Las lecciones de vida que deja el cáncer

A estas tres mujeres las unió el cáncer. en el camino, han aprendido importantes lecciones

19/10/2016 4:00
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Cuando el cáncer de mama comienza a formarse, no existe dolor o alguna señal que lo indique, sino que los síntomas comienzan a manifestarse cuando la enfermedad está más avanzada.

Debido a que no hay ninguna molestia, las mujeres no acuden a revisiones periódicas, pues en el fondo, no aceptan que les puede pasar a ellas.

En esta situación se encontró Isabel Martínez Abad, quien a sus 56 años, fue diagnosticada por “casualidad” cuando tenía otro malestar.

“Realmente me lo detectaron por casualidad porque yo no tenía síntomas ni me sentía nada, simple y sencillamente fui a una consulta para atenderme otra cosa. Ahí me dijeron que si me quería hacer una mastografía y me la hice, y ahí fue donde salió el cáncer”, narra.

Isabel se realizó la mastografía en septiembre de 2015 y para el mes de noviembre, su cáncer fue confirmado con una biopsia.

Desde ese momento la vida de Isabel fue incierta e incluso no aceptaba que lo tenía.

“Cuando a mí me dijeron que iba a tomar las quimios, fue que reaccioné que tenía cáncer porque aunque me operaron, no lo asumí, pensé ‘si me voy a morir, moriré, lo que tenía que vivir ya viví’. Estaba muy tranquila y no pensaba en la enfermedad, además de que mi trabajo era tan absorbente que me lo impedía”, dice.

Para Isabel, las quimioterapias significaron el inicio de una etapa de vegetación, donde se aislaba se refugiaba en su hogar.

“Me levantaba, me cambiaba la pijama y me volvía a sentar frente al televisor”, recuerda.

No estaba sola

Así permaneció durante la primera sesión de quimioterapia, pero al iniciar la segunda, fue invitada a un evento con personas que también se enfrentan al cáncer. En ese momento, su actitud mejoró considerablemente.

“Empecé a salir más, a conocer las fundaciones, comencé a rodearme de gente que padece lo mismo y que me entiende”, afirma.

En el camino, se encontró con dos mujeres que han pasado a formar parte importante de su vida: Ruth Mares Alcalá y Luz María Gaytán.

Ruth tiene 64 años y fue diagnosticada con cáncer en julio del 2015. En noviembre, se sometió a una mastectomía total y aunque no le dieron quimioterapias, se encuentra bajo tratamiento hormonal.

“Yo desde joven, tuve problemas en los senos y de hecho, a los 27 años me operaron de una bolitas que tenía. Desde el 2011, me estaban revisando cada año. Ya hasta que fue el cáncer, sólo le dije al médico ‘¿eso era lo que estaban esperando no?, ¿ahora qué sigue?’”, menciona.

“No tenía síntomas”

El caso de Luz María quien tiene 32 años, no es muy diferente al de Isabel, sólo que ella no había ido a consulta, sino que gracias a su hermana se hizo la mastografía.

“En abril del año pasado, mi hermana encontró un móvil y me comentó que estaban haciendo mastografías y le dije que yo no tenía nada, que me revisaba, que no tenía síntomas, ni nada, creo esa fue mi primera negación. Me hice la mastografía y a los 15 días me llamaron”, confiesa.

En aquella llamada, le explicaron a Luz que debía realizarse otros estudios porque no habían salido bien. Por dentro, ella ya sabía que tenía cáncer.

Al realizarse un ultrasonido, la doctora le explicó que existían tres tipos de cáncer:

  • Donde el tumor es pequeño y sólo se opera sin aplicar quimioterapias
  • El tumor es más grande y necesita de operación así como quimioterapias y radioterapias
  • El tumor se desplaza a otros órganos, conocido como metastásico.

Infortunadamente, Luz padecía el tercer tipo, por lo que tenía un alto riesgo de que el cáncer se pudiera desplazar a la sangre u otras partes del cuerpo.

“Esto empezó desde abril y en agosto del 2015, entré a operación. Tuve ocho quimios, 25 radioterapias y aquí estoy viva”, menciona.

El cáncer como lección de vida

Aunque la vida de las tres cambió radicalmente, han aprendido que aun en los momentos difíciles, se pueden tener importantes experiencias y aprendizajes.

En el caso de Isabel, el cáncer le ha enseñado que existe gente muy buena que si no hubiera sido por la enfermedad, no habría podido conocer.

“Mis compañeras de terapia son bien lindas. Siempre estamos juntas y al pendiente unas de otras”, confiesa.

Asimismo, ha aprendido a valorar a la vida y la importancia de trasmitir el tema del autocuidado a las demás mujeres.

Ruth comparte que la enfermedad le ha permitido valorar más a las personas en su entorno y a dedicarse más tiempo para ella misma.

“Yo era una mujer muy sometida y el cáncer me liberó. Ahora dispongo de mi tiempo, mi espacio y de todo”, revela.

La nueva oportunidad de vida, como declara Ruth, es lo que le motiva a ayudar a otras mujeres con cáncer a llevar de una mejor manera la enfermedad y concienciar a las demás sobre la prevención.

Una llamada de atención

Enseñanzas similares ha tenido Luz María, pues ha aprendido a valorar más a su familia, pero sobre todo a entender que un pecho, no la hace mujer.

“Mi madre me dijo que un pecho no soy yo, soy una mujer.  Esto fue como un jalón de orejas porque sólo me fijaba que mi familia estuviera bien y hasta el último era yo, lo cual es lo peor que podemos hacer. Ahora lo entiendo, si yo estoy bien, están bien ellos”, narra.

El proceso no es sencillo para estas tres mujeres, pero ninguna permitirá que el cáncer las derrote.

Su primer aniversario ha estado lleno de cambios, angustias y miedo, pero también de descubrimientos que han hecho ver la vida de otra forma.

En el camino, han perdido a amigas, pero saben que estando juntas son más fuertes y capaces de vencer cualquier obstáculo, y así, disfrutar de la vida durante muchos años más.

“Quiero ayudar a otras mujeres con cáncer para demostrarles que juntas podemos salir adelante”, concluye Ruth.

 


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