Caries y osteoporosis, comúnes en época de Independencia

Estudios antropológicos muestran que entre las comunidades indígenas era común la deficiencia de calcio y vitamina D.

14/09/2010 3:24
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La antropología física y el estudio de las osamentas de principios del siglo XIX, cuando inició el movimiento independentista han permitido leer varias de las enfermedades que afectaban a los nuevos mexicanos y que quedaron marcadas en sus huesos.

Las caries y la osteoporosis son dos de las más comunes. Ambos revelan niveles de pobreza y falta de salubridad.

Los registros dentales estudiados por la Escuela Nacional de Antropología e Historia muestran que había una gran cantidad de caries, posiblemente derivadas del alto consumo de azúcares y la prácticamente nula higiene bucal.

El anterior problema se podía atribuir a conductas individuales, pero a nivel colectivo había problemas con los huesos relacionados con la descalcificación. No sólo abundan los restos de huesos con tallas pequeñas entre grupos indígenas sino problemas de descalcificación y osteoporosis.

La osteoporosis es una enfermedad en la que los huesos pierden densidad y se van haciendo porosos por falta de fijación de calcio. El calcio se adhiere al hueso gracias a una especie de pegamento orgánico, que es la vitamina D.

Aunque este problema se observa principalmente en mujeres después del climaterio y se le ha asociado con la disminución de la hormona femenina estrógeno, en realidad también se presenta en hombres y en algunos casos extremos en jóvenes de ambos sexos.

Estudios sobre enfermedades en la historia de México hechos por la maestra Elsa Malvido, del INAH, muestran que entre comunidades indígenas de la periferia de la ciudad de México era común la deficiencia de calcio y vitamina D por malnutrición, lo cual es un efecto de la pobreza. Pero además se podía presentar osteoporosis en otros grupos por alto consumo de tabaco, cafeína y alcohol.

Aquellas personas que tenían osteoporosis o principios de la enfermedad y acudieron a un campo de batalla en la gesta insurgente padecieron la cruel fractura de huesos que no tenían soporte.

Independientemente de esos restos, había otras enfermedades que no necesariamente dejaron rastros físicos. Las ciudades novohispanas eran sucias y estaban llenas de zonas marginales. Por ejemplo, en la ciudad de México lo que hoy es el barrio de Tepito prácticamente no tenía servicios médicos ni atención sanitaria.

Este ambiente facilitaba la propagación de gérmenes y contagios de padecimientos como anginas, viruela, sarampión y disentería.

Otras enfermedades comunes en 1810 eran las fiebres catarrales, tisis, fiebres intestinales, hepatitis, sífilis e incluso rabia, causada por los abundantes perros callejeros. En todos los casos el problema es el que México ha combatido durante 200 años y que hoy le han permitido tener estos males prácticamente controlados: la higiene y la educación.  


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