Hiroshima, sus consecuencias a 65 años

Muchos de los sobrevivientes sufren graves afecciones de salud como leucemia y diversos tipos de tumores, anemia, y trastornos psíquicos.

06/08/2010 12:25
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Este viernes se cumple el 65 aniversario del lanzamiento de la primera bomba atómica con un llamamiento al desarme nuclear, en una ceremonia en la que, por primera vez, participó oficialmente Estados Unidos y un secretario general de Naciones Unidas.

Y fue a la misma hora en la que el avión estadounidense “Enola Gay” lanzó la bomba atómica en 1945, cuando un intenso silencio se hizo entre las 55 mil personas que, según la agencia local Kyodo, se congregaron en el Parque de la Paz de Hiroshima.

El parque ocupa la explanada dejada por la detonación de la bomba de uranio “Little Boy” que arrasó Hiroshima, una ciudad que contaba entonces con unos 350 mil habitantes, según los cálculos actuales.

Cerca de 80 mil personas perdieron la vida al instante y para finales de 1945 los muertos se elevaban a unos 140 mil, aunque fueron muchas más las víctimas por las radiaciones en los años posteriores.

Tres días después de aquel ataque, Estados Unidos lanzaba una segunda bomba nuclear sobre la ciudad de Nagasaki que causó 74 mil muertos a finales de ese año, lo que llevó a Japón a la rendición y puso fin a la II Guerra Mundial.

Coincidiendo con este aniversario, la organización ambientalista Greenpeace ha destacado “que este día debe servir para recordar el peligro, muy real y presente, que sigue suponiendo el armamento nuclear para la supervivencia del planeta”.

Como consecuencia de la detonación sobre Hiroshima, una enorme bola de fuego envolvió la ciudad y provocó enormes temperaturas. Algunos edificios simplemente se derritieron. Muchas personas se volatilizaron, dejando sus sombras pegadas sobre calles y muros. Estas “sombras muerte” son dibujadas cada año por los habitantes de la ciudad como una conmemoración de los que así murieron.

Muchos fallecieron por el extremo calor. Otros lo hicieron en el corto plazo como consecuencia de alteraciones de salud como síndrome agudo de radiación, diarreas, hematomas, disminución de glóbulos blancos en la sangre, entre otras. Los supervivientes se llaman a sí mismos Hibakusha, y muchos de ellos sufren graves afecciones de salud como leucemia y diversos tipos de tumores, anemia, y trastornos psíquicos.

El armamento nuclear
En 2010 se han producido algunos avances, aunque muy limitados e insuficientes, en materia de desarme y no proliferación nuclear. Rusia y EU firmaron en abril un tratado de reducción de armas nucleares en Praga. Ambos se comprometieron a reducir sus arsenales en casi un tercio, unas 1.550 cabezas nucleares cada uno, y también limitarán el número de lanzadores de las que disponen. Se trata de reducciones sobre el armamento desplegado, no el almacenado.

En mayo, la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación (TNP) concluyó con un documento de consenso en el que se habla de relanzar la idea de hacer de Oriente Próximo una zona libre de armas de destrucción masiva. La primera conferencia al respecto se celebraría en 2012. Durante el año 2009 se establecieron dos nuevas zonas libres de armas nucleares, una en Asia Central y otra en África.

Greenpeace ha asegurado que “se trata, sin embargo, de pasos limitados y claramente insuficientes ya que, al mismo tiempo, varias de las potencias atómicas están modernizando sus arsenales. Se cree que ocho estados nucleares (EU, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán e Israel) poseen más de 7 mil 500 armas nucleares operativas y un total superior a 22 mil cabezas nucleares”.

Las presiones para frenar el programa nuclear iraní se ven obstaculizadas por los dobles estándares que se aplican: de los ocho países mencionados, dos (India y Pakistán) tienen armas nucleares pese a no ser potencias reconocidas por el TNP, y uno (Israel) no es parte del Tratado. Además, la organización también ha explicado que “el hecho de que las potencias nucleares reconocidas por el TNP (las cinco primeras del listado) no den pasos efectivos hacia el desarme condiciona su credibilidad cuando pretenden disuadir a otros países de obtener capacidad nuclear”.

“Esta dinámica es muy peligrosa”, ha señalado Mabel González Bustelo, responsable de Conflictos y Medio Ambiente de Greenpeace. “El día de Hiroshima debe servir para recordar los terribles efectos del armamento nuclear y para animar a los responsables políticos a avanzar hacia el desarme y la no proliferación. Los peligros del armamento nuclear no son cosa del pasado sino un problema muy actual que la comunidad internacional debe afrontar”. (Con información de El Mundo)

 

 


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