¿Cómo reconocer un accidente cerebral?

Cuando ocurre un accidente cerebral vascular, las primeras tres horas, influyen en la supervivencia, señalan especialistas.

29/10/2012 9:48
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Los Accidentes Cerebro Vasculares (ACV) ya son la segunda causa de muerte en todo el mundo, generando más de 6 millones de decesos cada año. Sin embargo, muchos pacientes pueden salvar su vida si llegan a un hospital y son atendidos urgentemente antes de que se cumplan tres horas del inicio de este problema en el que la sangre deja de llegar a amplias zonas del cerebro. Así lo señalaron médicos expertos en cerebro, arterias y corazón, en el marco del Día Mundial de la Enfermedad Vascular Cerebral, que se conmemora este 29 de octubre.
 
El doctor Jesús Antonio González Hermosillo, subdirector Médico del Instituto Nacional de Cardiología y el doctor Antonio Arauz Góngora, neurólogo vascular del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, coincidieron en afirmar que si un ACV es detectado y atendido en las primeras tres horas después de que inicia puede ser tratado correctamente ya que se tienen muchas herramientas de atención secundaria.
 
Aunque todos los Accidentes Cerebro Vasculares tienen en común que las neuronas comienzan a morir rápidamente debido a que no les llega sangre con oxígeno y nutrientes, este tipo de eventos se dividen en tres grandes grupos: el 80% de los casos  son embolias, es decir arterias que se cierran e impiden que la sangre llegue a alguna región del cerebro; el 15 % de los casos son hemorragias intracerebrales, es decir rupturas de arterias que evitan que la sangre oxigenada llegue a las zonas adecuadas y provoca un derrame interno; mientras que el restante 5% puede ser provocado por otras causas, como los traumatismos o golpes.
 
“En todo el mundo se contabilizan alrededor de 15 millones de casos anuales de Accidentes Cerebro Vasculares, pero de ellos 6 millones no sobrevive”, indicó en conferencia el doctor Arauz Góngora. “Decimos que las primeras tres horas son críticas porque, aunque no hay todavía un cálculo exacto, algunos modelos de simulación matemática nos señalan que cuando el oxígeno deja de llegar al cerebro, cada segundo mueren 32 mil neuronas; en una hora mueren 120 millones y después de tres horas ya existe un daño prácticamente irreversible”.
Una de las causas más comunes de que se presente un ACV es que en el corazón se haya generado un coágulo o trombo.
 
Cómo detectar un ACV
Las manifestaciones que puede provocar un ACV pueden cambiar mucho de una persona a otra. Estas manifestaciones pueden cambiar mucho de una persona a otra debido a que el cerebro organiza sus funciones (lenguaje, movimientos, vista, memoria, etc.) en forma de lóbulos o regiones independientes. Sin embargo, hay cuatro signos que se recomienda observar para no perder tiempo en caso de sufrir un ACV.
 
Estos cuatro signos fueron definidos, en Estados Unidos, con cuatro acciones que se describen con la palabra FAST : F= Face o cara; A=Arm o brazo; S=Sentence o frase, y T=Time o tiempo)
 
“Para reconocer que está ocurriendo un ACV se puede pedir al paciente que realice cuatro acciones: hacer un movimiento de cara, por ejemplo sonreir, y así se verá si se está presentando una parálisis facial; luego se le debe pedir que levante los dos brazos para ver si no está perdiendo la fuerza en alguno de ellos; posteriormente se le puede pedir que diga una frase simple para ver si aún puede articularla, y en todos los casos se debe observar el tiempo que tarda en entender y ejecutar una instrucción. Si se están presentando irregularidades en estas acciones simples, es urgente llevar al paciente inmediatamente a un hospital”, explicó el experto el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.
 
Del corazón al cerebro
Una de las causas más comunes de que se presente un ACV es que en el corazón se haya generado un coágulo o trombo y que este salga del corazón y viaje hasta el cerebro, bloqueando o tapando alguna arteria pequeña y sí impide el paso de sangre oxigenada al cerebro.
 
Esta formación de coágulos o trombos dentro del corazón generalmente está asociada con un problema que se llama Fibrilación Auricular, que es la arritmia del corazón más común.
 
El doctor Jesús González Hermosillo explicó que en la Fibrilación Auricular lo que ocurre es que el corazón no late a un ritmo normal ni con una fuerza normal. Debido a que el latido del corazón ocurre con electricidad y a que hay un desajuste eléctrico se pierde el ritmo eléctrico, la aurícula (que es uno de los cuatro compartimentos del corazón) no se vacía adecuadamente y la sangre que queda estancada durante horas o días se convierte en un coágulo, que en caso de desprenderse puede provocar un problema tapando el cerebro.
 
“Los factores más comunes para que se presente este problema de Fibrilación Auricular son la edad avanzada, la diabetes, el abuso en el problema del alcohol, el tener antecedentes familiares con este problema y el ser del sexo femenino”, dijo el subdirector médico del Instituto Nacional de Cardiología.
 
Cuando se presentan evidencias de que el paciente está experimentando un problema de Fibrilación Auricular, los médicos pueden prevenir y evitar que esto tenga como consecuencia un Accidente Cerebro Vascular  si le dan al paciente un tipo de medicamentos que son los anticoagulantes.
 
Existen algunos anticoagulantes muy populares, como la aspirina, y otros que son más fuertes y que se han usado desde hace 50 años, que son la warfarina y la acenocumarina. Cada uno es efectivo para un grupo diferente de la población, pero tienen el riesgo de que no se pueden usar sin una vigilancia cercana del médico porque pueden provocar hemorragias.
 
El avance terapéutico más reciente para evitar la formación de coágulos o trombos que pudieran provocar un Accidente Cerebro Vascular es el uso de un anticoagulatne llamado Dabigatrán, que reduce entre 60 y 65 % el riesgo de que se presenten hemorragias, y como consecuencia indirecta, reduce en 34% el riesgo de infarto cerebral. Estos datos fueron encontrados por medio de un estudio en más de mil pacientes, llamado estudio RE-LY, que fue publicado en la prestigiada revista médica estadunidense The New England Journal of Medicine. 

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