Médicos mexicanos ayudan en África

Adrián Guadarrama, de Médicos sin fronteras, comparte la experiencia de trabajar en una zona de guerra.

06/03/2014 8:40
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Entre guerra y hambre, entre epidemias y desastres naturales, más de cincuenta médicos mexicanos que no buscan fama ni fortuna colaboran con la organización no gubernamental Médicos sin fronteras en misiones humanitarias que se realizan en países con emergencias de salud, principalmente en África.
 
Adrián Guadarrama, quien regresó a México después de colaborar en misiones en Sudán, Mozambique y Guinea, habló de la enorme importancia que estos apoyos significan para los poblados más pobres y vulnerables del planeta.
 
“Estamos hablando de comunidades atrapadas en medio de guerras civiles, donde es común que  caigan bombas cerca del centro de salud donde estás dando consulta u operando. Son poblados en los que llega gente que tiene que caminar seis o 14 horas con un niño en brazos con fiebre o en estado de coma. Ahí se da uno cuenta que lo que cura no es sólo la medicina, muchas veces la propia presencia del médico hace que las personas comiencen a sentirse mejor”, comentó Guadarrama, joven egresado de la Universidad La Salle como médico general.
 
El doctor Adrián Guadarrama compartió sus experiencias con medio centenar de personas que acudieron al inicio de un ciclo de conferencias que lleva por nombre Diálogos humanitarios, en la Casa Refugio Citlaltépetl, en la Ciudad de México. En ese encuentro, el médico narró cómo comenzó a involucrarse en el trabajo de Médicos sin fronteras en México, donde apoyó con asistencia médico-humanitaria a transmigrantes que recorren el país en busca de llegar a Estados Unidos.
 
El trabajo de Médicos sin fronteras en México se realiza en diferentes lugares por donde transitan muchos migrantes, por ejemplo Chiapas, Oaxaca y el Estado de México.
 
Posteriormente, Guadarrama fue considerado para participar en misiones en África, con el apoyo y asesoría de la central de Médicos sin fronteras en Ginebra, Suiza. Así viajó al continente cuna de la humanidad, donde habitan actualmente mil millones de seres humanos y en donde los niveles de salud y esperanza de vida son los más bajos del planeta  debido a epidemias como el VIH, la tuberculosis y la malaria; así como a numerosos conflictos armados de origen político o racial.
 
Abrir los sentidos
Adrián Guadarrama explicó que Médicos sin fronteras es una organización neutral en los conflictos armados y que atiende por igual a las personas heridas de cualquier bando o simpatía política.  Esta postura es respetada por algunos de los participantes en las guerras  civiles, pero no siempre, como pudo comprobar en los poblados de montaña en los que trabajó en Sudán.
 
“La gente está acostumbrada a que aviones tiren bombas a su comunidad o a sus caminos y campos. En ese contexto uno aprende a agudizar sus sentidos, por ejemplo el sentido del oído, para saber  si se acerca un avión a bombardear. Me tocó vivir experiencias donde las madres simplemente llegaban y arrancaban a sus hijos las sondas o cualquier material de curación que tuvieran para llevárselos del hospital y meterse en hoyos que son refugios contra las bombas.
 
“Médicos sin fronteras tiene protocolos muy claros sobre cómo debe uno proceder y tomar decisiones en zonas de conflicto, pero uno se da cuenta de que muchas veces tienes que tomar decisiones muy complejas como decidir si envías o no a una persona grave hacia un hospital de segundo nivel pues ese traslado por ambulancia, manejando cuatro o cinco horas por caminos en guerra, no sólo pone en riesgo la vida del paciente grave sino la de tu equipo de trabajo”, añadió Guadarrama.
 
A lo largo de una hora de exposición, este médico mexicano que también participó en labores de ayuda a personas con emergencias de inundaciones en Mozambique y luego viajó a Guinea Conarky a ayudar a la campaña contra la malaria, dice que la experiencia de ayudar a grupos vulnerables demuestra que el ser humano siempre puede llegar más allá de lo que piensa que son sus límites.
 
“Conocí el caso de un padre que recorrió un largo camino con su hijo herido con fragmentos de una bomba. El hombre corrió, luego pidió una bicicleta prestada, luego consiguió una motocicleta y finalmente llegó al centro de salud y pudimos salvar la vida de su hijo. Esos ejemplos de supervivencia, igual que el de niños que llegan en coma por malaria u hombres que deciden atender sus sembradíos de arroz durante la madrugada para después hacer trabajos contra la malaria, muestran que el ser humano puede hacer grandes cambios en favor de la salud”, indicó el médico mexicano que en 2014 viajará a Irak para ayudar en el campo de refugiados  de Domeez.

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