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Empezó a fumar a los 15, dejó el hábito al nacer su hijo

El empresario Francisco Solares, comparte la historia de cómo empezó su tabaquismo y cómo logró dejar el cigarro.

  • 31/05/2013
  • 08:20 hrs.
Con sus gigantescos árboles de Laurel de la India, unidos a la magnífica arquitectura japonesa de madera, piedra, estanques con carpas rojas y bambú, el Hotel Sumiya de Cuernavaca es un lugar paradisiaco para sus visitantes. Irónicamente, este magnífico lugar de descanso que fue casa de la multimillonaria estadunidense Barbara Huton (heredera de  la cadena Woolworth), fue el lugar donde el estrés llevó a Francisco Solares Durán a alcanzar sus niveles más altos de consumo de tabaco. Eran los años 90.
 
A dieciséis años de distancia de que encendió su último cigarrillo, este empresario independiente, dedicado al ramo de los banquetes, recuerda que durante los años de juventud que trabajó en el área de bebidas del Hotel Sumiya su dependencia de la nicotina era tal que no podía dormir si no fumaba un cigarrillo antes de irse a descansar. Se irritaba si descubría que se había quedado sin cigarros y era capaz de salir muy noche a buscar tabaco por cualquier parte de Cuernavaca.
 
Quizá la cantidad de su consumo sea menor a la de otros fumadores, pues no consumía las cuatro cajetillas de cigarrillos al día que eran características de su jefe, pero sí se fumaba su “cajetilla reglamentaria” y hasta cajetilla y media cada 24 horas.
 
“Llega un momento en que agarras cualquier cigarro que te estiren, ya ni te fijas en la marca”, dice este padre de familia y esposo, de 44 años de edad, quien comenzó a fumar a los 15 años de edad, en unas vacaciones en San Luis Potosí, durante paseos nocturnos en el carro de un primo, con el que recorrían los ranchos y el campo.
 
“Un primo cuatro años mayor que yo, nos llevó a mis hermanos y a mí a pasear y ahí empezó a fumar y nos roló la cajetilla y nos empezó a enseñar a fumar. Mis hermanos y yo le copiábamos hasta que dejamos de toser y aprendimos a fumar. La marca de los cigarros era John Player Special. En aquella época eran los famosos JPS, que les decía yo los ‘Javier Paco  Solares’ y me identificaba con ellos”, recuerda este hombre que tiene un hermano gemelo llamado Juan Carlos.
 
Después del primer cigarro, los gemelos Paco y Carlos fueron a tomar mucha agua y a comer algo para evitar que sus padres los descubrieran por el aroma a tabaco. A Francisco, en particular, le dolía la cabeza y la parte de arriba de los ojos. Siguió fumando todas las noches de esas vacaciones porque su primo le dijo que la cruda del cigarro era como la cruda del alcohol: “Veneno saca veneno. Fumando otro se sentirán mejor”, fue lo que les dijo.
 
Finalmente su padre sí los descubrió cuando habían adquirido el hábito y les advirtió que uno de los riesgos más importantes para los jóvenes que empezaban a fumar era que, al comprar cigarros sueltos, les pudieran vender “cigarros cargados”, que era una modalidad de venta e inducción al consumo de mariguana, documentada en los años 80 y 90. Así que el padre de Francisco le dijo que si iba a fumar era mejor que comprara cajetillas en la tienda y que pagaría su consumo de tabaco con lo que ganaba ayudando a atender mesas en un restaurante familiar.
 
“Dentro de lo malo. Prefiero que esto se quede en cigarro y no se siga a otras drogas”, le indicó su papá.
 
El consumo inmoderado
Deportista desde niño, el gemelo Francisco Solares entrenaba futbol a lo largo de la semana y jugaba en diferentes ligas amateur, dos veces a la semana. Jugaba también tenis y squash. Ese mismo espíritu lúdico o juguetón se trasladó a su relación con el tabaco.
 
“A mí, en lo personal, sí me gustaba fumar porque yo era de los que tomaba el cigarro y me gustaba pasar el humo por la nariz y luego hacer burbujas, donitas o bolitas o todo lo que pudiera hacer. Al principio era un gusto y un placer, principalmente después de comer. Pero las cosas empezaron a cambiar cuando entré a trabajar, a los 19 años de edad al Hotel y Restaurante Sumiya. Ahí mi jefe fumaba 4 cajetillas diarias.
 
“Empecé a fumar más con mi nuevo jefe. Según yo, para suavizar cambié de marca y en lugar  de John Player Special comencé a fumar Benson Lights o Benson dorados. Alguien me decía que le había quitado fuerza pero le había aumentado de tamaño, porque eran más largos. Y en esa época, como asistente, pasé de tres cigarrillos diarios al nivel de una cajetilla y media diaria”, cuenta Solares Durán.
 
En la época en que este especialista en banquetes trabajó en el área de Alimentos y Bebidas de Sumiya, no había restricciones para fumar en espacios públicos ni había motivos para que el consumo de tabaco generara alguna llamada de atención. Además, su jefe era un fumador bromista que repetía la frase del escritor Mark Twain (autor del libro Tom Sawyer) “Dejar de fumar es fácil, yo lo he dejado como cien veces”.
 
“Mi jefe fumaba Marlboro rojos y me invitaba. Así llegué al momento en el que ya no te identificas con una marca. Es la fase en que te estiran la cajetilla y ya sin pensar agarras. Trabajé cinco años en Sumiya y fue la peor época de mi consumo de tabaco. Me echaba hasta cajetilla y media. En esa época me casé y ya tenía una dependencia porque en la noche, si no tenía cigarros me salía por la ciudad a buscarlo”, indica.
 
Recuperando el aliento
Cuando tuvo su etapa de mayor consumo de tabaco, Paco Solares dejó de hacer ejercicio con disciplina pero sí se reunía con sus hermanos y familia a jugar tenis los martes y jueves. Ahí comenzó a padecer los problemas respiratorios que acompañan a los fumadores.
 
“Comencé a tener esa tos que sale con flemas, con baba y que te lastima. Poco a poco los partidos ya no los aguantaba y también me di cuenta de que  mi dinero ya no me alcanzaba. Mis padres me enseñaron a dividir mi ingreso en tres partes: casa, ahorro y gastos personales. Pero cuando fumaba, mis gastos personales ya nunca llegaban al final de la quincena. Si yo ganaba, en aquel entonces, 3 millones de antiguos pesos (aproximadamente  3 mil pesos actuales) , me gastaba 600 mil antiguos pesos (600 pesos actuales) en cigarros.
 
“Me preocupaba el tema del tabaco por los cambios físicos y económicos, además me puse a investigar y me di cuenta de que el cigarro y el alcohol son dos de las drogas más adictivas. Yo sí me daba cuenta de que reaccionaba de manera más agresiva cuando no tenía tabaco y hacía valer mi necesidad de ir a comprar cigarros a como diera lugar”, indica Solares, quien sigue laborando en el área de Cuernavaca y Jiutepec, en Morelos.
 
Cuando finalmente tomó la decisión de dejar de fumar, fue uno de los primeros dentro de su grupo social pues la mayoría de sus amigos y familia fumaba. Actualmente, el 90% de sus amigos y familia ya ha dejado el cigarro.
 
El motivo
La decisión de dejar de fumar finalmente vino cuando su esposa se embarazó por primera vez. Este hecho feliz, unido a un examen médico donde le detectaron niveles altos de colesterol y triglicéridos, le hizo decidirse y no fumar más.
 
“Yo ya había cambiado algunos hábitos, como el dejar de fumar desde las 7 de la mañana. Poco a poco lo fui postergando hasta después de la hora de la comida. Me quité los cigarros de la mañana y después ya no me costó tanto trabajo. Cuando nació mi hijo le prometí a Dios, por mi familia y por mi salud, dejar de fumar. En el momento en que recibí la llamada para decirme que mi hijo ya había nacido y que estaba bien. En ese momento tiré la cajetilla y nunca volví a fumar”, cuenta Paco Solares.
 
A dieciséis años de distancia de haber fumado su último cigarrillo, este empresario especializado en banquetes dice que no volvería a fumar “para que el dinero no salga volando por otro lado” y “para poder alcanzar todos los proyectos que me he propuesto con mi pareja y con mi familia”.
 
“El momento en que sentí que ya había dejado el cigarro fue una madrugada de navidad. Mi hijo nació un 12 de octubre y yo me estuve aguantando y sabía que había una fecha crítica que era la noche del 24 de diciembre pues en mi familia tenemos la costumbre de quedarnos en casa de mi tía y amanecer echándonos una copa final  y  un cigarro. Yo dejé de fumar el 12 de octubre, pero me dije que si volvía a fumar una última ocasión sería esa madrugada del 25 de diciembre, en Navidad. Pero me senté al lado de alguien que estaba fumando, aspiré un poco de humo y ya nunca volví a agarrar un cigarro”, concluye Francisco Solares Durán.

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