Felicidad: una elección de conductas

Un estudio encontró que la felicidad es el resultado a largo plazo de las conductas que un individuo eleige tener a lo largo de su vida.

05/10/2010 11:00
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Hace un tiempo, un estudio realizado en la Universidad de Melbourne en Parkville (Australia) y publicado en la edición digital de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), había arrojado que la felicidad dependía de los genes, sin embargo, no es exclusiva de ello, sino de una elección de cada individuo.

Pues el estudio además demostró que el tipo de conductas que cada individuo tenga tiene influencia en el largo plazo en la felicidad.

Los investigadores, dirigidos por Bruce Headey, analizaron datos de una encuesta global socioeconómica alemana, una serie de entrevistas anuales de adultos y miembros de unidades familiares entre 1984 y 2008, y descubrieron que un segmento sustancial de la población alemana ha experimentado cambios a largo plazo y aparentemente permanentes en la felicidad durante este periodo de 25 años.

Los autores dijeron que los descubrimientos contradicen la teoría popular del punto de equilibrio del sistema, que mantiene que la felicidad de un individuo permanece estable a lo largo del tiempo debido a sus características genéticas y de personalidad.

Los resultados mostraron que los objetivos vitales y las elecciones, religión, estabilidad emocional con una pareja, el equilibrio entre trabajo y ocio, la participación social y un estilo de vida saludable tienen un impacto similar o superior sobre la satisfacción vital en comparación con variables como la extroversión y el estar casado o tener pareja.

El análisis no mostró una asociación entre la similitud con la pareja y la satisfacción vital, pero descubrió que las personas que priorizan los objetivos altruistas o familiares están más satisfechas con la vida que aquellos que dan prioridad a las carreras y al éxito material.

En el caso de las mujeres, la obesidad y las parejas que daban una baja prioridad a los objetivos familiares daban lugar a una menor satisfacción vital en comparación con cómo se sentían quienes se encontraban solas.

Según los investigadores, las evidencias de que la satisfacción vital a largo plazo no es necesariamente estable podrían animar el interés político y científico sobre la felicidad.
 


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