Científicos piden cambiar política sobre drogas

La adicción es una enfermedad, señalan en la Declaración de Viena que dieron a conocer en el marco de la Conferencia Internacional del Sida.

19/07/2010 3:50
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Ante las personas reunidas desde el domingo en Viena, para atender la Conferencia Internacional del Sida, la comunidad científica firmó una declaración en la que piden que sus investigaciones se incorporen a las políticas sobre drogas.

Los especialistas señalaron que las actuales políticas tienen efectos devastadores. Alimentan la epidemia del sida y traen violencia, aumento en los índices de criminalidad y la desestabilización de los países y lo peor es que no reducen el consumo de esta sustancias”.

“Como científicos estamos comprometidos a elevar nuestras voces para promover políticas que reconozcan que la adicción es una enfermedad y no un crimen”, destaca Julio Montaner, director de la Conferencia.

En concreto, la Declaración de Viena pide a los gobiernos y organizaciones internacionales:

1.- Emprender una revisión transparente de la efectividad de las políticas de drogas actuales

 2.- Evaluar un abordaje de la salud pública basado en la ciencia

3.- Aumentar las opciones de tratamiento de los drogadictos para que dejen su dependencia

4.- Abolir los centros de tratamiento forzoso e ineficaz que violan la Declaración Universal de los Derechos Humanos

A esta declaración se unió Françoise Barré-Sinoussi, ganadora del Premino Nobel en 2008 por el codescubrimiento del VIH, los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Ernesto Zedillo (México) y César Gaviria (Colombia) y los escritores Mario Vargas Llosa y Paulo Coelho.

Los científicos recalcaron que fuera de África, el uso de drogas inyectables es la causa de casi uno de cada tres nuevos casos de infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). En algunas áreas donde el virus se está propagando rápidamente, como Asia Central y Europa del Este, las drogas son las primeras responsables de las infecciones.

Las barreras legales impuestas a los servicios de prevención -cuya eficacia está probada científicamente-, como los programas de intercambio de agujas y la terapia de sustitución de opiáceos (TOC), provocan que cada año cientos de miles de personas se infecten con el VIH y la hepatitis C.

“Es hora de aceptar que la guerra contra las drogas ha fallado y de crear políticas que puedan proteger significativamente la salud y la seguridad de la comunidad”, afirma Evan Wood, fundador del Centro Internacional de Ciencia en Política de Drogas (ICSDP).

La efectividad de la terapia de sustitución de opiáceos y los programas de agujas está bien documentada y los estudios científicos realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Institutos Nacionales de Salud de EEUU (NIH) y otros organismos muestran que estos programas reducen las tasas de VIH sin incrementar el uso de drogas. Pero, a pesar de ello, el acceso a estas intervenciones es limitado en aquellos lugares en los que el VIH se está extendiendo con mayor rapidez.

“En América Latina, el único resultado de la prohibición ha sido el cambio de las áreas de cultivo y cárteles de un país al otro, sin reducir la violencia ni la corrupción que genera el narcotráfico”, reconoce el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, para quien “en vez de apegarnos a políticas que han fracasado y acarreado consecuencias desastrosas, debemos dirigir nuestros esfuerzos a la reducción del consumo y la reducción de daños. Las políticas represivas están firmemente basadas en prejuicios, miedos y en posturas ideológicas. La manera de salvaguardar los derechos humanos, la seguridad y la salud está relacionada con estrategias de paz y no de guerra”.

(Con información de EFE)


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