Estudian en la UNAM el síndrome de jetlag

El reloj biológico se descompone por la variedad en los horarios ya que recibe señales erróneas del exterior cuando en el interior requiere de otras.

20/01/2011 9:17
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Investigadores del Laboratorio de Cronobiología Clínica y Experimental de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, encabezados por Alberto Manuel Ángeles Castellanos, realizaron un estudio sobre el jet lag, al cual consideraron como un problema de descompensación de horarios.

El problema principal, de acuerdo con los investigadores, es que todos los organismos vivos cuentan con un reloj biológico, el cual puede alterarse por diversos agentes externos. No obstante, tras las investigaciones se descubrió que además del reloj biológico existe un sistema de medición temporal, conocido como sistema circadiano (del latín circa, “cerca”; y dies, “día”, ciclos de 24 horas).

Es por esta “herramienta” que el organismo se programa con un ritmo específico cuando, por ejemplo, el ambiente se encuentra oscuro y no se desprograma.

La luz y la oscuridad entran por la retina del ser humano y se convierten en señales temporales que el cerebro registra a través de la retina y gracias al haz retinohipotalámico.

“Este haz lleva directamente la información luminosa y temporal al núcleo supraquiasmático, el reloj biológico; posteriormente, éste se sincroniza con el ciclo ambiental externo”, explicó Ángeles Castellanos.

La información temporal que recibe el cerebro es enviada a los órganos vitales para que los cambios temporales se reflejen en ellos.

“Además, existen genes dentro de las neuronas del núcleo supraquiasmático y de los osciladores periféricos, llamados genes reloj, cuya síntesis es de 24 horas y no se puede acortar. En ellos, se origina el mecanismo molecular que tiene que acoplarse al nuevo ciclo al que el viajero acaba de llegar”, indicó el investigador.

Por ejemplo, cuando se viaja hacia el este, se adelanta un día, hay un avance en el exterior pero no en el interior, lo que genera la desincronización. El organismo, el reloj biológico, recibe una señal del exterior, aunque en el interior existan seis horas de atraso cuando menos.

“Entonces, lo que hace la maquinaria de este reloj es modificar el tiempo para ajustarse a ese día tan corto, o a esa noche tan corta, según la hora en que se viaje. En ese momento aparece el desajuste entre el tiempo del ambiente externo y el reloj interno de los osciladores periféricos”, apuntó Ángeles Castellanos.

Otra alteración importante es la de la alimentación, ya que la digestión se complica porque las enzimas están acostumbradas a trabajar en ciertos horarios y no se acoplan a los diferentes husos horarios.

“Esta desincronización externa entre el ciclo luz-oscuridad y el reloj da como resultado, a su vez, una desincronización interna entre el reloj y los osciladores periféricos, que puede provocar algunos síntomas como taquicardia debido a la desrregulación del sistema cardiovascular y sanguíneo, a la densidad plaquetaria y al ritmo del cortisol y la adrenalina (…) También hay alteraciones digestivas, constipación, fatiga, insomnio, irritabilidad y confusión. Incluso, se habla de riesgo de cáncer mamario cuando se padece jet lag de manera crónica”, afirmó el investigador.

De acuerdo con investigaciones, se requiere de un día de ajuste por cada hora desajustada para poder reorganizar el organismo.

Para evitar el jet lag, los expertos recomiendan llevar un antifaz para dormir durante el vuelo, hacer ejercicio al llegar al destino para evitar caer en el sueño, inclusive se recetan dosis de cinco miligramos de melatonina días antes de viajar.

En el Laboratorio de Cronobiología Clínica y Experimental se ha desarrollado una terapia llamada cronoterapia alimenticia, por medio de la cual se pretende controlar el jet lag, a través de los alimentos.

Según los investigadores, un método práctico de combatir el jet lag es ayunar durante el vuelo y ajustar los tiempos de alimentación con los horarios del destino final.

“El alimento genera cantidad de señales que van al cerebro, desde glucosa hasta insulina, metabolitos energéticos y señales hormonales, y son mucho más poderosas para el cerebro que el ciclo luz-oscuridad. Ahí encontramos la resincronización después del proceso de jet lag”, aseguró. (Fuente: UNAM)
 


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