Limitan barrera entre normalidad y trastorno

Los nuevos parámetros dados a conocer por la Asociación Psiquiátrica de EU ponen al borde a las personas en apariencia "mentalmente sanas".

06/08/2010 7:35
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Con la previsión de ser publicado en 2013, ya está circulando el borrador de la quinta versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales que elabora la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos (APA, por sus siglas en inglés).

El texto del nuevo manual (DSM-V) genera controversia entre los profesionales al incorporar nuevas categorías y clasificaciones en el diagnóstico de los comportamientos del ser humano.

Y es que el elemento más polémico es el que se conoce como “Riesgo de síndrome psiquiátrico”. Los críticos dicen que al establecer que hay un riesgo, antes de registrar un patrón de comportamiento que pueda ser producto de un trastorno, ya se está condicionando al paciente.

Y al haber un diagnóstico surge el efecto colateral del uso de medicinas para contrarrestar dicho proceso. Otro punto es que sólo el 30% de los pacientes con “riesgo” presentan un cuadro psiquiátrico después de dos años.

En la nueva edición de la “biblia” también hay referencias a la timidez, a la que se podría considerar como fobia social, o la comida, que en el caso de excederse una vez por semana durante tres meses ya se podría hablar de un desorden de alimentación compulsiva.

Los autores de la publicación defienden que se aumenten las clasificaciones y se disminuya el nivel para que un comportamiento sea diagnosticado, asegurando que habrá menos casos que requieran tratamiento psiquiátrico.

Sin embargo, otros profesionales aseguran que al ampliar el menú de categorías prácticamente se podrá clasificar cualquier comportamiento que hasta el presente se consideraba normales.

Una de las reacciones más enérgicas en contra del manual provino de la revista Journal of Mental Heath, que incluso lanzó una edición especial para alertar que estos nuevos parámetros pondrán al borde la extinción a las personas “mentalmente sanas”. Muchos comportamientos que hasta hoy han sido vistos como “lógicos”, pronto podrían recibir denominaciones como ansiedad depresiva mixta, desorden de regulación del temperamento, comida compulsiva, desorden neurocognitivo menor y comportamientos adictivos.

Para la Journal of Mental Heath, el origen del conflicto radica en que no se ha investigado lo suficiente como para considerar estos comportamientos como algo anormal. “En la nueva edición, las pataletas de un niño y el dolor derivado de la pérdida de un ser querido podrían ser definidas como problemas de salud mental”, explica Jerome Wakefield, miembro del Departamento de Psiquiatría de Nueva York.

Este y otro especialistas apuntan que las nuevas definiciones del manual establecen umbrales demasiado bajos, como ocurre en el caso del desorden de comida compulsiva, donde sólo se requiere que alguien se dé atracones una vez por semana durante tres meses para inscribirlo en la categoría. Según estos críticos, casi todos los humanos llegamos a sentirnos culpables por tener una relación tóxica con los alimentos cuando menos una vez por semana.

“Habrá seguramente más condiciones, no sólo esto sino que el trastorno repercuta significativamente sobre el equilibrio del individuo, que haya interferencia sobre su vida normal, sobre su salud física, su peso. Lo que sí puede ser más arbitrario es fijar límites en tiempo”, explica el Profesor Jerónimo Saiz, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría en entrevista con la cadena británica BBC.

Es importante mencionar que cada cambio que se realiza a esta “biblia” de la psiquiatría tiene un impacto global, muchas veces no querido y otras totalmente intencionado.

Uno de los máximos detractores de la nueva versión es Allen Frances, la persona que precisamente estuvo a cargo hace 16 años de la edición anterior. Frances publicó un artículo en Los Angeles Times donde refiere: “Aprendí a través de tristes experiencias cómo pequeños cambios en la definición de desórdenes mentales pueden crear enormes e indeseadas consecuencias”.

Este experto en el tema remarca que aún cuando su grupo de discusión fue conservador y cuidadoso, de forma inadvertida contribuyeron a la creación de tres falsas epidemias: desde la pasada edición a ahora los desórdenes de déficit de atención, autismo y desorden bipolar en la infancia se diagnostican más de lo que se debería.

En el mismo orden de ideas, el ya mencionado profesor Saiz destaca que “en nuestra especialidad los diagnósticos son puramente clínicos, según agrupaciones de síntomas. En otras ramas de la medicina se puede contrastar a través de exploraciones complementarias como análisis o pruebas de imágenes pero en la psiquiatría no hay un parámetro que sea objetivo que sea capaz de admitir o descartar el diagnóstico”.

No obstante, el propio Saiz admite también que hay aspectos rescatables en el manual, debido a que “la clasificación facilita un lenguaje universal, facilita la investigación, el llegar a los tratamientos de una forma más uniforme y práctica y desde ese punto de vista la iniciativa es valiosa”. Además recuerda que la versión que se está criticando es aún el borrador y que por tanto está completamente abierto a revisión.

Por el contrario, la profesora Wykes ya anticipa que “la mayoría de los cambios introducidos en la nueva versión implican un sistema de diagnóstico más incluyente donde el lago de la normalidad se encoge hasta convertirse en un mero charco”.

El manual estará disponible a partir de 2013, y será aún más voluminoso actual que la versión más reciente –que tuvo 900 páginas- y por supuesto infinitamente mayor a la primera versión que apenas alcanzaba las 130 páginas.

En lo que la mayoría de estos especialistas coinciden en que mientras una manía no impida el desarrollo de su vida cotidiana, usted puede asumirse por el momento como alguien “normal”. Sin embargo, de aprobarse con muy pocos cambios, el nuevo Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales podría estaría condenándonos a consumir fármacos o, en el peor de los casos, nos pondría a las puertas de una institución para enfermos mentales. (Con información de BBC)
 

 


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