Mejor no entrometerse en el juego de los hijos

Estudio halló que los niños que son más independientes cuando juegan son más felices, mientras que a quienes les dicen que hacer, reaccionan con rabia.

15/02/2013 10:52
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 Jugar es una acción natural de los niños y pueden hacerlo tanto con juguetes como con lo que tengan a la mano. Ellos lo encontrarán divertido, a menos que su madre se entrometa en su modo de juego, halló un estudio publicado en Parenting: Science and Practice.

Jean Ispa, profesora de desarrollo humano y estudios de la familia de la Universidad de Missouri, en Columbia y autora de la investigación indicó que jugar puede tornarse muy complicado para los niños pequeños a quienes no se les permite experimentar, y que por el contrario su madre les ordena cómo jugar y la forma “correcta” de usar los juguetes.

Esta fue la conclusión a la que llegó luego de observar a mil 300 infantes jugar con sus juguetes y como interactuaban sus padres en ese momento, para ello grabó hasta por 15 minutos las sesiones de juegos.

La investigadora mencionó que los niños más felices eran quienes tenían libertad para usar sus juguetes y sus madres eran cálidas, es decir, usaban voz suave para dirigirse a ellos, siempre les mostraban una sonrisa y los estimulaban a jugar, mientras que los que tenían madres autoritarias, respondían con rabia, aventaban el juguete cuando su madre se los ofrecía o simplemente la ignoraban y hacían rabietas.

Para lograr el mejor provecho del juego, la experta indicó que a los niños “debemos permitirles tomar las decisiones sobre con qué quieren jugar, cómo van a jugar, y el ritmo del juego”, planteó.

Sin embargo advirtió que no se debe confundir el dejarlos ser independientes con ignorarlos, siempre se debe estar pendiente de lo que hacen y estimularlos a que realicen cada vez juegos más complejos, pero sin ordenarlo, sino sugerirlo de forma respetuosa, para que el niño sienta que sigue teniendo control de sus juguetes.

Para llevar a cabo la investigación, la científica eligió a niños de dos, tres y cinco años de edad con madres blancas, negras e hispanas, y en cada etapa de la investigación, las madres recibieron bolsas de juguetes para que cada niño hiciera lo que quisiera con ellos.

Y durante el estudio se tomaron registro del nivel educativo de las madres, el sexo de los niños, y si las madres habían quedado embarazadas en la adolescencia, para asegurar que no interfirieran con los resultados del estudio.

Los investigadores hallaron que las madres blancas eran las menos propensas a dirigir a sus hijos, y las madres negras las más propensas a hacerlo. Las madres hispanas mostraron el declive más marcado en la actitud directiva después de la primera sesión de juego.

Con estos hallazgos, Ispa admitió que le sorprendió ver un nivel alto de interferencia en el juego de los niños de parte de las madres negras. “Creí que ese tipo de actitud directiva no funcionaba bien en las familias blancas, pero ahora sabemos que quizás tampoco funcione bien en otras etnias”, planteó.

Andrew Adesman, jefe de pediatría del desarrollo y conductual del Centro Médico Pediátrico Cohen en Nueva York, dijo que el estudio “analiza meticulosamente algunos datos firmes y nos dice lo que ya sabíamos”.

“A veces, los niños son más felices cuando los padres dirigen menos sus juegos”, apuntó. “Los niños con frecuencia disfrutan jugando de formas que quizás no comprendamos, y que podrían parecer inadecuadas o ilógicas desde la perspectiva de un padre”.

Y estos resultados fueron generalizados en cualquier raza y clase educativa y social, por ello señaló que aunque el estudio identifica algunas diferencias reales entre los estilos de crianza de las distintas etnias, y cómo esos factores podrían afectar a los niños, estudiar el juego es solo una instantánea de lo que ocurre en el hogar cotidianamente.

Para estimular el juego en los niños, y lograr la felicidad, Ispa recomendó dar a los niños juguetes que estimulen su imaginación como los cubos para armar, y en lugar de intervenir, permitirles que realicen el juego como les guste a ellos, si tienen dificultades, se els pueden sugerir soluciones, pero no ordenarles.

Ispa dijo que le preocupa que los padres no aprendan a dejar de interferir y que no permitan que sus hijos adolecentes y en edad escolar fracasen. “A largo plazo, no es algo bueno”, advirtió. “Realmente no les hace más fuertes”.

Con esto, la investigadora señaló que se debe dejar a los niños que experimenten los fracasos y las  frustraciones a medida que crecen. (Medline)


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