El cerebro contra los buenos hábitos

Las personas subestiman su capacidad de vencer los malos hábitos ante el placer de la recompensa inmediata.

04/01/2011 9:32
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Uno de los motivos principales para hacer promesas de cambio a principio de año es el desterrar de nuestra vida los malos hábitos y comenzar a adherirnos a las buenas costumbres, aquellas que nos generen un beneficio tanto en cuestiones de salud como en cuestiones espirituales.

Sin embargo, resulta difícil en ocasiones poder cumplir con las promesas.

Para los científicos, el incumplimiento de las promesas tiene una razón biológica y científica, y está relacionado con el cerebro, aunque esto no es pretexto. El problema es que los malos hábitos se encuentran bien arraigados en el cerebro.

De ahí que los especialistas hayan realizado un estudio sobre por qué las personas no pueden cumplir con sus promesas de año nuevo.

La doctora Nora Volkow, directora del Instituto Nacional contra el Consumo de Drogas y experta en la proclividad del cerebro al placer, comenta que los malos hábitos son más dominantes “porque usted batalla contra el poder de la recompensa inmediata”.

Y se pone un ejemplo: una persona que debe elegir entre un brócoli y un chocolate, ganando el dulce porque su recompensa será inmediata, aun cuando la recompensa de la verdura sea perder unos kilos.

“Todos nosotros, como criaturas, estamos muy condicionados a ser de esa manera, a dar mayor valor a una recompensa inmediata en contraposición a algo que demorará”, comenta la experta.

La persona se hace adicta a la felicidad por una sustancia química llamada dopamina que se libera en ese momento. De ahí que el cerebro se vuelva adicto a ella y exija una recompensa más a cada momento.

Para el experto en psicología experimental Loran Nordgren, profesor adjunto en la Facultad de Administración Kellog de la Universidad del Noroeste, la gente subestima su capacidad de vencer las tentaciones, por lo que las promesas de romper con los malos hábitos se quedan sólo en eso.

“Existe en las personas la arrogancia del autocontrol, esa creencia de que pueden ir más allá en el control”, comentó el experto.

El estudio se realizó con participantes habituados al consumo de tabaco y café, y se les proyectó la película Coffee and Cigarretes, cuya trama idealiza el hábito. Los participantes recibirían una compensación económica de acuerdo con su tolerancia.

El resultado derivó en que aquellos fumadores que juraron soportar sin fumar durante la cinta, optaron por sostener un cigarrillo apagado entre los dedos y bien asieron el paquete durante la proyección. (Con información de AP)
 


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