Males mentales deben considerarse problema de salud pública

Se estima que para 2025, los pacientes con problemas mentales sean el 20 por ciento de la población.

09/10/2014 3:43
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Los padecimientos mentales no son considerados un problema de salud pública, cuando deberían serlo; además, la salud mental requiere ser elevada al rango en la materia, afirmó María Asunción Valenzuela Cota, jefa del Centro Comunitario de Atención Psicológica Los Volcanes de la Facultad de Psicología de la UNAM.

La académica planteó que además de dedicar esfuerzos a las enfermedades crónico-degenerativas, como la diabetes e hipertensión, se amerita una concepción distinta de aquéllos trastornos, una nueva forma de comprenderlos, ubicarlos y atenderlos, y no como esfuerzos aislados o de “buena voluntad”. Actualmente el presupuesto dedicado a la salud mental es apenas del uno por ciento.
Estas afecciones van en aumento. Ejemplo de ello es que los trastornos depresivos, que aquejan al 10 por ciento de la población, para 2025 podrían aumentar a más del 20 por ciento.
Ansiedad, depresión, alcoholismo y consumo de drogas, además del incremento de las demencias entre personas de la tercera edad, requerirán no sólo de mayores recursos económicos e institucionales para su atención, sino de la formación de más recursos profesionales, sostuvo la experta.
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora este 10 de octubre, Valenzuela Cota señaló que los principales padecimientos de este tipo que afectan a la población están relacionados con depresión y ansiedad, alcoholismo y otras conductas adictivas, así como con un aumento importante del índice de suicidios en adolescentes y adultos; en el caso de niños, se vinculan con trastornos emocionales, de conducta, por déficit de atención y otros alimentarios, como la obesidad.
La universitaria explicó que si se habla de salud mental “nos referimos a un estado de bienestar que permite a la persona un buen funcionamiento en los aspectos cognitivo, mental, afectivo y de comportamiento; pero no sólo eso, sino que además pueda convivir con otros individuos, establecer relaciones con su entorno y consigo misma, tener capacidad para disfrutar la vida y desarrollar sus potencialidades. Ése es el gran reto en el área”.
Asimismo, refirió que en México sólo existen 28 hospitales psiquiátricos públicos y cuatro del sistema de seguridad social, y que si bien se atienden trastornos mentales en algunos institutos y otros centros, éstos no alcanzan a cubrir la necesidad creciente de atención.
Se requiere impulsar una cultura de prevención y promoción de la salud mental, así como destinar mayores recursos para optimizar el diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y los esfuerzos de investigación.
Según la Organización Mundial de la Salud, en los países en desarrollo aproximadamente cuatro de cada cinco personas que necesitan atención en relación a trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias, no la reciben.
 
Un poco sobre la esquizofrenia
La esquizofrenia es considerada un trastorno mental severo que afecta a la persona, a la familia y a la sociedad, además de producir una discapacidad importante.
La sintomatología abarca diferentes áreas: pensamiento, afectos, percepción, cognición, e incide en los ámbitos familiar, escolar, laboral y social, y sólo afecta a alrededor del uno por ciento de la población en el orbe.
Asimismo, presenta síntomas considerados positivos y negativos. Los primeros “son los no esperados, pero que emergen; representan exceso o distorsión de funciones, como las alucinaciones, los delirios y los trastornos del pensamiento. Los segundos lo son en el sentido de que una función esperada a nivel conductual, emocional o de pensamiento no está presente; representan disminución o pérdida, por ejemplo, la no congruencia y aplanamiento afectivo, abulia o apatía, anhedonia o falta de interés en actividades placenteras y sociales”.
Inicia alrededor de la adolescencia o la adultez joven, trae importantes deterioros si no se diagnostica en forma oportuna y, por consiguiente, no se brinda el tratamiento apropiado. 
Aunque se trata de un trastorno mental –de carga genética importante–, es posible trabajar para lograr en la población mayor conocimiento y aceptación del mismo, evitar prejuicios y cambiar concepciones erróneas, además de impulsar su detección y diagnóstico temprano para prevenir  mayores deterioros e incapacidad (Con información de UNAM).
 

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