El ejercicio es la mejor medicina

El fisiólogo, investigador y consultor físico Jan Helgerud, explica que enfermedades como obesidad, diabetes y osteoporosis se deben a la inactividad.

18/05/2010 12:42
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“Es bueno para la salud hablar mucho, pues quien mucho habla poco come”, dice Jan Helgerud, quien no para de hablar (y, contradiciéndose a sí mismo, de comer) durante un almuerzo en el que la conversación deriva en un juego en el que se acaban descubriendo las similitudes entre los esquiadores de fondo, los enfermos del corazón y los salmones.

“He trabajado con los tres grupos”, dice Helgerud, noruego de mediana edad, fisiólogo, preparador del equipo de su país de esquí de fondo y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Trondheim.

 “Y con los tres he tenido que luchar contra la tendencia a solucionar los problemas de salud o de preparación física con fármacos; con los tres he mostrado que el ejercicio intenso, el entrenamiento de fuerza, controlado y corto, a un 85%-90% de su capacidad total, es la mejor medicina”.

La prueba del salmón

En el menú no figura el salmón, por lo que se puede escuchar sin sufrir náuseas la historia de cómo las piscifactorías noruegas han decidido que más vale instalar mecanismos para fabricar fuertes corrientes en sus tanques antes que gastarse una fortuna en el veterinario.

“El 20% de los salmones criados en piscifactorías, en piscinas en las que apenas se movían, morían cuando se les devolvía al mar. Tenían problemas cardiacos y excesiva grasa”, dice Helgerud, con la virtud tan propia de los predicadores de convertir cada frase en una sentencia.

Los empresarios no querían que tuvieran mucho espacio para moverse porque pensaban que si hacían ejercicio los salmones engordarían menos, pero uno me permitió hacer un experimento. Les colocamos chips y pulsómetros a unos salmones y les hicimos ejercitarse contra una corriente que creamos en los tanques. Y mostramos que no sólo crecían más que los que no se movían, y encima con músculo no con grasa, sino que después todos sobrevivían en el mar. Después les abrimos y comparamos sus corazones, mucho más pequeños que los de los enfermos”.

Narrada la historia, Helgerud pregunta, retórico: “Y lo que va bien para los salmones irá bien para el ser humano, ¿no?”. Y lo que sucede en Noruega con la población anciana también pasa en España. “Lo que observamos en los estudios lo investigamos luego en el laboratorio para ver los mecanismos, las transformaciones en la célula, para intentar saber el porqué”.

Inactividad, el enemigo a vencer

Helgerud, lo dice su currículo, ha sido consultor en asuntos de preparación física del Real Madrid y del Barcelona, pero este año se lo ha tomado sabático, lo que para él no significa descansar, precisamente, sino viajar sin parar, recorrer el mundo predicando apasionadamente una nueva que molesta por igual a la industria farmacéutica -“la verdadera enfermedad, la causa de la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la osteoporosis, los males de la sociedad desarrollada, es la inactividad, el no salir de casa, el no moverse”, dice, “y la solución no son las pastillas, sino el ejercicio intenso, dosificado como una medicina”- y al establishment médico, molesto con quien intenta alterar su rutina y que sigue recomendando a los ancianos, a los enfermos de corazón, moderación en el ejercicio, no fatigarse, no cansarse. “Y si cambiamos la capacidad, cambiamos la motivación”.

“Mi medicamento, el ejercicio de gran intensidad, es muy sencillo: tres veces a la semana un cuatro por cuatro, cuatro repeticiones de cuatro minutos con otros cuatro minutos de reposo de un ejercicio, fundamentalmente prensa de piernas al 85% de la capacidad, aunque pueden ser otros que se pueden hacer en casa, como levantarse del sofá unas cuantas veces seguidas”, dice Helgerud. “O uno que diseñé específicamente para la rehabilitación de mi suegra, que consiste en subir escaleras mecánicas que bajan”.

Aparte de con salmones, futbolistas y esquiadores, Helgerud ha experimentado científicamente los efectos del entrenamiento interválico, una forma de denominar su cuatro por cuatro, con ancianos, con enfermos del corazón y con personas a las que se había implantado una prótesis de cadera. En sus estudios ha mostrado cómo el ejercicio intenso, el entrenamiento de fuerza, ha aumentado su consumo de oxígeno (VO2max), un indicador tanto de calidad como de esperanza de vida.

“Personas a las que lo que les enferma no es la cadera o las arterias, sino el estarse sin mover en el hospital”, dice rotundo. “Tres semanas en la cama de un hospital equivalen a un envejecimiento muscular de 30 años: entran con 70 años y salen como si tuvieran 100. Hay que luchar contra eso. Mejor irse cuanto antes a casa que quedarse en el hospital en rehabilitación: en casa se verán obligados a hacer algo, a moverse”.
 


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