Cuando la mente nos hace creer que estamos enfermos

A veces un dolor de estómago o una alergia no se debe a na causa física, son males psicosomáticos que sólo se superan con tratamiento psicológico.

12/07/2010 9:17
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Reconocernos a nosotros mismos es a veces más difícil de lo que pensamos, los enojos, frustraciones, preocupaciones y angustias que vivimos a diario, muchas veces pasan a cobrar una factura más cara que la debida.

Hacernos los fuertes, los invencibles o evadir los problemas, tarde o temprano en algunas personas provocan males psicosomáticos, que sólo pueden ser superados con un tratamiento psicológico.

Un dolor de estómago o una alergia, muchas veces no tienen causas físicas, sino psicológicas, son la reacción de nuestro cuerpo ante los sentimientos que mantenemos replegados.

Expertos señalan que el 25% de todas las patologías conocidas tienen una base u origen somático, explica el médico internista y presidente de la Sociedad Andauza de Medicina Psicosomática, Manuel Álvarez.

“Son pacientes hiperfrecuentadores”,  porque sufren y se sienten incomprendidos. En busca de la causa de su mal, se les hacen tantas pruebas y tratamientos que se calcula que al sistema sanitario le cuestan nueve veces más que cualquier otro paciente, cuando en realidad la medicina psicosomática debería ser muy barata.

Pero identificar a las personas con males psicosomáticos cuesta tiempo, “consiste en escuchar al enfermo. Una cosa es la demanda expresada, y otra la situación que vive y que puede ser el origen de la dolencia”, puntualiza.

Lo positivo y lo negativo

Angustia, ansiedad, ira, son algunas de las razones por las que aparecen las enfermedades psicosomáticas.

“Las emociones positivas nos generan sensación de alegría y de refuerzo, nos hacen fuertes. Las negativas nos debilitan”, explica Josep Maria Farré, jefe del servicio de psiquiatría, psicología y medicina psicosomática de USP Institut Universitari Dexeus.

Enamoarse, sentirse bien en el trabajo o disfrutar una buena comida, estimulan ma zona del cerebro que corresponde al circuito del placer-recompensa. Se libera la dopamina, un neurotransmisor que genera una sensación positiva, que se traduce en bienestar general.

Lo mismo sucede cuando una persna es amable, aunque viva una situación adversa, porque una actitud positiva genera una respuesta social positiva.

Cuando las experiencias son negativas, la activación de nuestro cerebro cambia. Se liberan otro tipo de neurotransmisores, como la noradrenalina o la serotonina. El cerebro los necesita para muchas de sus funciones, pero en su cantidad adecuada. Cuando se liberan en exceso, pueden acabar alterando el equilibrio de nuestro cuerpo y provocar respuestas negativas. “Si no se resuelve la situación de emergencia o la forma de afrontarla, la dolencia se cronifica”, explica Farré.

La personalidad factor importante

El como se enfrenten los problemas, la forma de ser de cada persona, determina todo el proceso de somatización.

Las personas extremadamente competitivas, con poca empatía, los hipocondríacos o quienes no exteriorizan sus sentimientos tienen más posibilidades de acabar dando salida a su malestar a través de alguna dolencia.

“La persona que sabe expresar sus sentimientos tiene mucho ganado. Saber reconocer el origen de esa emoción es clave para la salud”, afirma Álvarez.

“El 10% de los somatizadores niegan que el origen de su dolencia sea psicológico, y eso es un problema”, observa Farré.

Los genes también participan

Quienes tienen el corazón más débil pueden acabar padeciendo un infarto. Lo mismo ocurre con el sistema digestivo, o con el dolor de espalda. Sin olvidar las disfunciones sexuales. Aún no se sabe bien hasta qué punto el órgano a través del que se somatiza depende de la genética o de otros factores.

Algunos estudios apuntan, por ejemplo, a una conexión entre el desequilibrio en la producción de neurotransmisores y el sistema inmune. Otros indican una estrecha ligazón entre la piel y el cerebro, incluso desde el vientre materno, según explica Farré.

Las enfermedades psicosomáticas se forjan dentro de un cuadrilátero, formado por “el sistema nervioso, el sistema hormonal, el sistema inmunológico y la personalidad del propio individuo”, explica Antoni Bulbena, jefe del servicio de psiquiatría del hospital del Mar de Barcelona y vicepresidente de la Asociación Europea de Psiquiatría de Enlace y Psicosomática.
 

Reconoce las enfermedades psicosomáticas

La enfermedad psicosomática más típica y abundante es el colon irritable, afirma Bulbena. Otras enfermedades somáticas son la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares, sobre todo el infarto y el asma.

Del mismo modo, la mayoría de enfermos empeoran cuando sus emociones son negativas. En la fibromialgia, el estado de ánimo resulta fundamental. Las personas con VIH deprimidas y ansiosas tienen un peor pronóstico.

“Somos una máquina que interacciona. Si a un enfermo que padece alguna enfermedad como un cáncer lo tratas con antidepresivos, vive más tiempo. La propia depresión tiene efectos inflamatorios, una depresión mal tratada desemboca en otros problemas fisiológicos”, observa Bulbena. Los especialistas coinciden en que la medicina psicosomática, pese a ser minoritaria, debería tenerse más en cuenta en la práctica médica.
 

(Con información de El País


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