Enfrentar el divorcio atañe a toda la familia

Cuando se vive una separación, los hijos son los más vulnerables por lo que es necesario evitar utilizarlos de mensajeros o espías.

14/03/2012 9:27
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Cuando una familia se enfrenta a la separación de los padres, quienes más sufren son los hijos porque son quienes quedan en medio del problema y no comprenden porque su vida va cambiar, explica la psicóloga argentina Silvia Salinas, autora junto con su hija, Ana Tempelsman, del libro “Los hijos en medio”.

Para Silvia y Ana, quienes vivieron y enfrentaron un divorcio, Silvia como esposa y Ana Tempelsman como hija, “los hijos siempre están en el medio. Ese es su lugar, es donde nacen, donde se crían”, por ello plantean la importancia de que los padres, sin importar el gran problema del divorcio, siempre le den el lugar que tienen a sus hijos en lugar de “usarlos de mensajeros o de espías, y no tirar allí sus peleas, su enojo, sus venganzas o sus gritos”.

Las autoras dijeron a SUMEDICO, a través de una entrevista realizada vía correo electrónico, que aunque no quieran, todos los miembros de la familia están involucrados en el divorcio, y “la parte más dura es el inicio de la separación, y para llevarla de lo mejor posible con los hijos es importante darles su espacio para escuchar y procesar la decisión del divorcio que per se es un shock muy doloroso”.

Comunicarlo juntos y no declarar culpables

En la opinión de las autoras, “para cuidar a los hijos, aconsejamos principalmente comunicar juntos la separación, teniendo en cuenta lo que los hijos necesitan escuchar, y no lo que los padres quieren decir, y ofrecerles una nueva estructura. Explicarles donde van a vivir, cuando van a ver a cada padre, y que cambios concretos van a tener lugar como consecuencia de la separación”.

De acuerdo con Silvia, lo mejor es presentarse ante los hijos como un bloque y no como un equipo dividido en donde uno deseaba separarse y el otro no, porque es más complejo y no tiene ningún caso decirlo a los hijos.

Otro de los aspectos centrales que las autoras mencionan es que “los hijos nunca pueden ser los culpables de un divorcio, es importante que los padres les expliquen que ellos no tienen la culpa, que los hijos no pueden influir en la relación de pareja de los padres, y que un divorcio es una cuestión de adultos”.

Y el consejo que dan es siempre reafirmarles que les aman y que no están enojados con ellos, sino abrirles un espacio de comunicación emocional.

Pero todo esto dependerá de la edad que tienen los hijos, pues “según su edad y desarrollo, los chicos pueden procesar una cantidad diferente de información. A pesar de que el mensaje siempre es el mismo, es posible que un niño de 12 años necesite más explicaciones, tenga más preguntas que un niño de 3 años. En general es bueno escuchar sus preguntas, y observar cuanto quieren hablar del tema, antes de bombardearlos con información. También es importante cuidarse de no compartir aspectos privados, íntimos de la pareja, o inapropiados para la edad de los hijos”.

Cuando los niños están en la escuela, Silvia dice que es mejor hablar con los profesores para que estén pendientes de ciertas reacciones y puedan entender la causa.

No hay buenos ni malos en la historia

Para evitar confundir más a los hijos, las autoras señalan que lo mejor es no marcar culpables, ni ponerlos a decidir sobre cómo o con quién van a vivir, sino que los padres son quienes deben tomar las decisiones y comunicarlas de manera clara a los hijos, pues aunque se hayan divorciado, ambos siguen siendo los responsables de los hijos, siguen a cargo de su educación.

Otro aspecto de suma importancia es no criticar ni hablar mal del otro padre, sino al contrario enseñarlos a tener una relación amorosa y decirles “ese es su papá, es el único que tienen, es bueno para ellos quererlo como es, entonces, no cultivarles el enojo. No mostrarles sus peores defectos, sino intentar que vean siempre lo mejor que tiene”.

Pues si ya de por sí la desestructuración de la familia es lo que más duele, es de vital importancia armar una nueva estructura en donde ninguno sea el que tiene la culpa y deben incluir a los hijos, decirles dónde van a vivir, cuándo van a ver a cada padre, qué es lo que va a cambiar concretamente y qué es lo que va a mantenerse.

Para que la transición sea suave, las autoras recomiendan:
 

  • Definir cuál va a ser el rol y la responsabilidad de cada padre.
  • Hacer un acuerdo flexible, por fuera de la justicia, para poder modificarlo si es necesario.
  • Pensar en cómo son los hijos, qué necesita cada uno, y que quizás el mismo arreglo no sea bueno para todos los hijos.
  • Tomar como unidad una semana, una porción de tiempo que para los hijos, sobre todo si son chicos, resulta manejable.
  • Asegurarse de que puedan seguir disfrutando de su infancia, y no se preocupen por cuestiones de adultos.

 

 

(*)Silvia Salinas
Licenciada en psicología en la U.B.A.  
Trabaja en la integración de la psicología y el camino espiritual.  
Especialista en psicoterapia de parejas.
silviasalinas@fibertel.com.ar

 


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