Jóvenes de hoy con menor capacidad auditiva

Avanzan investigaciones sobre la pérdida auditiva en jóvenes, una de las posibles causas el abuso en el volumen de reproductores de música. n

17/08/2010 5:30
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Muchas de las quejas de los padres es que sus hijos no los quieren escuchar, pero lo cierto es que en muchas ocasiones realmente no los oyen pues ahora registran más pérdidas auditivas que en la década de los 90; son muchos los especialistas que advierten que esto se debe al abuso en el uso a todo volumen de los Ipod, reproductores MP3 y  el ruido de las discotecas.

SUMEDICO  dio cuenta en junio pasado de la investigación realizada por la Universidad de Gante, en la cual se realizó un comparativo del daño que puede causar la exposición prolongada a niveles nocivos de ruidos en el lugar de trabajo o los sonidos altos durante largo tiempo a escuchar música a todo volumen a través de un reproductor de MP3, en ambos casos se dañan las células ciliadas del oído interno.

El estudio contó con la participación de 21 personas que fueron expuestas a escuchar música rock a través de un MP3 durante seis sesiones, las variantes consistieron en utilizar dos tipos de audífonos y varios niveles de volumen.

Los especialistas evaluaron la audición de cada participante antes y después de escuchar música y encontraron que había cambios temporales en la sensibilidad auditiva.

La pérdida auditiva permanente “no se puede predecir a partir de un cambio temporal inicial en el umbral de la capacidad auditiva, pero dada la reducción de la sensibilidad auditiva después de escuchar un reproductor multimedia portátil, estos dispositivos son potencialmente perjudiciales”, concluyeron los investigadores.

La pérdida auditiva en los jóvenes ha sido corroborada por otros estudios, sin embargo estos advierten que aun no se determina claramente si existe relación directa con el uso de audífonos de aparatos reproductores de música.

Un  grupo de especialistas al frente de Josef Shargorodsky, del Brigham and Womens Hospital (Boston, Estados Unidos), cotejó los datos de dos estudios sanitarios realizados con una década de diferencia -en 1994 y 2006- en los que, entre otras mediciones, se analizó la salud auditiva de los participantes.

El trabajo ahora publicado en  The Journal of the American Medical Association, se fundamenta en la información de más de 4.600 jóvenes de entre 12 y 19 años, de los que se excluyó a los que sufrían un dolor de oído que les impedía utilizar auriculares y a aquellos con implantes cocleares. Un criterio que, según los propios autores, podría haber “infravalorado” la incidencia real de las pérdidas de audición.

Las audiometrías aplicadas revelaron que los jóvenes presentaban una disminución leve de la capacidad auditiva cuando el umbral se situó entre los 15 dB y los 25 dB; y se consideró moderada o severa según se fue superando esta última cifra.

Adicionalmente, los expertos caracterizaron este trastorno en función de su unilateralidad o bilateralidad (en uno o los dos oídos) y de si éste se producía con las frecuencias bajas (0,5, 1 y 2 kHz, que son sonidos más graves) o las altas (3,4,6 y 8 kHz, más agudos).

El resultado general, apuntaron los investigadores, refiere en “JAMA” que “la prevalencia de cualquier clase de pérdida de audición aumentó de forma significativa, de un 14,9%, entre 1988 y 1994, a un 19,5%, entre 2005 y 2006 […] Esto representa un incremento del 31% en la presencia de este trastorno”.

Sordera también en niños
La investigación refiere de igual forma que uno de cada 20 niños en esta franja de edad presenta una disminución auditiva moderada o severa, tal y como demuestra el incremento de un 3.5% a un 5.3% en su incidencia. Lo más común es sufrir esta pérdida en un solo oído y ante las frecuencias más altas.

Hay otros factores de riesgo, como haber padecido tres o más infecciones de oído, el uso de armas de fuego o la exposición a música alta durante cinco o más horas semanales no fueron factores directamente relacionados con los problemas de audición. Sólo fue estadísticamente significativo vivir bajo el umbral de la pobreza.

Pero en el caso de los jóvenes, insistieron los científicos, suelen subestimar los ruidos altos. E indican que el hecho de que la mayor incidencia de pérdidas auditivas sea con las frecuencias más altas podría indicar que el nivel de sonido sí está resultando dañino.

En todo caso, el propósito de este equipo de expertos continuar las investigaciones sobre  las causas de este trastorno, especialmente en las que se puedan prevenir. En esta línea, Peter M. Rabinowitz, profesor de Medicina de la Universidad de Yale (EEUU), realizó un estudio en el que midió el volumen máximo que alcanzan los reproductores MP3 y los IPod.

Revela que escuchar las canciones preferidas a todo volumen puede exceder los 120 decibelios, los mismos a los que llega un avión cuando sale de pista. Esta cifra, al margen de hacerle sentir como una estrella de rock, de pop o de jazz, según sus gustos, tiene consecuencias para la salud. La primera, y más importante, es un riesgo considerable de sufrir pérdida auditiva a largo plazo. Luego vienen otros problemas, como la falta de concentración o aislamiento social.

Empero, aun no se ha podido demostrar esta relación causa-efecto. Según explica Rabinowitz en The British Medical Journal, “los reproductores de MP3 se han popularizado tan rápidamente que los médicos y los científicos se han quedado atrás por la tecnología, y son incapaces de decir qué tipo de pérdida de audición podría provocar”.

 

 


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