Mujer supera depresión gracias a su perrita

Guadalupe cayó en depresión, pero "Roma" le ayudó a salir de ella

20/10/2016 4:00
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Los perros son considerados los mejores del amigo de los humanos, ya que además de llenarnos de amor, nos hacen sentir mejor en los momentos difíciles.

Sobre la lealtad de los perros, Guadalupe sabe muy bien de esto, pues gracias a su perrita, logró vencer la depresión.

Guadalupe vivía en Plottier, una pequeña ciudad de la provincia de Neuquén, Argentina, pero cuando tenía 18 años se mudó a Rosario para poder estudiar.

“Me había ido a estudiar. Para mí Rosario fue un mundo nuevo y mágico que me brindó un sinfín de actividades y opciones para salir. Me acuerdo que entonces lo primero que les dije a mis viejos fue que al pueblo no volvía ni loca, que me parecía aburrido, chato, un lugar de viejos y totalmente distinto a lo que yo soñaba”, menciona.

Sin embargo, tras dos años de vivir en Rosario, las cosas no salieron cómo ella esperaba, ya que no tenía ganas de seguir con la carrera, tuvo problemas económicos y algunos de salud. Esto la obligó a regresar a su hogar.

La frustración de volver se presentó enseguida, provocándole una fuerte depresión que incluso le generaba ideas suicidas.

En esa época, su único contacto humano era su psicóloga y su rutina consistía en mirar series y películas por la noche, así como dormir y comer todo el día.

La relación con su familia se desmoronó

Además de aislarse, la relación con sus padres y hermano, quienes no sabían qué hacer para ayudarla, se complicó y desencadenó un sin fin de discusiones.

La relación con su padre siempre fue de complicidad, pero de repente comenzaron a surgir innumerables peleas porque a él no le gustaba verla dormida todo el tiempo.

Con su hermano se distanció, sobre todo porque el joven estaba inmerso en sus propios asuntos.

Su madre fue la única que lograba calmar los enojos y llantos que tenía sin razón.

“Mi vieja fue ‘la fuerte’ en esa etapa oscura, me tuvo mucha paciencia”, confiesa.

Roma llegó a su vida

Una tarde, una perrita llegó a la puerta del negocio de los padres de Guadalupe y aunque muchas veces la madre trató de correrla, siempre volví con ganas de jugar.

“Apareció una perrita lanuda, de ojos color miel. Cuenta mi mamá que la echó infinidades de veces, pero la gorda volvía a entrar buscando mimos e insistiendo en jugar. Fue tan cautivadora su mirada que finalmente se conmovió, y decidió darle agua y comida”, narra.

Añade que en ese momento su madre recordó un artículo que había leído sobre los beneficios de los perros para la salud, por lo que decidido adoptarla y llevarla a casa como regalo para su hija. El nombre que eligieron para la perrita fue Roma.

En un comienzo, Guadalupe no se entusiasmó con la pequeña peluda pues la consideraba un fastidio.

“Todo el tiempo traía sus peluche para jugar, saltaba arriba mío y me lamía la cara para quitarme de la cama. Se levantaba a las siete de la mañana en punto para que yo la sacara a hacer pis y a las tres de la tarde pedía salir otra vez, a caminar o a la placita del barrio”, recuerda.

El fastidio se convirtió en amor

Sin embargo, con el paso de los días los muros entre ambas se fueron cayendo hasta que su relación fue de amor, lo que le ayudó a enfrentar el difícil momento.

“Se fue metiendo de una manera tan sutil en mi vida, que sin darme cuenta modificó mis hábitos y mi humor. Pasé a levantarme más temprano por ella, ya no me molestaban sus lengüetazos en la mañana y nuestros paseos por la tarde se habían convertido en el mejor momento del día”, dice.

Para Guadalupe aquellos días fueron difíciles, pero desde que se conectó con Roma, ha tenido notables mejorías, por lo que la considera su salvadora.

“Esa bola de pelos con esos ojos color miel se convirtió en mi mejor terapeuta”, confiesa.

(Con información de La Nación)


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