El amor no se relaciona con el corazón

Desatando un festival de reacciones químicas en el cerebro, el amor tiene fecha de caducidad, y dura aproximadamente de 4 a 7 años.

03/05/2011 11:15
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“El amor no está relacionado con el corazón”, indicó Gilda Flores Rosales, profesora de Bioquímica y Farmacobiología Humana, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán de la UNAM.

De acuerdo con esta experta, el amor es un fenómeno que está contenido en nuestro ADN y aquella relación con el corazón no es más que un mito creado por “los trovadores del siglo XII”. 
 
No obstante, la frase “la química de amor” es correcta, ya que el amor se trata de una “cascada” de reacciones químicas, así como descargas neuronales y hormonales, que causan que uno se descontrole cuando aparecen los primeros síntomas del enamoramiento. 
 
La experta reveló que sus investigaciones le demostraron que durante el siglo XIX, el amor estaba bajo investigación sicológica y siquiátrica, y que en algunos casos, se recetaban medicamentos para que la gente se curara de amor. 
 
“Existen escritos respecto a mujeres que fueron internadas en instituciones mentales, precisamente porque se encontraban en un estado histérico amoroso”, indicó Flores. 
 
No obstante, otro de sus descubrimientos reveló que los seres humanos estamos programados para amar, genéticamente, por medio de la química cerebral. 
 
En este proceso, de acuerdo con la especialista, están involucrados, como agentes de primer contacto, los sentidos: “Nuestros sentidos son la puerta de acceso a este sentimiento, y una vez adentro, comienza una guerra química, hormonal y eléctrica, toda una alquimia corporal”. 
 
Si bien se interpretaba a Cupido como un agente del amor que lanzaba flechas, la realidad indica que lo que se lanzan son feromonas que son captadas por el olfato y lanzadas al cerebro rumbo al tálamo, el cual se encarga de los afectos.
 
El amor descontrola
La experta realizó un mapa cerebral sobre las sustancias que se activan durante el primer síntoma de amor: la dopamina genera un estado de felicidad; la norepinefrina es responsable de las mariposas en el estómago y la dilatación de pupilas; la serotonina produce exaltación y euforia; y la oxitocina se relaciona con los patrones sexuales, la conducta maternal y paternal.
 
“Si realizáramos una resonancia magnética del cerebro de una persona durante la primera oleada de amor, podríamos observar varias zonas bloqueadas como la del habla, la de la visión periférica y la del oído. No escuchamos bien, no vemos bien, no hablamos bien y no caminamos bien”, indicó la experta. 
 
De acuerdo con la investigación, todos estos compuestos ayudan a que la gente establezca lazos permanentes entre la pareja, tras la primera oleada emocional. No obstante, hay personas con menos receptores cerebrales para la oxitocina, siendo esas personas a las que se les dificulta establecer relaciones permanentes. 
 
De paso, la especialista desmintió que los perfumes contengan feromonas: “Aún cuando se han podido aislar y purificar, se encuentran en cantidad tan pequeña que resultaría extremadamente costoso obtenerlas; además se descomponen con facilidad”, indicó. 
 
El final del amor
No obstante, la guerra química que se da en el cerebro tiene fecha de caducidad y, según los expertos, esto pude darse entre los primeros 4 y 7 años de enamoramiento en una pareja. El organismo combate las sustancias químicas del enamoramiento y entonces aparece el apego. 
 
“Es aquí donde podríamos pasar de un amor netamente biológico a otro que es mucho más fuerte, el intelectual, en el que queremos para siempre (…) Todos deseamos que nos amen eternamente, y aunque el factor biológico es más fuerte, podríamos permanecer junto a una persona con la que no hay enamoramiento bioquímico, si se tiene la capacidad intelectual y la voluntad para ello”, indicó la experta. 
 
De acuerdo con Flores Rosales, a pesar de que hoy en día se dice que el nuevo Cupido es la tecnología, lo cierto es que se necesita al menos una distancia de50 metros entre una y otra persona para enamorarse. “El amor bioquímico y cotidiano, es distinto al del ciberespacio”, finalizó. (Fuente: UNAM)
 

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