Impredecibles, secuelas de riesgos vasculares

Con tres testimonios de personas que la padecen, se demuestra que se puede llevar una vida normal o ésta puede terminar en un momento inesperado.

24/05/2010 11:11
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José, una historia de éxito

Vive en una población rural marginada, sabe leer y escribir, pertenece a una raza mestiza, como todos los mexicanos; y su estilo de vida lo llevó a los 59 años a percatarse de que padecía una Enfermedad Cerebral Vascular (EVC).

José era un fumador crónico con una vida sedentaria, obeso, llevaba una dieta rica en grasas saturadas y azúcares, además de padecer hipertensión arterial y colesterol alto, rara vez acudía a consultas médicas.

La señal se encendió cuando súbitamente, mientras laboraba, tuvo pérdida del estado de alerta y sintió una gran debilidad en las extremidades, así como también presentó dificultad para articular palabras y sostenerse en pie.  Llegó al hospital para internarse en urgencias, inmediatamente se le realizó una tomografía de la cabeza, ultrasonido doppler del cuello (carótidas), electrocardiograma, ecocardiogramas y angiotac cardiaca (estudios del corazón) y luego se le administraron soluciones y fármacos intravenosos.

A las 24 horas despertó con déficit para movilizar las extremidades izquierdas y sostenerse de pie, para esto se le se administró un anti trombótico para prevenir un segundo ataque isquémico cerebral. Como consecuencia de la EVC, José se vio obligado a enfrentarse a un cambio de su estilo de vida.

Durante tres estuvo discapacitado, permaneció en cama, asistido para alimentarse y asearse y bajo prescripción de múltiples y costosos fármacos.

Hoy José tiene 61 años, lleva un tratamiento de diferentes medicamentos y hace ejercicio aeróbico diario. Su estilo de vida cambió radicalmente, ahora se ejercita diariamente, bajó su carga de trabajo que antes era excesiva, su dieta pasó a ser baja en grasas y azucares y rica en fibra y vegetales. Su chequeo regular con el médico y su correcto tratamiento lo han llevado a volver a ser una persona independiente y a tener sus otras enfermedades bien controladas para que no causen mayores daños.

Su especialista le mencionó que “Su recuperación es excepcional, la mayoría de los enfermos no se recuperan al 100% y permanecen con secuelas motoras, cognoscitivas (demencia), incapacidad para comunicarse o realizar las actividades cotidianas y no vuelven al trabajo”.

 

Francisco, todo bajo control

Otro caso de EVC lo presentó Francisco a sus 72 años de edad. Él también proviene de una población rural marginada, hoy habita en la Ciudad de México, es profesionista, mestizo, mayor de 60 años, y deportista, no padece de sobrepeso y sus hábitos alimenticios son saludables, del mismo modo se realiza revisiones médicas frecuentes.

Durante una revisión de rutina, su médico le detectó EVC, por medio de una resonancia magnética y estudios del corazón, ¿Cómo se presentó el primer síntoma? Su memoria reciente presentó olvidos aislados.

Hoy tiene 73 años , su tratamiento se compone de diversos medicamentos y anti trombóticos, padece diabetes, pero su saludable estilo de vida le ha ayudado a que la EVC no le desencadene problemas en su vida cotidiana a pesar de ser del tipo que provoca multi-infartos.

Estos dos casos indican que si una persona con un estilo de vida saludable es capaz de desarrollar EVC, una persona que no se cuida aumenta sus factores de riesgo, sin embargo, una EVC bien cuidada puede regenerarse casi completamente devolviéndole su independencia a la persona en sus actividades cotidianas.

Sin embargo no todos los casos son iguales, Mauro Segura, neurólogo y miembro de la Asociación Mexicana de Enfermedad Cerebral Vascular, dice que desafortunadamente el grueso de la población mexicana que padece EVC no cae en ninguno de estos dos primeros casos, sino en el que se narra a continuación.

Tarsicio, todos los factores de riesgo se juntaron

Se llama Tarsicio y tiene 80 años, vive en un área suburbana de Morelia, laboró como migrante en Estados Unidos, fue un fumador habitual durante su juventud y llevó siempre una dieta rica en azucares  refinadas, padece hipertensión arterial, colesterol alto, triglicéridos y es obeso.

A sus 75 años de edad se le detecto EVC isquémico que le provocó  una parálisis en la mano y pierna izquierda, sus extremidades derechas las mueve con torpeza. Un día súbitamente perdió el conocimiento mientras se dirigía a comer, luego tuvo dificultad para articular palabras. Estos síntomas, que en realidad ya son parte de la EVC, aclaró Mario Segura, lo llevaron a hospitalizarse y permanecer ahí más de una semana.

Después de 72 horas de haber desaparecido el riesgo de muerte se logró corregir el desequilibrio metabólico que venía arrastrando (hiperglucemia, dislipidemia, hipertensión) con enfermedad ateroesclerosa sistémica avanzada.

Desde entonces su calidad de vida se deterioro, Tarsicio es apenas autosuficiente para alimentarse con la mano izquierda y dar algunos pasos con ayuda. El lenguaje se recuperó. Presenta déficit cognoscitivo grave (demencia).

Su tratamiento se compone de un coctel de fármacos, y en los últimos años ha pasado por varias enfermedades graves sin llegar a la muerte. Su estilo de vida actual: permanece en cama y sentado con asistencia de un cuidador las 24 horas del día, usa pañal y toma múltiples medicamentos con citas al médico constantes y gasto médicos elevados que cubre parcialmente el Estado y sus ahorros se ven mermados a la fecha.

Su médico dice “Este es un caso típico a largo plazo de la EVC en México, el enfermo padece EVC tipo infarto cerebral antiguo, infarto reciente, enfermedad vascular multiinfarto, enfermedad cardiaca y secuelas de los eventos previos”. 
 


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