El hogar puede ser cuna de complejos

Seres queridos pueden fomentar con sus comentarios y actitudes la presencia de baja autoestima, señala experta. n

22/07/2011 9:52
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Los complejos de inferioridad y superioridad tienen su origen en el seno del hogar, desde la infancia, al momento justo en que se ve al bebé al nacer y comienzan a destacarse sus presuntos defectos o atributos.

Falta de autoestima

La psicóloga Adriana Guzmán Sillas(*) explicó que el complejo de inferioridad nace desde la infancia y dentro del seno de nuestra casa, cuando por parte del papá, la mamá o ambos, así como de los hermanos, se refieren hacia la persona con expresiones como  “está feita la pobrecita”, “es muy torpe para los deportes”, “es un burro en la escuela”, “es que pobrecito, no puede”, lo cual hace que  se piense “algo en mí no está bien” y te siembra una gran inseguridad tanto en tu apariencia física, como capacidades intelectuales.

Todos estos sentimientos se comienzan a revelar desde la niñez, cuando un niño llora por nada, es miedoso, no juega con otros menores, y manifiesta temor hacia casi todo.

Sentimiento de superioridad
 
De la misma manera nace el complejo de superioridad, agregó la experta, cuando los padres alaban a sus hijos, ya sea por sus capacidades físicas, su gran inteligencia, o bien al fomentarles el poder del dinero cuando la familia posee riqueza.

Así, desde muy niños se sienten superiores y con derecho a mirar con arrogancia y tratar de manera grosera a quienes, según ellos,  no están en su mismo “nivel”.

Sin embargo, alertó la doctora Guzmán Sillas, el complejo de superioridad genera un sentimiento contrario, el de una gran inseguridad por miedo al fracaso o a la falta de reconocimiento de los demás.

El sentir esta debilidad las convierte en personas aún más altaneras y arrogantes, cargada de una gran inflexibilidad, con la finalidad de no ser susceptibles a las críticas y comentarios de los demás.

Es por ello que tienen poca habilidad para establecer relaciones humanas armoniosas y generalmente logran el compañerismo a base de presiones, exigencias, o bien las personas acceden a tener un buen trato e incluso a convivir con ellas, a fin de no recibir sus regaños o presiones, refirió la especialista.

En la familia sucede algo similar, la pareja  e hijos se someten a las manifestaciones de superioridad, que pueden ser incluso violentas, sea de forma verbal o psicológica, e incluso físicamente a través de los gritos y los golpes.

Sin embargo, subrayó la experta de la Secretaría de Salud, esto no soluciona el complejo que le aqueja, “al contrario, lo acrecenta porque la respuesta no está en esta actitud, la autoestima y seguridad personal no se recuperan al maltratar al otro; al no eliminar el sentimiento de inseguridad, se recrudece la situación y la violencia aumenta. Si bien esta violencia ejercida proporciona cierto alivio, lo cierto es que se mantiene una sensación de inconformidad, de malestar, no se sienten a gusto”.

De ahí  la importancia de acudir a un especialista, sobre todo cuando se detectan este tipo de complejos desde la infancia, requiriéndose de un trabajo conjunto entre un psicólogo y un psiquiatra, a fin de tratar cualquier posibilidad de trastorno que se puede derivar de estos complejos, como es la depresión o la bipolaridad, entre otros.


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