Niños flacos y obesos, polos de desnutrición

Especialistas advierten que si no cambian hoy sus hábitos alimenticios, tendrán problemas de salud .

30/04/2010 8:38
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La niñez mexicana tiene dos caras opuestas: la de los niños flacos, pequeños y desnutridos, y la de los niños obesos, malnutridos. Son los dos rostros de la desigualdad y de los malos hábitos alimenticios, que combinan los males del tercer mundo con los del primer mundo, incluso en la misma casa y familia.

En el Día del Niño, el futuro de la niñez mexicana no luce alentador, y de acuerdo con académicos, investigadores y directores de institutos nacionales de salud, los pequeños de hoy serán los pacientes del mañana, aquellos que saturen los consultorios y hospitales públicos.

En México, según la más reciente Encuesta Nacional de Nutrición, 1.6% de los niños menores de cinco años presenta desnutrición aguda y 11% desnutrición crónica, y entre 20% y 30% de los pequeños en edad escolar tiene obesidad.

Quizá cuando sean adultos lleguen a ser médicos, arquitectos, ingenieros, abogados. No lo sabemos. Pero lo que es un hecho es que si no cambian ahora sus hábitos alimenticios, cuando lleguen a la adolescencia serán candidatos a padecer enfermedades crónicas que los acompañen el resto de sus vidas, como diabetes, hipertensión y todas aquellas relacionadas con problemas cardiovasculares.

Los niños desnutridos por carencias alimentarias, y los malnutridos por exceso de comida, en muchas ocasiones ven marcado su futuro desde que están en el vientre materno o desde que apenas tienen unos días de nacidos —en la lactancia—, advierte Salvador Villalpando Hernández, director de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

En el caso de los primeros, la naturaleza malnutrida de la madre —principalmente adolescente— es la que marca que el niño nazca prematuro. “Nacen desnutridos desde el principio, y así se quedan”, afirma Guillermo Solomon Santibáñez, director del Instituto Nacional de Pediatría (INP); en el caso de los segundos, la obesidad empieza desde la lactancia, en el momento en que la madre deja de “darle pecho” y lo alimenta con leche de fórmula.

Lo paradójico del caso es que son precisamente los niños, y no los adultos, quienes pueden cambiar su propio futuro. Para los médicos, la generación de los padres es un caso perdido. Los obesos y enfermos de hoy difícilmente cambiarán de hábitos. Por eso las autoridades han cifrado sus esperanzas de cambio en los niños.

Se ha comprobado que ellos son quienes mejor asimilan los mensajes de prevención que se transmiten y quienes pueden influir en que sus padres cuiden más su salud y adopten prácticas más sanas, asegura Villalpando, especialista en Endocrinología Pediátrica y Metabolismo.

Desnutrición aguda, desde la infancia

Para Solomon Santibáñez, los niños desnutridos son víctimas de la pobreza y la falta de educación de la madre, que no sabe qué alimentos son buenos para sus hijos. “Ahora les dan refresco en lugar de leche, cuando es más barata esta última”.

Con él coincide Salvador Villalpando, quien afirma que los niños con desnutrición crónica —infantes con baja talla y que tienen mayor riesgo de adquirir enfermedades, en términos generales— no están muriendo de hambre, “lo que pasa es que la dieta que consumen contiene una cantidad baja de nutrientes”.

Problema focalizado

Villalpando considera que aún hay desnutrición aguda en México, pero ya dejó de ser un problema serio de salud pública. Está focalizada en los 100 municipios más pobres del país y, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Nutrición de 2006, se estima que son alrededor de 150 mil pequeños quienes tienen un alto riesgo de morir por no tener ni qué comer. A estos niños se les identifica porque son huesudos, flaquitos y pierden una gran cantidad de masa corporal en relación con su estatura.

El especialista, quien formó parte de la elaboración de esta encuesta, aclara que la desnutrición aguda no sólo se origina porque no hay alimentos en casa, sino también por factores culturales que se expresan cuando el niño deja de ser amamantado y la madre no sabe cómo utilizar los alimentos para adultos que pueden servirle para resolver el problema de desnutrición de su hijo.

Presumen a sus hijos gordos

Desde su experiencia, Villalpando asegura que en el país conviven al mismo tiempo problemas serios de desnutrición y de malnutrición, “las dos caras de la moneda en un mismo país y frecuentemente en la misma casa, donde hay niños con desnutrición crónica y al mismo tiempo con sobrepeso y obesidad. Son obesos malnutridos”.

En este punto coincide Consuelo Velázquez Alva, especialista en Nutrición Clínica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, quien afirma que la desigualdad social que se vive en México genera que unos tengan oportunidades y otros no, que unos mueran de hambre y otros coman en exceso.

Lamenta que “los padres de familia erróneamente se sienten orgullosos de tener hijos con sobrepeso y obesidad, porque es un reflejo de su bolsillo”.

Prevén una generación de obesos

Cifras del Instituto Nacional de Salud Pública revelan que los niños al cumplir cinco años de edad tienen un sobrepeso de 5%, pero dos años después, a los siete, esta tasa ya brincó a 14%; al final de la escuela primaria asciende a 30%. Es decir, uno de cada tres pequeños que terminan la primaria sale con obesidad.

Ahora, lamenta el director del Instituto Nacional de Pediatría, no sólo tenemos que atender a los niños desnutridos, sino también a los que presentan obesidad.

“Tenemos el primer lugar en el mundo de niños mexicanos obesos, y eso se debe a la falta de educación de los padres, a la comida chatarra y a la falta de ejercicio”, asegura Guillermo Solomon, quien recientemente acaba de ser elegido para un segundo periodo como director del INP, dependiente de la Secretaría de Salud a nivel federal.

—¿Cómo ve el futuro de los niños? —se le pregunta.

—Yo los veo hipertensos y diabéticos a muchos de ellos; además, con una edad de promedio de vida menor a la que tenemos ahora, porque van a ser una generación de gordos que va a vivir menos que en la actualidad. Por eso es importante atender este problema, que no sólo es médico, sino de toda la sociedad —dice el especialista.

Los logros

Pero no todo es un panorama negativo en el país. En la última década, la mortalidad infantil disminuyó en los menores de cinco años; la desnutrición aguda pasó de 6%, en 1988, a 1.6%, en 2006, y los pequeños ya no mueren de poliomielitis, difteria o sarampión, porque existe un esquema nacional de vacunación que en la actualidad protege contra 15 enfermedades.

Estos son logros importantes que deben festejarse en este día que se celebra a todos los niños mexicanos, concluyeron los especialistas en salud.

Sin embargo, coincidieron en que el principal reto que enfrenta la niñez mexicana actualmente son las enfermedades crónico-degenerativas, entre las que no sólo se ubica la obesidad, sino los cánceres y las malformaciones congénitas.
 


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