Estrés y depresión: causas de infertilidad

Estados de estrés y depresión pueden ser tanto causas como consecuencias de problemas de infertilidad que enfrentan diversas mujeres.

25/03/2011 4:15
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El estrés y la depresión en ciertos niveles y acorde a las características de cada mujer pueden ser causa de infertilidad, pues tienen un impacto tanto en la inmunología como en el metabolismo de las hormonas, aseguró la especialista Emma Torra.

Precisó que bajo un estado de estrés, el cerebro produce otras hormonas cuyo efecto altera la ovulación, en consecuencia los ciclos menstruales se tornan irregulares e incluso puede desaparecer la ovulación.

Adicionalmente, la  tensión emocional puede ocasionar un aumento en las contracciones uterinas e interferir con el proceso de implantación del óvulo fecundado por el espermatozoide.

En cuanto al hombre, el estrés afecta tanto su disposición a la actividad sexual como la calidad del esperma porque también enfrenta alteraciones hormonales.
 
Pero la depresión y estrés también son efecto de la infertilidad, pues al enfrentar el problema la pareja experimenta tristeza, tensión, sentimientos de culpa por no lograr el embarazo, e incluso presión social.

De tal forma, es posible encontrar casos donde la depresión y estrés entran en un círculo vicioso donde ambas alteraciones emocionales se convierten en causa y consecuencia de la infertilidad, puntualizó Emma Torra.

Ello debe ser considerado por las parejas que han determinado iniciar un proceso de reproducción asistida, pues enfrentarán diversas y muy contrastantes emociones, como puede ser alivio y esperanza ante una posibilidad positiva, pero al mismo tiempo ansiedad, desconcierto y confusión ante los diversos procedimientos y las posibilidades de falla.

Emma Torra precisó que la respuesta emocional de cada pareja y persona en lo individual depende de varios factores, como son personalidad;  los mecanismos de defensa que suela emplear de manera inconsciente; el respaldo familiar o de amigos con los que cuente; y el significado que le signifique este  problema de infertilidad y el proceso de reproducción asistida.

Entre esta gama de emociones, reconoció, destaca el temor anticipado ante las exigencias físicas y financieras implicadas.

A esto se agrega la carga que de antes representa el sentimiento de culpa al sentir que “falló” al no poder lograr un embarazo. En este caso, puntualizó la experta, existe una  diferencia de género, pues en la mujer la infertilidad está asociada a un rol social, en tanto que en el hombre se vincula con el desempeño sexual, en ambos casos se ve amenazada  la identidad.

 Debido a las alteraciones emocionales que genera, la infertilidad es considerada como  uno de los eventos más estresantes que afecta la vivencia a nivel individual y de pareja, por ello incluso se ha considerado a como una crisis de vida y se compara con enfermedades crónicas, como cáncer o diabetes.

El proceso de duelo

La infertilidad, al no permitir cumplir un anhelo, es considerada también una experiencia de pérdida que requiere enfrentar una serie de duelos, refirió la especialista Emma Torra.

La primera de este proceso de duelos es la negación, porque generalmente se cree que se tiene control absoluto sobre nuestro cuerpo, pero la infertilidad nos enfrenta a la realidad de que no es verdad. La negación puede durar poco o mucho tiempo, y en esta etapa puede ser que la pareja no quiera ver al doctor, evada el tema y haga como si no pasara  nada.

La segunda etapa es la de la ira, donde las personas reaccionan como si fueran agredidas y cuestionan “¿por qué a mí?”; tratan de explicarse qué han hecho mal y se presenta una serie de emociones como enojo, culpa, tristeza, resentimiento, miedo, vergüenza, frustración y preocupación.  “Es una montaña rusa emocional, en donde a veces están en la parte más alta, llenos de esperanza,  y cuando el tratamiento no funciona, bajan a la parte más triste, sintiéndose deprimidos”.

La tercera etapa es la de negociación, en la cual se atribuye a la infertilidad una naturaleza de castigo por acciones del pasado, por ejemplo mujeres que se  provocaron un aborto de jóvenes o tuvieron relaciones antes del matrimonio; todo esto genera una culpa enorme y empiezan a “negociar” el “perdón” con Dios o con la vida, mediante promesas de “portarse bien” para que se les conceda un bebé.

La cuarta etapa es cuando se comienza a buscar una explicación real, médica, del por qué no se logra el embarazo, entonces  las emociones se vuelven más controlables, Este es un  mecanismo de defensa en el cual la pareja, de manera consciente o inconsciente, comienza a explicarse la razón de lo que vive.

La quinta y última etapa es la de aceptación, cuando se reconoce que  hay un problema de infertilidad y buscar las mejores alternativas acorde a su realidad tanto fisiológica como emocional, así como económica. Al lograr elevar nuevamente su autoestima, empiezan a buscar soluciones comienza el proceso de aceptación y resolución donde determinan si explorarán diversas técnicas de reproducción, o si se decidirán por la adopción.
 


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