Cuida tu corazón con los lácteos descremados

Un estudio sugiere que los productos lácteos que no contienen grasa significan una mejor condición cardiovascular

07/05/2014 4:31
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Es bien sabido que los productos lácteos son una fuente de calcio importante, aportan además proteínas, vitaminas, otros minerales y dependiendo de la variedad elegida, también aportan mucha grasa. En tanto, hay productos que pueden cuidar tu salud cardiovascular como los lácteos descremados.

De acuerdo a un estudio realizado por el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), las personas que habitualmente consumen  lácteos descremados tienen mayor posibilidad de tener un corazón saludable en comparación  con las que consumen productos enteros.

La investigación consistió en un experimento que incluyó a 265 pacientes sometidos a dos pruebas que se consideran marcadores de enfermedad cardiovascular. Una de estas pruebas se centra en la carótida, la arteria del cuello que lleva la sangre a la cabeza. En concreto, mide el grosor de la íntima, la capa interna de la arteria. La segunda prueba es la velocidad de onda de pulso, que mide la rigidez arterial. Además, a los participantes en el estudio se les pasó un cuestionario sobre la frecuencia de consumo de alimentos para distinguir entre los consumidores de leche, quesos, yogurts y otros lácteos descremados y enteros.

Claramente, “la diferencia está en la cantidad de grasa”, señala José Ignacio Recio, investigador del centro de salud de Salamanca. Al eliminar las grasas, los lácteos descremados contribuirían a tener un menor riesgo cardiovascular, algo que no se había demostrado. “Hasta ahora se había estudiado la asociación entre el consumo de lácteos y los malos resultados en estos parámetros cardiovasculares, pero no se había diferenciado entre los productos enteros y descremados”, agrega.

Esta prueba forma parte de un estudio más amplio en el que participaron más de 1.300 personas de entre 20 y 80 años de varias ciudades de España sin patologías cardiovasculares previas. Las pruebas se realizaron entre 2010 y 2012, pero los resultados son tan amplios que se siguen publicando en la actualidad. En la parte que se ocupa de productos lácteos solo se incluyeron a los pacientes de Salamanca debido a la complejidad de las pruebas.

Los participantes fueron divididos entre consumidores de lácteos enteros y descremados. Cada uno de estos grupos fue, a su vez, dividido en tres: los que consumían más de 125 gramos de estos productos (aproximadamente medio vaso de leche o un yogurt), los que consumían hasta esa cantidad y los que no consumían. La tendencia que se dibuja es clara: a mayor ingesta de productos lácteos enteros la velocidad de onda de pulso presenta valores más elevados y el grosor de la íntima de la carótida es mayor.

Por el contrario, cuanto mayor es el consumo de productos descremados, los valores de estos dos parámetros son menores. El resultado fue corroborado por otro tipo de prueba que no dividió a los sujetos en grupos, sino que analizó el consumo total.

En definitiva, la cantidad de grasa de aportan los lácteos enteros contribuye a la rigidez arterial y a la aterosclerosis o acumulación de lípidos en las paredes arteriales. Los valores elevados de grosor de la íntima de la carótida y de velocidad de onda del pulso arterial se relacionan con una mayor frecuencia de eventos cardiacos, como los infartos, de manera que parecen muy relevantes para medir la salud cardiovascular.

Además, esta asociación con los lácteos es independiente de otras variables, ya que los resultados están ajustados en función de otros factores que pueden influir, como la edad, el sexo, el índice de masa corporal, la ingesta energética total, ser fumador o tomar fármacos para el colesterol o la hipertensión, entre otros. (Con información de ABC)


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