Grasas buenas y malas, ¿cómo distinguirlas?

No sólo no todas las grasas son malas o perjudiciales, sino que además el organismo necesita de algunas de ellas para funcionar correctamente.

04/09/2011 11:11
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Las grasas trans, que han sido calificadas como uno de los tipos más “malos” para la salud, no sólo deriva en la obesidad sino que, según publicó SUMEDICO recientemente,  también incrementa el riesgo de desarrollar depresión.

Pero  no sólo no todas las grasas son malas o perjudiciales, sino que además el organismo necesita de algunas de ellas para funcionar correctamente. La clave está, entonces, en aprender a combinar este alimento, y sobre todo en saber cómo consumirlo, cuáles son las grasas “buenas” y cuáles las “malas”.

“Las grasas son buenas y necesarias para el cuerpo, dado que entre sus principales funciones se encuentra, por ejemplo, la reserva de energía para los tiempos en que no se puede alimentar el organismo. Si bien las grasas forman parte de la estructura de todas las células, más que nada conforman la estructura del cerebro. Además, son esenciales para generar sustancias como la vitamina D, las hormonas sexuales (femeninas y masculinas) y las prostaglandinas, que son moléculas antiinflamatorias y necesarias para el sistema inmunológico”, consignó la doctora María Alejandra Rodríguez Zía, médica endocrinóloga.

“Hay grasas que son esenciales, y que el cuerpo debe incorporar de los alimentos porque no las puede sintetizar. Entre éstas se cuentan los ácidos grasos omega 3 y omega 6”, agregó la especialista.

La clave: aprender cómo se pueden digerir mejor las grasas

“Sabemos que la grasa es más nociva para el cuerpo cuando se encuentra en estado sólido y a temperatura ambiente, como por ejemplo la grasa del asado, la margarina, el salame o el chorizo. El principal ‘peligro’ de estas grasas es que son más difíciles de diluir en el agua, por tener moléculas grandes y rígidas”.

“Por su parte, las grasas líquidas como el aceite de oliva o girasol tienen moléculas flexibles, porque poseen diferentes cantidades de hidrógenos”, expuso Rodríguez Zía y aclaró: “La grasa está formada por carbono, hidrógeno y oxígeno, y dependiendo el número de cada uno de ellos, tendrá diferentes comportamientos”.

Asimismo, más allá del “comportamiento propio” de la grasa que está dado por su composición, hay determinados alimentos, pero sobre todo bebidas que ayudan a una mejor absorción de este alimento que, aunque menospreciado, es muy valioso para el organismo.

“La ingesta de bebidas frías solidifica las grasas, algo que no es bueno porque cuando ese proceso se cumple, la grasa se adhiere, se pega a las paredes del aparato digestivo, acumulándose y generando el aumento del sobrepeso y la obesidad, pero además incrementando el riesgo de complicaciones”, remarcó la endocrinóloga.

“Por el contrario -continuó la doctora- cuando elegimos acompañar las comidas que contienen grasas con bebidas calientes (especialmente té), y consumimos éstas no antes o después sino inclusive durante el almuerzo o la cena, estamos favoreciendo el proceso de disolución de las grasas. Es decir que éstas se licuan, se diluyen”.

Además del té, una bebida que tal vez no se asocia tanto al acompañamiento de la comida, sino al desayuno, la merienda o el momento post-cena, la doctora especificó que “también las aguas saborizadas, una infusión de manzanilla o canela e inclusive el café cumplen la misma función”.

“Una taza de una bebida caliente le permite al organismo procesar de manera mucho más eficiente las grasas presentes en los alimentos, lo que con el tiempo se verá reflejado en la pérdida progresiva de peso corporal”, concluyó la doctora Rodríguez Zía y agregó: “cuando acompañamos las comidas con bebidas es saludable tomarlas a temperatura ambiente”. (Con información de salud aol)

 


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