¿Es igual el cerebro de hombres y mujeres?

Especialista señala que las diferencias se determinan desde el útero materno y se van marcando por los cambios hormonales.

30/11/2011 8:46
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Es muy común escuchar que hombres y mujeres perciben el mundo de manera totalmente diferente, pero en realidad hay más semejanzas que diferencias.

De acuerdo con Ever Daniel Ferreira (*), especialista en estudios del cerebro, en efecto las mujeres y los hombres sí tienen conductas diferentes, mismas que son dictadas por la forma y la función del cerebro propio de cada género y que se determina desde que los bebés se encuentran en el útero de la madre. Entrevista en video

El médico señala que las diferencias no se van gestando a lo largo de la vida de las personas, sino que ya está todo marcado desde las etapas tempranas de la vida por los cambios hormonales (testosterona y estrógenos, principalmente), que son los que determinan la arquitectura cerebral.

Ever Ferreira indica que el cromosoma “Y”, es decir el que determina el género masculino, es el principal responsable de los cambios conductuales entre hombres y mujeres, pues “mientras las mujeres son tiernas, tranquilas y juguetonas, los hombres tienden más a la competencia y a la agresividad”.

Pero esto, más que una situación conductual contraria, es “lo que lleva a que en un futuro los hombres y las mujeres formen parejas funcionales, que más allá del gusto y la atracción por el otro, se encuentra un complemento en ambas personalidades para formar un equipo”.

Primera adolescencia a los 3 años

Ferreira indica que los hombres viven su primera adolescencia a los tres años de edad, porque es justo a esta edad que viene el primero bombardeo de testosterona y que provoca conductas muy similares a cuando llegan a los 13 o 14 años.

Según el especialista, los cambios se marcan en la conducta porque la testosterona está funcionando en ese momento como un “acomodador de la estructura de la psique”.

Sin embargo, las conductas masculinas se “feminizan”, cuando el hombre es adulto, está con su pareja y ella está embarazada y aún tres meses después del nacimiento del bebé.

“Es en este periodo cuando el hombre empieza a mostrar mucha empatía y apego, características que son más de las mujeres, pero que ocurre porque mediante la placenta, la mujer excreta una sustancia que sale por su piel y es absorbida por la piel del hombre provocando la activación de oxitocina en el cerebro de él, una hormona y neurotransmisor que desencadena el apego”.

Esto ocurre, dice el especialista porque por naturaleza, ante una etapa vulnerable y de necesidad del bebé y la mamá, el hombre debe estar al pendiente de todo lo que pase con ellos.

Diferencias sensoriales

Las actitudes empáticas que permiten ponerse en el lugar de alguien más y sentir lo que esa persona siente en determinado momento, son características de las mujeres, “por eso es que al ver una película donde alguien sufre y llora provocan en la mujer el mismo llanto y sufrimiento, cosa que no pasa en el hombre”, afirma Ever Daniel.

“Y esto no tiene que ver con que el hombre no tenga la capacidad de llorar, claro que puede hacerlo, pero no se provoca el mismo efecto porque su funcionamiento cerebral en este aspecto sí es diferente del de la mujer, agrega.

En este aspecto intervienen las neuronas en espejo ubicadas en el lóbulo pariental lateral del cerebro, “son estás neuronas las que activan la empatía y las mujeres tienen más actividad en esta zona que los hombres”.

Esta diferencia es la que Ever Daniel menciona como la responsable que “el hombre resuelva un problema sin fijarse en lo que la otra persona siente con la decisión que se tome, mientras que una mujer antes de resolver va a pensar y a fijarse en lo que el otro va a sentir con la toma de decisión”.

Habilidad multitasking

La habilidad de desarrollar varias tareas a la vez, en efecto es propia de las mujeres, dice el médico, pues gracias al “30% más de cuerpo calloso cerebral que poseen en relación a los hombres, tienen una mejor interconexión cerebral de ambos hemisferios”.

Esta característica permite desarrollar varias actividades a la vez, mientras que los hombres, al no tener esta propiedad cerebral, “tienen a lateralizar las actividades provocando que sólo puedan hacer una a la vez aunque con mayor eficiencia”.

Y todo esto más allá de enfatizar diferencias, dice Ever Daniel, “nos lleva a darnos cuenta que con el otro podemos ser seres humanos más completos”.

Las diferencias no significan que los hombres no puedan ser sensibles o que las mujeres no puedan ser agresivas y violentas, sino que además de la estructura cerebral “deben tomarse en cuenta los contextos por ejemplo la violencia ocurre cuando hay un deseo es decir –yo quiero-, mientras que la agresividad brota por un impulso de necesidad”.

Sin embargo, las conductas son diferentes, “las mujeres verbalizan más fácilmente y sus agresiones son más verbales que físicas, en contraposición los hombres siempre tienden más al contacto físico”.

“De hecho podemos ver que gracias a la enorme facilidad de verbalizar, las niñas pueden hablar solas y sin necesidad de que haya un interlocutor y es totalmente normal”.

La forma condiciona la función

El especialista explicó que el cerebro funciona de determinada manera a partir de la forma o citoarquitectura que tiene, por ello es que más allá de las ideas de cómo es un hombre o una mujer conductualmente, hay que prestar atención a la forma de su cerebro, misma que incluso condiciona la forma de aprender, más no la inteligencia.

Y esta misma estructura cambia a lo largo de la vida “porque muchas neuronas van muriendo conforme envejecemos y son las que nos permiten comportarnos como personas de edad avanzada e incluso en algunos casos desarrollar patologías como el Parkinson”, señala el especialista.

Sin embargo, a pesar de lo difícil que es lograr una mitosis (división celular), dentro del cerebro, en ocasiones “otras regiones llaman a las células y ellas migran a otras partes abriéndose camino entre los tejidos y dando lugar a otro tipo de cualidades, como lo que pasa todo el tiempo cuando aprendemos algo, y es lo que nos permite seguir aprendiendo cosas constantemente”.

A esto se le llama neurogénesis y ocurre en las aéreas periventriculares y en el giro dentado del hipocampo, y es “justo lo que se conoce como plasticidad cerebral”, de acuerdo con el especialista esto está más desarrollado en las mujeres porque “se sabe que los estrógenos tienen una insidencia directa en las espinas dendríticas (las que hacen que aprendamos), aunque no ocurre en todo el mes, sino que baja pasando la etapa estrogénica del ciclo de ovulación”.

El especialista enfatiza que “toda diferencia llama a que nos conozcamos muy bien, y que gracias a ellas sepamos que hay semejanzas, antagonismos y que todo sirve para entender al otro y hacer un buen equipo”.  

(*) Ever Daniel Ferreira Garcidueñas. Médico general e investigador de enfermedades neurogenerativas.


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