me ahogaba y me costaba respirar, era una situación de agonía […] Entraron dos compañeros para aumentar el caudal de oxígeno. Les miré y les supliqué que me ayudaran a morir“, recuerda.

Teresa fue ingresada el 7 de octubre de 2014 a las 02:00 horas. Al día siguiente, su enfermedad ya había avanzado al grado de sentir que su vida se esfumaba. Ahí es cuando pidió morir.

“Me faltó una línea, la cruzaba y fin…”, dice.

El aislamiento

La mayor parte del tiempo, Teresa estuvo inconsciente pero en los pequeños ratos de lucidez que experimentaba, intentaba centrarse en la habitación y olvidarse del miedo y angustia que en ocasiones se convertían en pánico.

“De repente y como en un abrir y cerrar de ojos, me veo en una habitación oscura, sin información alguna de lo que estaba sucediendo, sentada en una cama que no era la mía, atormentándome y preguntándome continuamente qué es lo que me había llevado hasta allí. Era inevitable pensar en los dos pacientes con Ébola repatriados de África que había atendido y su triste final. Me veo en el mismo destino, el pánico se apodera de mí, no quiero dormir, sentía que si lo hacía ya no volvería a despertar”, narra.

Para soportar el dolor, Teresa tenía conectada una bomba de perfusión en el brazo que le proporcionaba morfina, y en el otro, le administraban suero.

Otro de los tratamientos utilizados fue el antiviral favipiravir.

“Me gustaba mucho tomarlo porque tenía buen sabor y como iba disuelto en agua y pasaba mucha sed, ansiaba el momento de tomarlo”, menciona.

Uno de los días en que Teresa ya estaba más consciente, se dio cuenta que para sacar al Ébola de su cuerpo, lo mejor era “infundir esperanza; dar cariño y positividad; poder comunicarme; no sentir dolor; no sentir emociones negativas; poder respirar, poder dormir; disponer de tratamiento antiviral y suero de convaleciente, pero esto puesto en duda si es realmente efectivo en la enfermedad”.

Otra de las cosas que le dieron fuerza para no dejarse vencer, fue el apoyo de sus compañeros del hospital.

“Teresa, venga para adelante, que este fin de año tenemos que cenar juntos”, dijo uno de sus compañeros en los primeros días en el hospital.

La curación

Un día, Teresa despertó sintiéndose mejor y dejando atrás la etapa de desesperanza que en un comienzo la invadió.

Tras realizarle dos pruebas de PCR, los médicos le notificaron que el virus ya no estaba en su organismo, algo que la alegró pero que también le causó contradicciones emocionales.

“Puedo recordar como si de ayer mismo se tratara, cómo dos compañeros médicos vestidos con el EPI [traje de protección] me comunicaban el resultado negativo de las PCR, y yo, lejos de alegrarme por tan esperada noticia, rompo a llorar por el recuerdo de mi perro, ejecutado por las autoridades sanitarias el 8 de octubre de 2014”, revela.

El 1 de noviembre del mismo año, salió de la habitación de aislamiento y el día 5, fue dada de alta aunque con una apariencia diferente, “muy delgada y demacrada, con claros signos de haber padecido una grave enfermedad”.

A un año de haber contraído la enfermedad, (el testimonio fue recogido en diciembre de 2015), Teresa sigue agradeciendo profundamente a todos los involucrados en sus cuidados, sobre todo a sus compañeros con quienes ha desarrollado un vínculo muy especial.

“He sobrevivido para contarlo y sobre todo para poder compartirlo. Soy un alma inquieta, no me guían mis ojos, solamente el afán por descubrir”, concluye.

(Con información de El Mundo)


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