Afecta estrés desarrollo natural de embarazo

Comprueba investigación que mujeres con niveles altos de adrenalina tienen menos posibilidades de quedar encintas o tener parto natural.

16/08/2010 10:04
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Mucho se ha hablado sobre cómo en la actualidad las mujeres retrasan la maternidad, ante su desarrollo profesional y personal. Recientemente el Consejo Nacional de Población (Conapo) reveló que en México, alrededor de dos terceras partes de las mujeres mexicanas entre 15 y 54 años de edad, han tenido al menos un hijo.

Sin embargo, en el país la fecundidad comienza a mostrar lo que se conoce como un patrón “dilatado” en el que, aunque de manera aún incipiente, las mujeres comienzan a postergar la maternidad hacia edades más avanzadas.

Conapo apunta que de las madres que trabajan, 65.1% son trabajadoras asalariadas, una de cada tres es trabajadora por cuenta propia, 3.9% son trabajadoras sin pago y sólo 1.4% fueron empleadoras o patronas.

Y es que traer un hijo al mundo no es tarea fácil en los tiempos que corren. Así, varias investigaciones señalan esta semana cómo el ritmo y los estilos de vida occidentales hacen que, tanto conseguir un embarazo como llevar a buen término un alumbramiento natural, sea mucho más difícil ahora que hace unos años.

Un importante culpable de esta situación es el estrés, según los datos de uno de los trabajos, publicado en la revista Fertility and Sterility.

Después de realizar un seguimiento durante seis meses a 274 mujeres que estaban tratando de quedarse embarazadas, los autores de esta investigación comprobaron que aquéllas que tenían niveles más altos de un marcador de los niveles de adrenalina tenían un 12% menos de posibilidades de quedar encintas.

Aunque los investigadores no encontraron ninguna relación entre los niveles de otro marcador del estrés, el cortisol, aseguran que la ansiedad y la tensión pueden reducir significativamente las probabilidades de concepción, por lo que recomiendan a las parejas practicar técnicas de relajación.

Pero el estrés no es el único enemigo de los futuros padres. También los kilos de más parecen influir de forma importante en las posibilidades de llevar a término un parto natural.

Según un trabajo publicado en la revista Journal of Obstetrics and Gynecology, las madres con obesidad tienen un riesgo más elevado de parir a través de cesárea.

Según sus datos, por cada aumento de un punto en el índice de masa corporal (IMC) –un marcador empleado para medir el grado de sobrepeso- las posibilidades de cesárea también se incrementaban.

Este riesgo variaba también en función de las características previas de la madre. Así, un aumento de un punto en el IMC subía un 5% el riesgo de esta intervención quirúrgica en madres primerizas. Este porcentaje bajaba al 2% si se trataba de mujeres que ya se habían sometido a una cesárea, y volvía a subir al 5% en quienes ya habían sido madres pero siempre habían tenido partos naturales.

Sin duda, las que tenían más riesgo de someterse a una cesárea eran quienes tenían un IMC superior a 40, lo que se considera obesidad mórbida. En estos casos, las posibilidades de no dar a luz por vía vaginal eran del 50%.
 


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