Con el ejercicio, 80 años no son nada

El ejercicio está emergiendo como una de las maneras claves de evitar la enfermedad crónica, y en general permanecer más sano en la vejez.

12/05/2010 9:11
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En 1977, Jimmy Carter era presidente, Encuentros cercanos del tercer tipo se estrenaba en los cines, y todavía se permitía fumar en la mayoría de edificios públicos. Ese fue el año en que Lawrence Golding, que ahora tiene 81 años, profesor de kinesiología de la Universidad de Nevada en Las Vegas, inició una austera clase de ejercicios para hombres, parecida a un entrenamiento militar, los días de semana a la hora del almuerzo, en el campus.

Algunos de esos hombres, que tenían entre 30 y 51 años cuando la clase comenzó, permanecieron en el programa durante más de veinte años. Y hoy en día, disfrutan de los beneficios de ese compromiso.

Tienen el pelo gris y muchos son abuelos, pero tienen niveles de colesterol y triglicéridos mejores que cuando eran más jóvenes, y su capacidad aeróbica, flexibilidad y fuerza no han mostrado los declives que se esperan con la edad.

“Mi definición de envejecimiento es cuando uno no puede hacer físicamente cosas que hacía cuando era años más joven”, señaló Golding, quien dirigió la clase de ejercicios hasta que se canceló hace unos años debido a problemas logísticos con encontrar un lugar para aparcar y reunirse en el campus. “Las personas que se ejercitan con regularidad continúan haciendo las cosas que hacían cuando tenían veinte años”.

Junto con una dieta saludable y permanecer mental y socialmente activo, el ejercicio está emergiendo como una de las maneras claves de evitar la enfermedad crónica, y en general permanecer más sano en la vejez, afirman los expertos.

De hecho, junto a mantener un peso sano, se ha encontrado que el ejercicio es en los hombres el factor más importante para proteger contra la insuficiencia cardiaca, o la pérdida de capacidad de bombeo de sangre que puede llevar a la muerte, según un estudio publicado a mediados de 2009 en la revista Journal of the American Medical Association. Entre los hombres que se ejercitaban cinco o más veces por semana, el once por ciento desarrolló insuficiencia cardiaca, frente al 14 por ciento de los hombres que no hacían ejercicio, encontró el estudio.

La actividad física es igual de importante para las mujeres. Un estudio de 27,000 mujeres con una edad promedio de 55 años encontró que, en el transcurso de once años, las que hacían ejercicio tenían 40 por ciento menos probabilidades de sufrir un ataque cardiaco que las mujeres sedentarias. El estudio fue publicado a finales de 2009 en Circulation.

“El órgano más importante en el cuerpo de una persona mayor son las piernas”, apuntó el Dr. Walter Bortz, profesor de medicina de la Facultad de medicina de la Universidad de Stanford. “Si las piernas permanecen sanas, todo lo demás irá bien. No se caerá ni se romperá la cadera. El corazón permanece sano. No se desarrolla fragilidad. La vida sexual sigue siendo buena, el cerebro permanece bien, y la persona cuesta menos dinero”.

Bortz, que tiene 80 años y ha escrito varios libros sobre el envejecimiento y el ejercicio, terminó el Maratón de Boston el 19 de abril en siete horas y treinta minutos. En cuarenta años, ha corrido cuarenta maratones.

Afirmó que nunca es demasiado tarde para que los adultos mayores comiencen a hacer ejercicio.

“Incluso la gente en su séptima década tiene una tremenda capacidad de mejorar su fuerza, flexibilidad y capacidad aeróbica”, añadió Bortz

Entonces, ¿cuál debe ser la meta de las personas de mediana edad y los adultos mayores? Al menos tres sesiones de ejercicio de treinta minutos por semana, aunque más es mejor, apuntó Bortz. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. recomiendan cinco sesiones por semana.

En la UNLV, Golding dirigía una clase de 45 minutos los días de semana, de septiembre a mayo. No había radio, ni equipo, sólo Golding contando las repeticiones frente a los participantes. Por ejemplo, los miembros experimentados de la clase hacían tres series de 50 sentadillas y tres de 20 flexiones.

Todos los hombres eran blancos, sedentarios, y la mayoría tenía algo de sobrepeso. Mostraron mejoras rápidamente. En el transcurso de dos a tres años, los participantes, independientemente de su edad, tenían un mejor rendimiento promedio en pruebas de flexibilidad, fuerza y aeróbicos que los estudiantes universitarios de primer año, comentó Golding.

Entre los veinte participantes que siguieron yendo a clases (tres veces y media por semana durante más de veinte años), el colesterol de lipoproteína de baja densidad (HDL), la clase mala, se redujo en 27 por ciento tras el primer año, y en 60 por ciento durante los veinte años. El colesterol de lipoproteína de alta densidad (HDL), la clase buena, aumentó en 60 por ciento tras el primer año, y siguió mejorando durante los siguientes 15, según una investigación que apareció en 2009 en la revista Research Quarterly for Exercise and Sport.

El colesterol total (LDL, HDL y otros componentes lípidos) se redujo en casi 18 por ciento tras un año, y en 40 por ciento durante veinte años, encontró el estudio. Los niveles de triglicéridos se redujeron cada año: 23 por ciento tras el primer año, y 61 por ciento durante los veinte.

Los hombres también perdieron un promedio de 27 libras (unos doce kilos), aunque las mejoras en el perfil de colesterol fueron independientes de la pérdida de peso, según el estudio.

Y mientras sudaban juntos, se desarrollaron amistades, y los hombres estaban pendientes si alguien no hacía el esfuerzo y faltaba por un tiempo. “Tras un tiempo, se convirtió en una adicción positiva, y la gente se entristeció cuando cancelamos la clase”, aseguró Golding. “Estos hombres le estaban ganando al proceso de envejecimiento”.


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