Música triste, cuestión de hormonas: estudio

Escuchar música triste responde a una adicción a una hormona: la prolactina, revela nueva investigación.

20/03/2011 8:34
AA

Investigadores de la Universidad McGill, de Montreal, explicaban hace algunas semanas por qué la música es tan popular en diversas culturas.

En este estudio, los investigadores trabajaron directamente con música instrumental, por lo que haría falta una serie de estudios para saber si la voces también tienen algo que ver con el fenómeno.

Las personas que fueron aceptadas para este análisis afirmaron sentir escalofríos cada vez que estaban a punto de escuchar ciertos pasajes de música, de ahí que se estudiara el porqué y cómo el cerebro anticipaba el placer de la música. No obstante, también se descubrió que las personas que no sienten escalofríos pero disfrutan de la música experimentan el mismo efecto.

Ahora, un nuevo estudio demuestra que la música no es sólo cuestión de placer estético. La ciencia nos dice ahora que si nos gusta escuchar música triste puede ser porque en realidad somos adictos a una hormona, la prolactina. Se trata de una hormona segregada por nuestro cuerpo que viene a servir como calmante de la pena. Aquellos que odian las baladas tristes podrían carecer de dicha hormona.

Esta hormona sería como la madre naturaleza abrazándote y diciéndote ‘vale, vale, está bien'”. Esta es una de las hipótesis que maneja David Huron, un investigador de la Escuela Estatal de Música y Centro para la Ciencia Cognitiva de Ohio, que tomó muestras de sangre en su laboratorio de distintos sujetos mientras escuchaban música triste, música alegre y no escuchaban nada.

Sus elecciones: Adagio for Strings, de Samuel Barber; Wicked Game, de Chris Isaak y Apollo: Atmospheres and Soundtracks, de Brian Eno en el lado de la música triste; en el lado de la música alegre, principalmente bluegrass.

Hormona asociada a la lactancia
“Lo que pensamos que pasa en el caso de la música triste es que las estructuras subcorticales (del cerebro) de la gente que la está escuchando responden empatizando con la tristeza y eso induce a la tristeza”, señala el profesor, que atribuye el placer por escuchar música triste a la prolactina, una hormona habitualmente asociada a la lactancia y el embarazo.

Una vez que obtienes prolactina sin dolor psicológico, al final del día te sientes bien, según explica Huron en una entrevista con la revista San Francisco Classical Voice, la prolactina vendría ser “un poco como la madre naturaleza abrazándote, consolándote y diciéndote “vale, vale, está bien'”.

“Cuando vives una experiencia dolorosa -como la muerte de tu perro- recibes una inyección de prolactina que evita que la pena se te vaya de las manos. Imagina que pudieras engañar a tu cerebro para pensar en que tu perro ha muerto, pero al final del día, no pudieras. Esas estructuras subcorticales empezarán a ponerse en modo pena y obtendrás la prolactina, que es el freno al dolor”, explica.

Con y sin prolactina
“Pero la parte cognitiva de tu cerebro dirá “¿estás bromeando? tu perro no se ha muerto, esto es solo música”. Así que, la corteza, la parte consciente del cerebro enviará señales a la estructura subcortical diciéndole ‘detente, no hay razones para estar triste'”, continúa el profesor, que cree que la música triste dispara la prolactina.

Una vez que tienes “esa segregación de prolactina sin dolor psicológico”, al final del día “te sientes muy bien”, indica Huron, que conjetura con la posibilidad de que la gente a la que le gusta escuchar música triste obtenga esa inyección de prolactina mientras que la gente que la odia, no. (Con información de 20minutos.es)
 


Tags

Agregue su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada

Iniciar Sesión

Si todavía no tienes cuenta con nosotros:

Recupera tu cuenta

Sexo

Elige los temas que te interesan: