Fobia social, el miedo a relacionarse

El mayor riesgo está en niños pequeños con conductas inhibitorias y su desarrollo durante los años de la adolescencia.

07/11/2014 4:23
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El temor a relacionarse con los demás, incluso el miedo a ser evaluado por los otros, en cualquier situación social, es denominado como fobia social.

Las hipótesis señalan un mayor riesgo en los niños pequeños con conductas inhibitorias y a su desarrollo durante los años de la adolescencia, cuando las relaciones sociales son especialmente importantes.
 
Los criterios o síntomas que se establecen para su diagnóstico son el temor a la interacción social, sufrir ansiedad grave, evitar las situaciones sociales, sufrir deterioro en algún área importante o varias de la vida y que estos  temores no se atribuyan a otro trastorno o enfermedad médica.
 
Según explica Vicente Caballo, investigador y catedrático de Psicopatología en la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada, los datos apuntan a que el trastorno podría estar presente en hasta un 6 o 7 por ciento de la población
 
El diagnóstico es reducido ya que, entre otros aspectos, estas personas temen al hecho de acudir a consulta con un médico o psicólogo desconocido.
 
El especialista indicó que muchos de ellos acuden a consulta tras 12 o 14 años de sufrir el problema, cuando toda su vida está organizada alrededor de la fobia y enfatizó que el tratamiento de la patología es más fácil y eficaz de lo que pudieran creer quienes la padecen.
 
Se considera que en la estructura básica existen 5 dimensiones en la que la persona sufre miedo y desarrolla ansiedad: ante los desconocidos, frente al sexo opuesto, a hablar en público, a expresar el malestar y a hacer el ridículo o quedar en evidencia.
 
Los autores desarrollaron un cuestionario para identificar la fobia social a través del que pudieron definir estas dimensiones y trabajan sobre un programa de tratamiento dirigido a las cinco características básicas adaptadas a la cultura latina. 
 
El trastorno puede comenzar en los primeros años de vida en aquellos niños con un temperamento de inhibición conductual que muestran comportamientos como asustarse con facilidad ante situaciones nuevas o incluso juguetes, los que lloran en mayor medida sin justificación aparente o que presentan más miedo ante los extraños.
 
Si se suma que estos niños puedan pasar por algún tipo de trauma social como burlas de los compañeros de clase o incluso acoso escolar, las posibilidades de tener fobia social en la vida adulta aumentan.
 
El 30 por ciento de los menores comienza con la fobia antes de los 10 años y el resto en la adolescencia; es muy raro que, sin antecedentes, un adulto desarrolle fobia social, a menos que haya pasado por algún trauma social muy grave.
 
El tratamiento puede venir de la mano de los ansiolíticos recetados desde la psiquiatría o bien el uso de la terapia psicológica cognitivo-conductual que es la que da mejores resultados.
 
En las sesiones de terapia cognitivo-conductual se trabaja la relajación para controlar la ansiedad, se realiza un entrenamiento en habilidades sociales para dotar de herramientas a la persona a la hora de relacionarse con los otros y se ensayan situaciones difíciles de interacción social en un ambiente seguro para el paciente que luego tendrá que poner en práctica.
 
Se realiza también una reestructuración cognitiva al trabajar con los temores, los pensamientos anticipatorios y catastrofistas y la posible evaluación o juicio social para cambiarlos por pensamientos positivos que ayudan al paciente a enfrentarse con seguridad a las situaciones que le producen ansiedad (Con información de Infosalus).
 

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