Autismo detectado a los dos meses de edad

Gracias a un monitoreo de su movimiento ocular científicos pueden saber si el bebé tiene posibilidad de desarrollar autismo.

07/11/2013 10:57
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Científicos del Marcus Autism Center del Hospital Infantil de Atlanta y de la Emory University School of Medicine identificar en Estados Unidos encontraron que el autismo en niños puede ser identificado antes de los seis meses de edad gracias a una nueva tecnología en donde se mide el movimiento ocular para detectar el cómo ven y responden los niños a las señales sociales.

En el análisis se evaluaron a 59 bebés desde su nacimiento de los cuales  aquellos que fueron diagnosticados con autismo mostraron una disminución de la atención desde los dos meses de edad en los ojos mayor que el resto. El estudio, fue publicado en Nature. Se continuó con dos grupos de recién nacidos: uno con mayor riesgo de trastornos del espectro autista, que como antecedente tenían  a un hermano mayor con esta enfermedad, lo que lo multiplicaba el riesgo  hasta un 20 por ciento. El otro grupo era de un riesgo menor, con familiares de primer, segundo y tercer grado diagnosticados de autismo.

Este hallazgo ha sido relevante porque con esta información se ha controlado a los niños desde su nacimiento y durante los primeros seis meses. “Gracias a ello, se reconocieron rasgos del autismo mucho antes de que los síntomas puedan observarse”, comentó Warren Jones, autor principal del estudio. A los tres años de edad, un equipo médico confirmó los diagnósticos con los cuales los investigadores analizaron las diferencias que existían entre los diagnosticados y los que no.

Capacidad de observación que manifiesta un autismo a futuro

“Se observó una disminución constante en la atención de sus ojos hacia otras personas ya desde el segundo mes y hasta el año de vida en aquellos niños que posteriormente fueron diagnosticados de autismo”, detalló el investigador Ami Klin, director del Centro de Autismo Marcus.

En los primeros seis meses de vida se puede detectar quien puede tener autismo y con ello actuar a tiempo  para su tratamiento. “Los resultados ponen de manifiesto que existen diferencias medibles e identificables presentes ya antes de los seis meses de edad. Lo que se observa es una disminución en la capacidad de observación de los ojos con el tiempo, en lugar de una ausencia absoluta desde el principio.

Ambos factores tienen el potencial de cambiar dramáticamente las posibilidades de estrategias futura para una intervención temprana”, comentó.
Ahora bien, advierten, lo que ha visto en este trabajo no es posible verlo a superficialmente, se requiere de tecnología especializada y mediciones repetidas del desarrollo del niño a lo largo del mes. Por ello, los padres no podrían determinar si su hijo tiene esta alteración.

Los ojos, forma de explorar el mundo

La exploración del mundo en los niños tiene un proceso natural y necesario para su desarrollo. En este juego de observarlo todo establecen las bases para el crecimiento del cerebro. Esto ocurre antes de gatear o caminar, ellos asimilan el mundo a través de su mirada, observan las caras, cuerpos y objetos además de ojos de otras personas.

Este trabajo es clave porque revela nuevos y desconocidos datos sobre el desarrollo temprano de esta discapacidad social. Porque aunque los resultados muestran que la atención a los ojos de los demás ya está disminuyendo desde el segundo o sexto mes en los lactantes diagnosticados posteriormente con autismo, lo cierto es que la atención a los ojos de los demás no parece estar totalmente ausente.

Los investigadores especulan que si se logra identificar a los bebés a esta edad temprana se podrían plantear intervenciones que podrían reforzar los niveles de contacto visual que todavía permanecen presentes en los bebés. No hay que olvidar, afirman, que el contacto visual juega un papel clave en la interacción social y en el desarrollo, y en que en el estudio, aquellos bebés cuyos niveles de contacto visual disminuían con mayor rapidez también eran los que estaban presentaban un autismo más grave. Esta diferencia en el desarrollo temprano también ofrece a los investigadores una idea clave para futuros estudios.

“La genética del autismo es muy compleja. Cientos de genes pueden estar involucrados y cada uno juega un modesto papel en una pequeña fracción de casos, contribuyendo así al riesgo de diferentes maneras en distintas personas”, definió Jones para quien estos datos revelan una forma en la que la diversidad genética puede convertirse en incapacidad en fases muy tempranas de la vida. “Nuestro siguiente paso será ampliar estos estudios con más niños y combinar nuestras medidas de seguimiento ocular con las medidas de la expresión génica y del cerebro crecimiento”.

(Con información de: ABC España)
 


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