Lanzan pastillas contra leucemia crónica

Hace 10 años llegó al mercado una pastilla naranja capaz de tratar la leucemia provocando mejores resultados en los pacientes hoy llega uno nuevo

17/06/2010 8:35
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La pastilla capaz de tratar la leucemia no es nueva, hace diez años surgió la primera versión, era una pastilla naranja llamada Glivec, cuya aplicación iba encaminada a tratar la leucemia crónica.

Los pacintes que se trataban con ella tenían mucho menos consecuencias negativas que aquellos que llevaban tratamientos tradicionales.

La pastilla naranja provocó tan buenos resultados en los pacientes que se pensó sería imposible conseguir o desarrollar algo mejor.

Hoy llega al mrcado Dasatinib y nilotinib, una nueva generación de fármacos inhibidores de BCR-ABL (una de las vías de señalización alteradas en este tipo de cáncer sanguíneo), han demostrado que están a un paso de matar al padre. Hace algunos años que ambos medicamentos ya se emplean cuando los pacientes en tratamiento con Glivec han dejado de responder o han recaído; sin embargo, las nuevas evidencias se acumulan para que puedan empezar a emplearse ya desde el primer momento del diagnóstico (lo que se conoce como en primera línea).

“Pensábamos que iba a ser imposible superar los espectaculares resultados de Glivec, pero ahora sabemos que son superiores”, explica a ELMUNDO.es el doctor Francisco Cervantes, médico consultor senior del Hospital Clínic de Barcelona.

Los estudios que esta semana da a conocer NEJM (el de dasatinib dirigido por Michele Baccarini, y el de nilotinib por Hagop Kantajarin; ambos investigadores del MD Anderson de Houston) demuestran que no tardarán mucho en imponerse a su predecesor para tratar a los pacientes con leucemia mieloide crónica recién diagnosticada, gracias a que son más eficaces y tienen menos efectos secundarios que Glivec.

Como explica el investigador español, ambos tratamientos logran antes que Glivec una mayor tasa de respuestas, más profundas. Es decir, logran lo que los hematólogos llaman enfermedad mínima residual, que permite al paciente hacer una vida normal con restos tumorales “apenas visibles por técnicas de biología molecular”. Es decir, ambos medicamentos logran retrasar mejor que su predecesor el avance a la fase aguda de la enfermedad (la llamada crisis blástica, muy resistente a cualquier tratamiento).

Aunque, apunta, habrá que esperar a disponer de resultados a más largo plazo, ya que sólo se ha realizado el seguimiento de un año y medio; frente a los 10-11 que ya se tienen de experiencia con Glivec.

Sólo una cuestión puede frenar este cambio de tratamiento, como advierte en un editorial en la misma revista Charles Sawyers, del centro Howard Hughes de Nueva York (EEUU): el precio.

¿La opción más barata?

“¿Ha llegado la hora de retirar Glivec de la terapia de este tipo de leucemia?”, se pregunta. “Aunque hay alguna diferencia modesta que indica que debería cambiarse la práctica a los otros fármacos, irónicamente podría suceder que Glivec sobreviva por una cuestión económica más que puramente científica”. Y lo explica así: “Teniendo en cuenta que su patente expira tan pronto como en el año 2014, la creciente presión por equilibrar costes y beneficios puede forzar a los reguladores a elegir la opción más barata [Glivec] entre tres excelentes opciones de tratamiento”.

En ambos ensayos, nilotinib y dasatinib (que ya fue presentado en una de las sesiones del reciente congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica) fueron superiores a Glivec en el tratamiento de la leucemia mieloide crónica (con el cromosoma Philadelphia positivo, un error del que se aprovechan este tipo de fármacos para actuar).

A los 12 meses, en el caso de nilotinib (que se administró bien en dosis de 300 o 400 miligramos), las tasas de respuestas moleculares eran el doble que con imatinib, y los pacientes tardaron más tiempo en ver progresar su enfermedad que con la pastilla naranja. Una ventaja que se observó asimismo con dasatinib, que prácticamente duplicó la tasa de respuestas moleculares (de 28% a 46%).

A pesar de todo ello, como advierte de nuevo el editorialista, es necesario ser cautos y aprender de las lecciones de Glivec. “Sabemos que podemos lograr remisiones a largo plazo, pero no curar la enfermedad”, explica. Y es más que probable que sus herederos topen con el mismo obstáculo, “respuestas más duraderas”, pero no curaciones completas. Eso sí, añade, “la historia de la oncología nos ha enseñado que estas remisiones pueden convertirse en una cura si empleamos las combinaciones terapéuticas adecuadas”. Así que no es de extrañar que el futuro de la leucemia mieloide crónica pase por combinar simultáneamente varios de los herederos de Glivec. (Con información de El Mundo)


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