Neuroestimulación, buena contra anorexia

Este trastorno alimenticio podría tener solución con una especie de marcapasos cerebral, según un estudio publicado de The Lancet.

07/03/2013 10:19
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La neuroestimulación ha servido para tratar diversos padecimientos a lo largo del tiempo como el Parkinson, y ahora estudian si puede ser útil para tratar la depresión, los trastornos obsesivos compulsivos y hasta la anorexia nerviosa, según publica la revista The Lancet .

De acuerdo con la investigación del doctor Andrés Lozano, director el departamento de Neurocirugía de la Universidad de Toronto, el estudio se llevó a cabo con seis mujeres que llevaban una media de 18 años luchando sin éxito contra la anorexia más grave, que no responde a ningún tratamiento, y que suponía un riesgo grave para su vida en un corto plazo.

Para realizar la investigación, se tomo como base el caso de más de cien mil pacientes con Parkinson a quienes se les implanto este dispositivo en el cerebro con todo éxito. 

El área del cerebro en la que se colocó se denomina subcallosa del cingulado y es la misma en la que se implantan los electrodos en casos de depresión muy grave.

Jorge Guridi, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Funcional y responsable del departamento de Neurocirugía de la Clínica Universidad de Navarra, lo explica así: “No quiere decir que la estimulación cerebral profunda hiciese que tuviesen más apetito. Los electrodos mejoraron los aspectos internos negativos de las pacientes, como el estado del humor o la ansiedad y al quitar esa negatividad las chicas comieron más y ganaron peso. La anorexia es una enfermedad muy compleja; no es sólo que alguien no quiera comer, es que se niega a hacerlo porque tiene un problema con su percepción de la realidad”.

Guridi coincide con la autora de un editorial en la misma revista, Janet Treasure, del King’s College de Londres, en que los resultados abren una puerta a la esperanza para los casos más graves de anorexia, un 20% aproximadamente en el que el riesgo de mortalidad es muy elevado. Aunque ambos son cautos y apuestan por esperar los resultados de nuevos ensayos clínicos, con mayor número de pacientes.

En este sentido, Nir Lipsman, otro de los firmantes, señala a este periódico que ese nuevo trabajo con 20 pacientes está ya en marcha, y podría empezar antes de la primavera. Una de las chicas del estudio sufrió un ataque de epilepsia 15 días después de la operación, que obligó a desactivar los electrodos durante una semana. Al margen de eso, los investigadores consideran moderados y dentro de rangos normales los efectos secundarios que se observaron.


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