Horario de invierno afecta estado de ánimo

El horario de invierno apoya con un poco más de luz por las mañanas, pero también acorta el día porque la noche aparece una hora antes.

01/11/2010 9:39
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El cambio de horario nació como una medida para aprovechar una hora más de luz por las mañanas, sin embargo el tratar de burlar la naturaleza simplemente es imposible, pues la noche nos alcanza una hora antes.

Sin embargo elegir si quemos la luz en la mañana o en la noche no es el problema, sino que el temprano oscurecimiento del día trae consecuencias negativas a la salud como el desencadenamiento de melancolía y episodios de depresión.

Esta depresión ocurre porque las personas ven mermadas sus posibilidades de salir a hacer ejercicio o pasar un tiempo de ocio al aire libre y no les queda más que recluirse en sus hogares.

“Los estudios muestran que la gente es más feliz, más enérgica y menos propensa a enfermar en los días largos y luminosos de verano, mientras que su humor tiende a rebajarse -y los estados de ansiedad y depresión a intensificarse- durante los días más cortos y grises del invierno”, explica Mayer Hillman, profesor emérito de la Universidad de Westminster (Reino Unido), en el último número de la revista ‘British Medical Journal’.

Este autor defiende que “no deberíamos atrasar los relojes este fin de semana” y recuerda un estudio que él mismo realizó en 1988, en el que mostraba que saltarse el cambio de hora invernal -pero no el estival- incrementaría significativamente el tiempo disponible para actividades al aire libre.

En concreto, el cálculo asciende a 300 horas más al año para adultos y 200 horas más para niños, teniendo en cuenta los horarios habituales de cada cual. “El efecto positivo que tendría aumentar de esta forma las horas de día disponibles para promover la salud y el bienestar ha sido sistemáticamente pasado por alto”, lamenta Hillman.

Depresión de invierno

La llegada anticipada de la noche también puede provocar, en personas susceptibles a los estados depresivos, una dolencia conocida como trastorno afectivo estacional (SAD, por sus siglas en inglés) o depresión de invierno. “En ausencia de luz, se segrega melatonina, un hormona que nos lleva la relajación y el sueño”, explica la psicóloga clínica y sexóloga Miren Larrazabal. Este proceso, combinado con otros factores, puede influir, a su vez, en otras hormonas como la serotonina, cuya carencia está íntimamente relacionada con la tristeza y, en grados patológicos, con la depresión.

“Hipócrates ya hablaba de la melancolía invernal”, recuerda Larrazabal, quien describe los principales síntomas del trastorno afectivo estacional: “Menos energía, pensamientos negativos, más irritabilidad, fluctuaciones de peso…”. Las causas son multifactoriales, aclara, pero “tenemos claro que la luz desempeña un papel importante”. Estudios comparativos han mostrado, de hecho, que los habitantes del norte de EEUU son más susceptibles a esta dolencia que los del sur, y una de las terapias recomendadas es viajar a sitios soleados durante el invierno.

Lo cierto es que, aunque no se esté predispuesto a la depresión, el cambio de hora provoca siempre una pequeña confusión hormonal, que normalmente no pasa a mayores. “No tiene peligro y en cuatro o cinco días se regula perfectamente”, indica el neurobiólogo Ricardo Martínez Murillo, del Instituto Cajal, adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

“La melatonina se altera: si hay menos horas de luz, los niveles son mayores”, señala este experto, quien recuerda que esta clase de variaciones biológicas, llamadas ritmos circadianos, fueron una ventaja evolutiva para nuestros ancestros unicelulares, que se defendían de los rayos ultravioleta del Sol adoptando patrones cíclicos y aprovechando la noche para replicar el ADN. (Con información de El Mundo)


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