Necesitaba trasplante de hígado; el “código cero” lo salvó

El "código cero" se activa en pacientes que requieren un órgano con urgencia porque su vida está en peligro

29/03/2016 9:30
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José Eduardo Sotelo Morales es un joven de 14 años residente de Naucalpan, Estado de México, que dedicaba su tiempo a la escuela, sus amigos y su más grande pasión: el fútbol; sin embargo, no imaginó que de un momento a otro su vida estaría en peligro por una enfermedad.

Una mañana de febrero del año en curso, Eduardo despertó con mucho cansancio, vómito y dolor estomacal, por lo que su madre decidió llevarlo con el doctor, quien le diagnosticó hepatitis y pese a que le envió medicamentos, éstos no mostraron eficacia, teniendo como consecuencia que su salud empeorara.

Al no ver resultados favorables, Eustolia Molina, madre del menor, lo llevó nuevamente a consulta, pero para entonces presentaba alucinaciones, pérdida de conciencia y de visión, además de que no podría orinar por lo que se le recomendó llevarlo a un centro médico de especialidades.

Así fue como el 25 de febrero, Eustolia llegó con Eduardo al Hospital Infantil de México “Federico Gómez”, donde los médicos determinaron que tenía hepatitis fulminante, un padecimiento poco frecuente que se caracteriza por un fallo hepático repentino, sin causa aparente que generalmente causa la muerte un una o dos semanas si no se realiza un trasplante.

Ante esto los médicos activaron el “código cero” o emergencia nacional, un protocolo para poner en primer lugar de la lista de espera de trasplante a los pacientes cuya vida está en alto riesgo debido a que necesitan un hígado o corazón.

Durante siete días, los médicos ingresaron a Eduardo a terapia intensiva para mantenerlo con vida hasta que del Hospital General de México, llegó el hígado de un hombre de 57 años que tuvo muerte encefálica.

El 3 de marzo, el Dr. Gustavo Varela Fascinetto, especialista en cirugía pediátrica, Jefe del Departamento de Trasplantes y Director del Programa Hepático del hospital, trasplantó con éxito el hígado, por lo que ahora el menor está fuera de peligro y se está recuperando satisfactoriamente.

El doctor señaló que gracias a este trasplante, Eduardo va a poder llevar una vida completamente normal pues irá a la escuela, hará todo el deporte que quiera, terminará una carrera, formará una familia y hará todo lo que él se proponga, aunque deberá esperar entre seis y ocho meses para reincorporarse a sus actividades.

Al igual que todos los pacientes que han recibido un órgano, Eduardo tendrá que tomar inmunosupresores por el resto de su vida, además de que deberá acudir a revisiones periódicas y análisis para evaluar el hígado y detectar cualquier anomalía que se pueda presentar.

Anualmente se registran en el hospital entre seis y diez casos de hepatitis fulminante, condición que representa la tercera causa de trasplantes en el país, que si bien no es tan común, sí es de las más peligrosas, de la cual sólo el 30% de los pacientes la supera porque los órganos tardan o no llegan nunca.

Aunque no se conocen las causas de la hepatitis fulminante, se sabe que la hepatitis A, algunos agentes tóxicos y ciertos medicamentos pueden provocarla.

Desde que el hospital arrancó su Programa de Trasplantes en 1998, se han realizado 117 procedimientos de los cuales, 14 se han definido como “código cero”.

Actualmente 65 niños están en lista de espera de un órgano y a pesar de los esfuerzos que se hacen por mejorar su salud, los índices de donaciones cadavéricas siguen siendo muy bajos.

“Sin donante, no hay trasplante y aunque tengamos los mejores hospitales, medicamentos y doctores, si no aumentamos nuestra tasa de donación cadavérica, que sigue siendo muy baja comparada con otros países, no vamos a poder aumentar el número de trasplantes”, señaló el Dr. Varela.

 


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