Escritores del terror vivieron enfermos

Edgar Allan Poe y Lovecraft fueron atacados por diversos males, mismos que pudieron incentivar su arte o llevarlos a la tumba.

27/10/2010 2:10
AA

Para cualquier buen aficionado al terror decimonónico, y las sensaciones de angustia y adrenalina que éste provoca en su cuerpo conforme van pasando las páginas, los dos referentes literarios más importantes provienen de Norteamérica, específicamente de Baltimore y Nueva Inglaterra: Edgar Allan Poe y Howard Phillips Lovecraft, respectivamente.

Poe fue el escritor de horror y suspenso tradicional por excelencia, quien además incorporaba los valles de angustia que favorecían su prosa en sendas poesías como El Cuervo, Balada Nupcial y Anabel Lee; además de tocar, generalmente, los límites la decadencia humana con relatos como El Barril de Amontillado, El Hombre de las Multitudes y La Caída de la Casa Usher.

Lovecraft, por su parte, cocinó sus historias siguiendo la línea del relato de terror tradicional, impuesta por Poe (a quien siempre consideró su maestro), pero configuró un estilo extraterrenal, en donde los antiguos pobladores de la Tierra, seres configurados o dominados o reducidos por elementos naturales se hallan atrapados en el universo, en un panteón del que sólo saldrían si se les invoca con los rezos del Necronomicón: a esto se le bautizó como horror cósmico.

Lo que poca gente sabe es que ambos escritores, los dos maestros del horror, pasaban por diversos problemas médicos que, o bien interferían en su arte, o lo motivaban.

Hipocondríaco por herencia

HP Lovecraft, por ejemplo, era un descendiente de hipocondríacos y no sólo heredó el gen de la desconfianza médica sino se recluyó en las sombras debido a que, gracias a las enfermedades psicosomáticas que lo afectaban, todas debidas a una relación diádica, su piel sufrió y, aunque esto se cree que es un mito, se dice que HPL salía a pasear sólo de noche ¡y a los panteones!

Otra de sus patologías, que fue una de las razones que provocaron que se divorciara de su única esposa, Sonia Greene, era la genofobia (aversión al sexo).

Curiosamente, una de las explicaciones respecto a las enfermedades psicosomáticas, revela que éstas se caracterizan porque el paciente no puede expresar su conflicto, sus sueños no son muy nutridos y, lo más extraño para el caso de HPL, tienen muy reducido el espacio simbólico de la fantasía.

Tal vez, sólo tal vez, podríamos decir que HPL estallaba en su literatura como no podía estallar con nadie más.

HPL sufría por el frío (largas expediciones sobre bloques de hielo en historias como Las Montañas de la Locura) y se sentía terriblemente enfermo incluso en temperaturas de 20 grados centígrados. Murió de cáncer intestinal e insuficiencia renal en 1937, después de pasar 15 días en el hospital.

El cuervo de la tempestad

EAP tiene una historia todavía más trágica en lo que a salud se refiere. Era tal el daño que tenía en el cuerpo que, tras la autopsia, no se pudo determinar si murió debido a su excesivo consumo de alcohol, a una congestión cerebral, cólera, sobredosis de drogas, fallo cardíaco, rabia, suicidio, tuberculosis u otras causas.

Una de sus primeras enfermedades conocidas, y reconocidas, fue el alcoholismo, lo que le llevó no sólo a perderse por ahí, en completo estado de ebriedad, frecuentando casas de mujeres, sin llegar a la suya, o bien sufrió algunos despidos de empleos que en verdad necesitaba porque era atrapado bebiendo de más.

De acuerdo con uno de sus principales biógrafos, Joseph W. Krutch, Poe sufría de impotencia, de ahí que se casara con su prima, 13 años menor, cuando él tenía 26, para evitar tener relaciones maritales normales.

No obstante, lo que en verdad consumió a Poe fue la tuberculosis de su esposa, Virginia, que significó la desbarrancada del escritor quien perdió amigos y dinero, llegando incluso a estar sin un pan para llevarse a la boca.

Fue tal la manera como Poe sufrió la enfermedad de su mujer (“Mi propia enfermedad”, decía), que, en una ocasión, su amigo Chauncey Burr aseguró haberlo visto a media noche, sentado en el panteón junto a la tumba de su esposa.

El escritor era aficionado al alcohol y al ajenjo, y a fumar grandes cantidades de opio, además de tabaco y, según coinciden los analistas modernos, sufría de un trastorno bipolar maniaco-depresivo, de ahí, dicen, su estilo literario a veces sutil a veces desordenadamente horroroso y grotesco.

Murió el 7 de octubre de 1849. Lo hallaron tendido en la calle, delirando. Ya se enlistaron las posibilidades de su muerte, sin embargo, existen otras recogidas como leyendas.

Una de ellas, tal vez la más absurda, que reza que fue embriagado por los agentes electorales que secuestraban gente para obligarla a votar varias veces por el mismo candidato.

Los documentos oficiales aseguran “congestión cerebral”, que era la manera como se ocultaba, por temor al escarnio popular, el alcoholismo.

“Que Dios se apiade de mi alma”, es una de la últimas frases que se atribuyen al escritor.
 


Tags

Agregue su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada

Iniciar Sesión

Si todavía no tienes cuenta con nosotros:

Recupera tu cuenta

Sexo

Elige los temas que te interesan: