Los insultos no sirven para educar

Si hay violencia verbal es probable que los niños no cambien su conducta negativa y pueda empeorar.

08/09/2013 12:27
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Los padres que regañan a sus hijos con gritos, malas palabras e insultos pueden causar daño que posiblemente terminen por fomentar la mala conducta, aseguran los expertos en un estudio reciente en Child Development.
 
En un análisis realizado con mil familias participantes de dos padres e hijos adolescentes sugiere que esos maltratos orales tienen repuntes de rabia, terquedad e irritación por parte de los adolescentes que intensifican la desobediencia y el conflicto.
 
Un grito puede ser igual a maltrato físico
 
“La disciplina verbal severa es tan perjudicial como un castigo físico para el bienestar a largo plazo de los adolescentes”, comentó, el autor del estudio Ming-Te Wang, profesor asistente del departamento de psicología de la Facultad de Educación de la Universidad de Pittsburgh.
 
En la encuesta Wang señala que 9 de cada 10 padres estadunidenses reconocen que han puesto en práctica algún tipo de disciplina verbal severa en algún momento con su hijo, adolescente o no. Más de la mitad afirmó que su hijo adolescente era objeto de las formas más violentas de maltrato verbal (como las malas palabras y los insultos).
 
Para tener una respuesta más clara, los investigadores enfocaron su estudio en 976 familias principalmente de clase media en Pensilvania con hijos adolescentes, las cuales ya estaban participando en un estudio a largo plazo que exploraba la interacción familiar y el desarrollo adolescente. Un poco más de la mitad de las familias eran blancas y el 40 por ciento eran de raza negra.
 
Esta encuesta se les enviaba a las familias participantes cada dos años para ir monitoreando y obtener datos sobre su salud mental y las relaciones. A los niños de 13 a 14 años de edad se les preguntaba si eran desobedientes en la escuela, si estaban involucrados en robos, peleas,  daños en la propiedad por diversión o si mentían a sus padres.
 
A los padres se les cuestionó la frecuencia con la que gritaron, chillaron, uso de malas palabras e insultos hacia sus hijos como forma de castigo. Por su parte, a los adolescentes se les pidió que describieran hasta qué punto sentían calidez con sus padres, cantidad de amor, respaldo emocional, afecto y cuidado que los padres podrían tener por ellos. Otro dato a tomar en cuenta fue el registro de momentos depresivos en padres e hijos. 
 
Ningún grito es “por su bien”
 
Aquellos adolescentes sometidos a castigos verbales, tornaron ese dolor emocional en enojos además de un aumento en mentiras, engaños, robos y peleas. No importa cuánto se quiera a un hijo, gritar y tener insultos hacia los hijos “por amor” o “por su bien” no mitiga el daño infringido, comentó Wang. Si se pierden los estribos antes los hijos sigue siendo malo.
 
Los padres que desean modificar la conducta de sus hijos adolescentes lo podrían hacer mejor si se se comunicaran con ellos en el mismo nivel, los chillidos o los gritos, son ineficaces y/o dañinas, y para ofrecer alternativas a tales conductas”, concluyó Wang. 
 
Lo que hay que evitar son la intimidación y la humillación verbal, es la peor forma de dañar a los niños que intentan abrirse paso en la vida. No estamos hablando de gritos por frustración, lo que todo el mundo ha hecho”, reconoció. “Levantar la voz a los hijos puede ocurrir, lo que no podemos hacer es decirle al adolescente tonto, vago, o alguna vulgaridad”, explicó Rahil Briggs, directora de servicios pediátricos de salud conductual del Centro Médico Montefiore y profesora asistente de pediatría en el Colegio de Medicina Albert Einstein de la ciudad de Nueva York. (Con información de Health Day)
 
 

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