Las feromonas sí ayudan a seleccionar pareja

Las feromonas son compuestos químicos que libera un ser humano y sin darse cuenta, establecen comunicación con otros seres.

12/02/2013 2:26
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¿Qué tanto influye el sentido del olfato durante el proceso de selección de pareja entre los seres humanos?

Por más de doscientos años este tema fue muy controvertido dentro de la medicina pues existía una corriente de pensamiento que negaba que los hombres y mujeres tuvieran los mismos mecanismos de selección de compañeros reproductivos que el resto de los mamíferos. Sin embargo, estudios científicos realizados en los últimos 30 años muestran que los humanos somos elevadamente susceptibles al efecto de las feromonas, al igual que los felinos, caninos, caprinos, bovinos y otros animales engendrados en el vientre de su madre.
 
Desde el año 2000, investigadores mexicanos han publicado diferentes estudios sobre los efectos que tienen las feromonas en la aparición de los sentimientos de atracción, enamoramiento y bienestar entre dos personas. Sus resultados han mostrado que las feromonas percibidas por medio del olfato  sí provocan cambios en las funciones fisiológicas y en la conducta. Las reacciones pueden ser diametralmente opuestas: ante las feromonas de ciertas personas se experimenta rechazo y ante otras se siente bienestar, dependiendo de la bioquímica de quien la libera.
 
Otra gran rama de estudios, que se han impulsado mucho en Estados Unidos, ha encontrado que las feromonas influyen mucho en las relaciones intrafamiliares, para establecer vínculos entre padres e hijos, pero también para inhibir la atracción entre hermanos, lo cual resultaría en un empobrecimiento de la variedad genética y en un riesgo de extinción de esa línea familiar.
 
Comunicación química
Las feromonas son compuestos químicos que libera el cuerpo humano y que, sin darse cuenta, establecen un tipo de comunicación química frente a los seres de su misma especie que le rodean. Estos compuestos están presentes principalmente en la orina, el sudor y en algunas secreciones vaginales. Su presencia sí afecta las interacciones sociales dentro de las poblaciones, como ha documentado desde el año 2000, en diferentes experimentos, la psiquiatra mexicana Ana Lilia Cerda Molina.
 
Estos compuestos químicos tienen una acción que todavía no se alcanza a comprender al 100% pero algo que ha quedado muy documentado es que las feromonas de cada persona son diferentes y que no son percibidas con la misma parte del sistema olfativo que son percibidos los aromas, por ejemplo, de un perfume. En realidad las feromonas son percibidas con una parte del cuerpo humano que se llama sistema vomeronasal, que está en la piel de la parte alta de la nariz y percibe cosas que el olfato cotidiano no registra.
 
A pesar de que no tienen aroma, las feromonas que liberan hombres y mujeres en el sudor son identificadas por los nervios  del sistema olfativo vomeronasal y detonan o ponen en marcha una sensación de rechazo o atracción hacia otros seres humanos. Las zonas que liberan mayor cantidad de estos compuestos químicos son los tejidos cercanos a los pezones, zona genital, orejas y base del cabello.
 
Tres experimentos
En el año 2007 la doctora Ana Lilia Cerda Molina, del Instituto Nacional de Psiquiatría, y la antropóloga física Verónica Ortiz Sánchez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, presentaron los hallazgos acumulados sobre la importancia de las feromonas y el olfato en la selección de pareja, entre seres humanos.
 
Las científicas explicaron que durante casi dos siglos se ha desacreditado la relación entre olfato y sexualidad, debido a que los primeros estudios sobre feromonas humanas se hicieron en la conservadora Inglaterra victoriana del siglo XIX, donde se desdeñaba la idea de que los seres humanos eligieran a sus parejas sexuales mediante el olfato, mecanismo que es evidente en prácticamente todos los mamíferos, antes y durante el apareamiento.
 
Las dos investigadoras mexicanas han realizado tres tipos de estudios para probar cómo las feromonas tienen impacto en la conducta.
 
El primer caso está relacionado con el vínculo entre madres e hijos: se colocó a diferentes mujeres parches para captar sus feromonas en pezones y axilas. Posteriormente se acercaron estos parches, libres de otros aromas, a sus hijos recién nacidos. Todos identificaron la muestra que correspondía a sus progenitoras y rechazaron las ajenas.
 
Otros dos experimentos han demostrado el vínculo entre feromonas y atracción sexual. El primer experimento captó imágenes del cerebro de hombres y mujeres heterosexuales, así como de hombres homosexuales en el momento en el que les ponían cerca de la nariz parches con feromonas masculinas y femeninas.
 
Ante las feromonas masculinas, los cerebros de mujeres y hombres homosexuales registraban actividad en la misma zona, mientras que los hombres heterosexuales no activaban ninguna zona. Al cambiar la muestra por feromonas femeninas, los hombres –heterosexuales y homosexuales— activaban la misma zona de placer, pero con diferente intensidad, mientras que en las mujeres heterosexuales se activaba una zona del cerebro diferente, más relacionada con la memoria.
 
Un tercer experimento consistió en que un grupo de mujeres aceptó oler camisetas con el sudor de diferentes hombres y declarar cual les causaba rechazo y cual les atraía. Al cruzar los datos observaron que se sentían más atraídas hacia hombres con un perfil genético menos parecido al suyo, mientras que rechazaban a los hombres cuyos genes eran más parecidos a los de ellas.
 
Rechazo a la familia
Cuando se trata de seleccionar a un hombre o a una mujer para tener descendencia, existen mecanismos inconscientes que alejan a los individuos de sus familiares. Aunque este no es un mecanismo perfecto, las feromonas vuelven a funcionar como un mecanismo de comunicación química inconsciente que le anuncian a la persona que está seleccionando pareja que otro individuo tiene un perfil genético parecido al suyo y que por lo tanto la descendencia tendría menos genes de los cuales escoger para formar sus propias características y funciones.
 
Dos de los principales estudiosos del tema de feromonas y selección de pareja son los estadunidenses Erik Filsinger, de la Universidad de Alabama, y Richard Fabes, de la Universidad Estatal de Arizona.
 
Según los estudios de Filsinger y Fabes, publicados en la revisa de salud familiar Journal of Marriage and Family, la sexualidad humana es más compleja que la de otros mamíferos, e intervienen toda suerte de estímulos visuales, intelectuales y emocionales, el ambiente social, pero sí existe una especie de mecanismo e identificación dentro de los grupos humanos que hacen rechazar o no ser tan atraído por personas de la misma familia o de perfil genético muy parecido.  
 
Mucha evidencia sobre los cambios fisiológicos y de conducta que ponen en marcha las feromonas fue acumulada desde la aparición de tecnologías que permitieron ver cómo reaccionaba el cerebro al percibir feromonas y cómo se percibía en tomografías.  
 
La investigadora mexicana Verónica Ortiz Sánchez, quien ha realizado estudios sobre la historia del sentido del olfato, sostiene que a pesar de ser un mecanismo biológico, el sentido del olfato ha sido modulado por la cultura, desde 13 millones de años, cuando los homínidos comenzaron a caminar erguidos, y después por dar primacía a la vista para cazar.
 
Sin decir que las feromonas son la principal condicionante en la conducta sexual se ha documentado que son un factor que está operando todos los días y no se ha estudiado lo suficiente.

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