Con son jarocho, tratan a niños con autismo

Un taller de musicoterapia que ofrecen en Veracruz ha dado resultados benéficos para pacientes y padres.

14/05/2015 11:06
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Sael y Camil son músicos y son amigos. Hace tres años empezaron a dar un taller para niños con autismo y aunque el proceso ha sido largo, ahora pueden decir que el Son Jarocho ayuda a que los niños empiecen a socializar.
 
Camil Messeguer y Sael Bernal iniciaron el proyecto de la mano con Rosa Virginia Martínez Conde, terapeuta y  titular del Centro Estatal para la Detección y Atención del Autismo (Cedaa) de Veracruz.
 
De lunes a viernes los músicos llegan al centro con jarana y violín para tocar sones jarochos, tienen como público a un grupo de padres e hijos, aunque los niños también pueden asistir acompañados de sus hermanos, sus abuelos u otros familiares.
 
“A los adultos les decimos que no pidan al niño nada, que esperen que con la música se contagien solos”
 
Son varios los casos de niños que han visto evolucionar, Inés, por ejemplo, no soportaba los ruidos cotidianos como el que hace un camión o el sonar de una licuadora. Cuando se incorporó al taller al inicio de la clase tenía crisis, pero al cabo de dos meses  se fue integrando.
 
“Un día  su mamá llegó a la clase con una sonrisa, porque en casa no podía utilizar aparatos con motor o que hicieran ruido”, ahora lo hace poco a poco, explica en entrevista Camil.
 
También destaca otro caso, el de un niño que además tiene problemas de lenguaje. “Cada que empieza un son, el logra llevar el tiempo y se emociona porque logra marcar el ritmo”.
 
En los tres años que llevan dando este taller de musicoterapia basado en los sones huastecos, Camil y Sael han visto crecer a los niños. “Cantan y bailan, eso es gracias a la música”.
 
“Una vez, recuerda Camil, un niño no hizo nada durante la clase, pero ya cuando nos íbamos, nos abordó en un pasillo y empezó a cantar el coro de un son”.
 
Cada caso es diferente, hay niños que al escuchar la música se echan a correr, que no quieren participar, pero luego con el tiempo logran concentrarse, algunos pasan la clase bailando, otros van marcando el tiempo y dos o tres ya empiezan a cantar, explica el músico.
 
La idea es que este taller se pueda replicar en otros estados de la república, pero no con ellos a la cabeza, sino con otros artistas y con música de cada región.
 
“Nosotros estaríamos encantados de ir a otros lugares, pero sería mejor que existiera una política social para que esta experiencia se replicara”, concluye el músico.

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