Dar, sí es más saludable que recibir

Encuentra que personas acostumbradas a proveer bienes o protección a los demás, manejan mejor una crisis que pone en riesgo la salud.

05/02/2013 9:21
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Las personas que  están acostumbradas a proveer de bienes o de protección a otros seres humanos tienen más capacidad para manejar el estrés y pueden superar de mejor manera crisis que pongan en riesgo su salud, en comparación con personas que no tienen esta actitud de preocupación o de atención a los demás. Esta es una de las conclusiones de un estudio de cinco años, entre 846 pacientes, encabezado por la Universidad de Buffalo, Estados Unidos.
 
“Proveer asistencia tangible a los demás, protege la salud y prolonga la esperanza de vida”, indica el estudio que fue publicado en la edición on-line de la Revista Americana sobre Salud Pública (American Journal of Public Health) y que será incluido en su próxima edición impresa.
 
El autor principal del estudio, Michael J. Poulin, quien es profesor de psicología en la Universidad de Buffalo, explicó que en el seguimiento de la salud de los 846 pacientes del área de Detroit Michigan, participaron también la Universidad Stony Brook y la Universidad Estatal Gran Valle, quienes colectaron datos de eventos de salud adversos y mortalidad entre las personas estudiadas, a los cuales clasificaron en grupos de personas que proporcionan ayuda o que reciben ayuda.
 
“Este estudio ofrece una contribución muy significativa a la investigación sobre las relaciones entre salud  y ambiente social y especialmente nos provee de información muy valiosa sobre cómo el ayudar a otras personas parece proveer a los ‘proveedores’ de mayor capacidad para amortiguar los efectos del estrés”, escribió en el reporte del estudio Michael J. Poulin.
 
Los autores apuntan al hecho de que existen muchos estudios en los que se demuestra que el aislamiento y la segregación social aumentan significativamente la posibilidad de desarrollar enfermedades, así como el riesgo de mortalidad. 
 
Estos datos han llevado a realizar estudios sobre el efecto que tiene la ayuda del gobierno otorgada a personas que estaban abandonadas y después recibieron auxilio.
 
Desafortunadamente, a lo largo de 20 años de estudio no se ha podido demostrar que las personas que reciben ayuda después de haber estado abandonadas realmente mejoren su manejo del estrés y aumenten su esperanza de vida.
 
“Nosotros lo que hicimos fue modificar la hipótesis y estudiamos los efectos en la salud que tiene el ‘dar’ en lugar de estudiar los efectos en salud de ‘recibir’. Así comenzamos a ver indicios de que las personas dedicadas a dar servicios a otros seres humanos fortalecen sus capacidades de amortiguamiento y manejo del estrés. Posteriormente, al observar la salud de estas personas, en un grupo grande y a lo largo de cinco años,  vimos que también hay tasas menores de mortalidad entre las personas que ayudan a otras personas.
 
Una de las situaciones clave para ayudar a distinguir entre los efectos en la salud que presentan los dos grupos de personas (quienes ayudan y quienes reciben ayuda), fue mirar cómo se comportaban y qué tanto se enfermaban las personas después de eventos desastrosos que les ocurrieron a lo largo de cinco años como: muerte de algún familiar querido, pérdida del empleo, robo a su casa, dificultades financieras o el diagnóstico de una enfermedad incurable. Todas estas situaciones se presentaron, sin intervención de los investigadores, a lo largo del periodo de estudio de cinco años.
 
“Encontramos que muchas de estas situaciones de alto estrés están asociadas a la aparición de enfermedades y muerte de las personas estudiadas, pero siempre fue menor el número de personas ‘proveedoras’ que fallecieron en  fechas cercanas a estas situaciones de alto estrés, en comparación al número de personas ‘receptoras’ que fallecieron al pasar por situaciones de alto estrés. La mortalidad entre los ‘receptores’ fue mayor”, indica el estudio.
 
Las acciones más comunes de ayuda que el estudio observó entre la comunidad de personas estudiadas fueron: transportar en su vehículo a personas que no pueden movilizarse, realizar compras para otras personas, ayudar en la limpieza doméstica a personas enfermas o ayudar en el cuidado de niños de otras personas.
 
Tomamos varios datos y varios indicadores, incluyendo el factor de la edad y una serie de variables psicosociales. Cuando hicimos el cruce y análisis de esos datos vimos que sí hay una interacción significativa entre el hecho de ayudar a otras personas y el poder manejar de mejor manera el estrés. Esto también coincidió con las cifras de menor mortalidad entre el grupo de quienes son más proclives a ayudar a los demás”, indicó el profesor Poulin.
 
“Estos resultados son una pequeña pieza de un cuadro mucho más grande en el que se podrá visualizar, en algún momento, las fuertes relaciones que hay entre la salud y las interacciones sociales de cada individuo”, concluyó.

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