El niño sobredotado que quiere curar enfermedades

Concluyó un diplomado en bioquímica y biología molecular en la UNAM

14/03/2016 4:23
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Carlos con su papá Fabián Santamaría (Foto: Notimex)

“Para mí la bioquímica es un juego”, asegura Carlos Santamaría Díaz, quien con apenas nueve años, ya piensa en cómo realizar su próximo proyecto: desarrollar una bacteria modificada que sirva para curar enfermedades.

Carlos -considerado con alta capacidad cognitiva e inquietudes científicas- , es un niño sobredotado que concluyó el Diplomado en Bioquímica y Biología Molecular para la Industria Farmacéutica y Biotecnológica, con altas calificaciones.

Santamaría Díaz cursó junto con estudiantes de licenciatura y posgrado los tres módulos del Diplomado tutelado por la Secretaría de Extensión Académica de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Para mí la bioquímica es un juego”, asegura Carlos, al tiempo que mueve rápidamente sus manos para enfatizar sus palabras.

Con muy pocos años de vida, descubrió la Astronomía, que abrió su interés por la ciencia, y actualmente es la química su juego favorito que lo llevó en agosto pasado a terminar un diplomado en la mencionada facultad, donde cursa clases de álgebra y química, a las que es llevado por sus padres.

“La única forma en la que puedes entender a Carlos es viviendo con él, y yo me tarde siete u ocho años en entenderlo, mi esposa lo entendió más rápido”, dijo su padre, Fabián Santamaría, ya que Carlos no es sobredotado sólo en el salón de clases, sino que es sobredotado siempre.

Evitando “colocar etiquetas”, la especialista Martha Romay Morales, señaló que no se cuenta “con pruebas originariamente mexicanas para establecer este tipo de condiciones, para decir que estamos evaluando la inteligencia como un todo; las más usadas son las Norteamericanas”.

La académica de la Facultad de Psicología hizo hincapié en la complejidad que entraña la inteligencia, pues existen teorías sobre las “inteligencias múltiples” que abarca distintos aspectos, donde “cada persona tiene sus propios talentos”.

A Carlos Santamaría, le gusta la música, escucharla y a veces interpretarla, “toco el piano, aunque si me cuesta un poquito de trabajo”, reconoce con una sonrisa.

Al disfrutar de la música clásica, “me quedo ahí acostado, me ayuda a pensar”, a pensar en cosas como, “las vías metabólicas para generación de energía, me construyo modelitos de las moléculas y les voy cambiando cosas para simular lo que está pasando dentro de la célula”.

La formación de Carlos representa “un proyecto familiar”, aunque cada uno tenga sus proyectos independientes, el proyecto de Carlos lo manejamos entre los tres”, enfatizó Fabián Santamaría.

Para la especialista Martha Romay, esto resulta fundamental, ya que si bien estos niños se encuentran determinados por una dotación genética natural, “lo más determinante es el ambiente del niño”.

En ese sentido un aspecto fundamental es el ambiente familiar, “antes que nada necesitan la compañía, comprensión y amor de los padres”, agregó.

Así buscando lo mejor para su formación “está en un régimen que existe en la Universidad que se llama materias aisladas; tiene derecho a una calificación pero no acumula créditos”, explicó Fabián Santamaría.

Al mismo tiempo, Carlos continúa con sus estudios de primaria en un programa de educación en línea, en tanto encuentran la posibilidad y los apoyos para seguir adelante con su formación.

El niño de nueve años hizo finalmente un llamado a los maestros, “que no se cierren las cosas, o sea, ¿qué a los niños no les gusta estudiar? hay que encontrar la manera de que les guste, hay que encontrar la manera de que jueguen con lo que acaban de estudiar”. (Con información de Notimex)


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