El miedo obedece a un instinto de supervivencia

En los momentos de riesgo, señala experto de la UNAM, el cerebro actua de manera irracional.

31/03/2011 9:21
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Si bien el miedo se genera en el cerebro, no es producto de un acto de pensamiento o intelectual; el miedo obedece a un instinto elemental para la supervivencia pues hace que las personas actúen de inmediato ante una situación de riesgo, en especial si es de muerte.

Así lo indicó el doctor Francisco Romo, de la Facultad de Medicina de la UNAM, en el marco de la ponencia “Dolor, percepción y conciencia.  El circuito del miedo y sus padecimientos”, al destacar que es por ello que millones de personas en el mundo logran sobrevivir ante posibles accidentes, como cuando se logra correr cuando de manera intempestiva aparece un auto conducido a muy alta velocidad, o en el momento en que se esquiva un proyectil que cae de algún edificio debido a cualquier cosa.

En estos momentos de riesgo, puntualizó el experto, el cerebro actúa de manera irracional, basándose sus órdenes al resto del cuerpo únicamente en el instinto básico y en experiencias pasadas.

¿Dónde se origina el miedo?

El especialista Francisco Romo refirió que  investigaciones realizadas en conjunto por el Instituto Tecnológico de California,  Estados Unidos y el Friedrich Miescher Institute,  Suiza,  revelaron  el “circuito del miedo”, es decir, el origen y desarrollo de esta sensación en el cerebro y cómo termina este episodio.

Es en la amígdala, expuso, donde existen  dos tipos de células neuronales las cuales se encuentran conectadas a través de un balancín el cual, en principio, se mantiene en las neuronas “sensoriales”  las cuales están  siempre expectantes ante la posibilidad de que se susciten situaciones de riesgo y cuando estas aparecen, el balancín se traslada a las llamadas neuronas “guardianes”, encendiéndose así el  switch del miedo, por lo que de inmediato se alerta a otras regiones del cerebro, a fin de que todas las partes del cuerpo actúen.

Los indicadores de riesgo se dan de manera externa, ya sea por el claxon de un auto, el sonido de una alarma, movimientos de tierra (temblores).

Uno de los aspectos más fascinantes señalados por el especialista de la UNAM, es la interacción entre las sensaciones más primitivas hasta el razonamiento de que se está sintiendo miedo.

Cuando la amígdala percibe situaciones de riesgo, la reacción es primitiva en principio manifestándose a través de las hormonas del estrés (serotonina y dopamina), lo cual a su vez produce que se aceleren  el ritmo cardiaco y la respiración;  la sangre abandona los estratos superficiales de la piel  y se dirige hacia los músculos internos  proveyéndoles una mayor cantidad de oxígeno, a fin de que el organismo responda ante la emergencia, ya sea al huir o preparándose para una lucha.

Inmediatamente de estas reacciones en cadena, la alerta llega a otros centros del cerebro con el conocimiento, es decir, tener conciencia de que se está en riesgo y tras ello es posible pasar a un estado de conocimiento, a partir del cual se llega a un razonamiento, el cual puede ser sumamente complejo si de lo que se trata es de establecer una estrategia para salir de una situación de peligro.

El riesgo de lo irracional
 
En el marco de la ponencia “Dolor, percepción y conciencia.  El circuito del miedo y sus padecimientos”, del doctor Francisco Romo, investigador de la Escuela de Medicina de la UNAM, se planteó que la irracionalidad del miedo conlleva por sí misma riesgo para la persona que pueden mostrar signos de cobardía.

Es decir, esta irracionalidad puede conllevar a signos de un miedo sin fundamento que puede derivar incluso en situaciones de pánico, donde la persona  que lo siente no es capaz ni siquiera de reaccionar.

En estos casos se encuentran las fobias al agua, a los insectos, a otras personas, es decir, a agentes externos que representan en sí ningún peligro.
 
Por otra parte, existen riesgos externos que no tienen que ver con accidentes u otras situaciones intempestivas y de los cuales, al tomar conocimiento (es decir ser conscientes) nos puede provocar un miedo que nos puede volver vulnerables a la manipulación.

Por ejemplo, si un niño es amenazado con enviarlo a su cuarto  si no come todo lo que se le sirvió, termina comiendo todo porque tiene “miedo” al castigo; pero lo mismo puede suceder con una persona que acepta malos tratos como empleado porque tiene miedo de perder su trabajo.

Así, las amenazas y los chantajes son posibles gracias al miedo que hay dentro de diversas personas, las cuales requieren de recibir apoyo especializado porque generalmente su sensación de temor está asociado a otras alteraciones o trastornos mentales.


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