Hace 5 años, la epidemia AH1N1 paralizó a México

La estrategia fue optar por el distanciamiento social, distribución de tratamientos de antiviral y una campaña para adoptar hábitos de higiene.

18/03/2014 11:06
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Hace cinco años, el 18 de marzo de 2009, el Sistema Nacional de Notificación y Vigilancia Epidemiológica reportó que en diferentes estados de la República Mexicana se registraba un incremento acelerado en el número de infecciones respiratorias causadas por diferentes agentes. Sin saberlo en ese momento, el Sistema acababa de recibir las muestras biológicas del primer caso de infección viral con una nueva cepa de A H1N1 que tenía un componente porcino.

Este virus, que terminó infectando a 70 mil 715 personas y matando a mil 172 pacientes, se dispersó y obligó al gobierno mexicano a decretar una emergencia sanitaria el 23 de abril. Prácticamente paralizó al país: las escuelas permanecieron cerradas y la vida social en espacios públicos debió ser restringida hasta que la epidemia logró ser controlada.

Las acciones fueron radicales debido a que la anterior epidemia trasnacional de influenza, ocurrida en 1918, mató a más de un millón de personas.

Al final de la contingencia sanitaria, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), informaron que las pérdidas económicas para México, a raíz del brote epidémico fueron cercanas a los 57 mil millones de dólares.

A un lustro de distancia, los registros de la Organización Mundial de la Salud describen a la cepa descubierta del virus A H1N1 como una enfermedad que se propagó a diferentes continentes desde América, ocasionando una epidemia mundial que obligó a la OMS a declarar el nivel de alerta 5. Este nivel de alerta significa que el planeta estaba frente a una pandemia inminente, que era una amenaza por su velocidad de contagio y dispersión geográfica, no tanto por su gravedad.

Casi un mes antes de que el gobierno federal decretara la suspensión de clases y las restricciones a actividades públicas, la comunidad médica ya había detectado un incremento de casos anómalos de infecciones respiratorias, pero en ese momento no se contaba en México con suficientes laboratorios para hacer detecciones rápidas de las características de los virus que estaban enfermando a las personas.

Poco después, el 16 de abril, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), de la Secretaría de Salud, informó que se registraba un incremento en el número de adultos internados con infecciones respiratorias graves. La característica que llamaba la atención era que se trataba de neumonías graves y de progresión rápida.  Desde ese día, el reporte de número de casos pasó a ser diario ya que también se habían reportado casos en San Luis Potosí.

En Estados Unidos comenzaron a registrarse casos de infecciones respiratorias graves con características similares a las que se habían reportado en México, así que los Centros de Prevención y Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos informaron el 20 de abril que algunas muestras biológicas recabadas en San Diego, California, correspondían a una nueva cepa del virus de influenza A H1N1, el cual contaba con un componente porcino. Los resultados de ese hallazgo fueron difundidos en su boletín de divulgación MMWR.

La Secretaría de Salud de México también había decidido profundizar en los estudios de laboratorio por lo cual había enviado al Laboratorio Nacional de Salud de Canadá 51 muestras de los casos de influenza que se habían registrado hasta entonces. El 23 de abril el laboratorio canadiense informó que en 17 de las muestras mexicanas estaba presente el virus de la cepa AH1N1 con componente porcino.

Por la noche del 23 de abril  gobierno federal decretó la emergencia sanitaria ordenando la suspensión de clases en todos los niveles de estudios del Distrito Federal y Estado de México. Posteriormente extendió esta alerta a toda la república el 27 de abril.

La mañana del 24 de abril de 2009 el gobierno mexicano informó que, poco más de un mes después del primer caso registrado, la cifra oficial de personas infectadas con aH1N1 era de 4 mil 4 enfermos y 60 fallecidos.

El gobierno mexicano atendió la epidemia de AH1N1 con tres medidas básicas: en primer lugar, el distanciamiento social, que frenó la velocidad de la expansión de la epidemia en 37% según el Centro Internacional Fogarty de estudios epidemiológicos; en segundo término, la distribución de 2.4 millones de tratamientos del antiviral Tamiflú para atender a personas que presentaran los primeros síntomas de la infección, y en tercer lugar una intensa campaña de información y educación para adoptar hábitos higiénicos que combatieran los contagios, como lavarse cíclicamente las manos, principalmente después de estar en espacios públicos, estornudar hacia la parte interior del brazo, a la altura del codo, entre otras medidas.

La dispersión de la epidemia no paró, pero redujo su velocidad en México. En otros países las infecciones comenzaron a presentarse y llegaron a supera en número a los casos reportados en México. Al final del año la Organización Mundial de la Salud contabilizó 18 mil muertes por infecciones respiratorias provocadas por la influenza AH1N1, de las cuales mil 172 ocurrieron en México.


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