Cuando el estrés laboral amenaza la salud

Para Estela, los dolores de cabeza y la gastritis pasaron a segundo plano cuando se dio cuenta que en mes y medio había perdido cinco kilos de peso.

28/04/2010 11:51
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De la noche a la mañana el trabajo se le multiplicó, las personas en las que confiaba desaparecieron y las responsabilidades aumentaron. Su situación no era más que un resultado de la crisis económica que pasaba en el país: las empresas no tuvieron otra que empezar a despedir personal y los que se quedaban tenían “ la suerte” de resolverlo  todo.

“Se fuerte”, “con el tiempo te acostumbrarás” y “a cuidar lo que se tiene”, son frases que Estela  escuchó una y otra vez de aquellos que en el afán por reconfontarla por haberse quedado sola en el trabajo, acababan por asustarla más.

Otros la felicitaban, había logrado sobrevivir al “recorte” no faltó quien le mencionara que eso era un “reconocimiento a su labor”, pero claro, ahora había que demostrar que se podía y vivir para trabajar.

Pero como el reto es lo que contaba, simplemente confió en que todo iría mejor, trabajó durante mes y medio sin tener descanso alguno, con jornadas laborales de 12 horas.

En efecto, se acostumbró a que la presión diaria recayará sólo sobre ella, a escuchar gritos que no conocía, a preparar juntas semanales en las que tenía que alcanzar el triple de objetivos de los que su puesto implicaba y sobre todo  se tuvo que acostumbrar a hacer todo el trabajo sola.

El susto vino cuando las presiones laborales le dejaron algo más que dolores de cabeza, frustraciones, insomnio y gastritis, la dejó con cinco kilos menos de peso.

Ni cuenta se había dado, hasta que pasado el mes y medio, al ponerse uno de sus pantalones favoritos la prenda le “nadaba” en la cintura, el problema inmediato se resolvió usando un cinturón muy ajustado.

A pesar de la preocupación, no pensó en recurrir de inmediato al médico, “ya pasará y el peso ideal volverá”, total, si la mayoría de las mujeres sufre por bajar de peso, yo lo recuperaré enseguida”.

Nada más ficticio. Cuando decidió acudir con el doctor, vinieron los regaños y el discurso de lo bien que se había comportado su cuerpo al soportar el estrés que la carga laboral le estaba provocando.

Enseguida, el especialista le recriminó que desde el principio debió haber puesto un límite, que era inadmisible que se haya pasado mes y medio sin descansar y que la primera que tenía que poner atención en el comportamiento de su cuerpo era ella misma.

El nutriólogo le dijo que a pesar de la pérdida de peso, por su complexión, edad y estatura sus 50 kilos estaban en el límite de lo permitido.

Faltaba nada más que se le hicieran los análisis de rutina (colesterol, triglicéridos, ácidos grasos y sangre), no descubrieron nada anormal, sólo un cansancio excesivo; la recomendación fue descansar lo suficiente, hacer ejercicio moderado y respetar los días de asueto.

De eso ya se cumplió un año,  Estela, ahora con una vida más tranquila, un trabajo con un horario normal que le permite desarrollar una vida estable y sana, sigue extrañando sólo una cosa: los cinco kilos que el estrés laboral le robó.
 


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