Gadafi, egocéntrico y paranoico, dicen especialistas

Psiquiatras aseguran que la personalidad de Muamar el Gadafi es peligrosa porque es un paranoico ególatra con poder y miedo.

01/03/2011 8:21
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José Cabrera, Psiquiatra Forense y Autor del libro “La salud mental y los políticos”, reveló a EL MUNDO.es, después de realizar un análisis exhaustivo a las maneras del líder libio, Muamar el Gadafi, que el polémico revolucionario tiene una personalidad paranoide.

“Sin ninguna duda, su discurso en una tarima improvisada con el fondo de su palacio tiroteado, rápido y lleno de cólera irracional tiene todos los rasgos de atender a una persona que presenta un cuadro paranoide activo en el final de su evolución”, dijo Cabrera.

“Muamar está convencido de que tiene la razón y es el resto el que está equivocado. Piensa que todo es un complot y que los sublevados lo hacen por odio y rencor contra su persona. A lo largo de los años se ha fabricado un mundo egocéntrico, rígido, intolerante y totalmente narcisista, al que si sumamos petróleo y gas da una idea del polvorín en el que vive Libia ahora mismo”, abunda el doctor Cabrera.

Para Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, el líder libio “presenta un cuadro claramente patológico, un estado paranoico que le hace incapaz de aceptar cualquier crítica o duda sobre su persona”.

Según los expertos, lo más peligroso es cuando estas personalidades egocéntricas y paranoides cuentan con poder, ya que puede desatar sus delirios de superioridad, ya que este tipo de personajes vive con mucho miedo.

“Gadafi sufre lo que en psiquiatría se conoce como un desarrollo patológico de la personalidad. Sufre de manía persecutoria y es desconfiado y suspicaz con todos los que le rodean. Piensa que le quieren matar y que sus enemigos intentarán acabar con él en cualquier momento y en cualquier lugar”, sentencia Gándara.

Las frases que ha lanzando en sus discursos, y que han llamado la atención de los especialistas, han ido acompañadas de mucha teatralidad, demasiado estudiada, y con una intención más bien iracunda.

Se comportan, de acuerdo con Gandara, como lo hacían los antiguos reyes, y “será imposible que dé su brazo a torcer (…) No hay manera de cambiar sus ideas, ni siquiera funcionan los fármacos en esta gente”. (Con información de El Mundo)

 


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